Aquel grito de Casey no era actuado: la historia secreta detrás del llanto más famoso de Scream
Wes Craven usó un truco emocional para que Drew Barrymore llorara de verdad en la escena inicial de la película. La confesión de la propia asistente del director reconstruye cómo se logró uno de los momentos más recordados del cine de terror moderno.
Me lo contaba mi abuela, que fue espectadora de la primera fila del cine de barrio allá por el 96, mientras pelaba papas en la cocina: "esa chica grita como si la mataran de verdad". Tenía razón sin saberlo. Cuando se cumplen casi treinta años del estreno de Scream, todavía hay algo que muy pocos espectadores saben sobre esa escena inaugural que cambió para siempre las reglas del slasher: las lágrimas de Drew Barrymore no fueron actuadas. Y conseguir que la actriz llorara de verdad fue una de las jugadas más astutas que se recuerden en un set de rodaje.
La historia tiene la precisión de una pequeña venganza de barrio, de esas que se cocinan a fuego lento entre mate y mate. Todo empezó la noche anterior a la filmación de la secuencia, cuando la actriz se topó con una noticia que la sacudió hasta dejarla sin aire: un dueño había quemado vivo a su propio perro. La nota la perturbó de una manera que ella misma no esperaba. Cuando llegó al set al día siguiente y le contó al director lo que había leído, Wes Craven entendió que tenía entre manos algo más valioso que cualquier ejercicio de técnica actoral: una emoción cruda, lista para ser usada.
Y así fue. Durante la filmación, el director se acercaba a Barrymore y le susurraba al oído la frase "estoy encendiendo el mechero". Solo eso. La actriz cerraba los ojos y volvía a la imagen del animal, y de ahí salía todo lo demás. Julie Plec, que por entonces era asistente de Craven en aquel galpón donde se montó la película, reconstruyó años después lo que se escuchaba desde el otro lado de la puerta: "Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: '¿Pero qué coño está pasando ahí dentro?'. Y era Wes, que la estaba animando". La confesión forma parte del anecdotario que rodea a uno de los rodajes más celebrados del género.
La campaña publicitaria como parte del golpe
Pero lo de Barrymore era solo una capa de la operación. La otra fue una decisión de marketing que hoy parece obvia y en aquel entonces fue una apuesta a ciegas: la actriz apareció como figura central en todos los carteles, los avances y la campaña de prensa de Scream. El público daba por hecho que ella era la protagonista absoluta de la película. Y cuando el personaje de Casey cae asesinado antes de los quince minutos de metraje, el impacto es demoledor.
“Vas a ver el tráiler y los anuncios, y vas a estar seguro de que ella es la protagonista. Es imposible que muera. Cuando muera al final de esa secuencia, pensarás cualquier cosa cualquiera podría morir.”Richard Potter, director de desarrollo de Dimension Films
La estrategia tenía un antecedente ilustre que Craven nunca negó: la decisión de Alfred Hitchcock en Psicosis, cuando en 1960 mató a Janet Leigh antes del primer acto y dejó al descubierto que ninguna estrella estaba a salvo. La diferencia es que, en el caso de Scream, el golpe fue anunciado con bombos y platillos durante meses. Se construyó la expectativa para destruirla.
- La secuencia inicial fue rodada en una sola jornada y Barrymore lloraba de verdad en cada toma, gracias al recurso del "mechero".
- El personaje de Casey aparece solo en los primeros doce minutos de metraje, lo que convierte a Barrymore en la estrella invitada más breve de la historia del género.
- La campaña publicitaria se diseñó expresamente para engañar al público sobre quién era la protagonista.
- Julie Plec, hoy reconocida creadora de Crónicas vampíricas, era por entonces una joven asistente que observaba el rodaje desde fuera del set.
- Treinta años más tarde, la escena sigue estudiándose en manuales de guion como ejemplo de cómo combinar tensión y sorpresa.
Yo creo que lo que vuelve a vivir esa secuencia cada vez que alguien la recuerda no es solo el grito, ni la sangre, ni el golpe de guión. Es algo más simple y por eso más fuerte: una actriz llorando de verdad porque un director la dejó ser vulnerable. Lo demás, los cuchillos, las máscaras, los teléfonos que suenan en la oscuridad, es decorado. El corazón del asunto está en aquel galpón donde Wes Craven susurraba "estoy encendiendo el mechero" y Drew Barrymore volvía a sentir algo que no se puede fabricar. Eso, me parece, es lo que vuelve a esta historia digna de ser contada una vez más.
Para quienes quieran revisitar la escena: se puede encontrar Scream en distintas plataformas de streaming y en reediciones en DVD y Blu-ray. En Buenos Aires, el filme suele proyectarse en ciclos de cine de terror en el MALBA y en el Centro Cultural San Martín, la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, y las funciones de los viernes a la noche suelen ir acompañadas de pizzas por porción y gaseosa, como manda la tradición popular de los cineclubes de género. La entrée ideal para verla de nuevo y entender por qué, casi tres décadas después, seguimos hablando de esos doce minutos iniciales como si fueran una clase magistral.
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