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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

Arándanos o uvas a la hora de la merienda: por qué la fibra manda más que el dulzor

Ambas frutas son aliadas de la dieta, pero la velocidad con la que elevan la glucosa cambia según la porción, la fibra y los alimentos que las acompañan. Especialistas explican cómo elegir y con qué combinarlas para evitar picos de azúcar en sangre.

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Yanina BenítezSociedad y vida · · lectura 4 min
Arándanos o uvas a la hora de la merienda: por qué la fibra manda más que el dulzor

Acá en la zona centro, apenas arranca la tarde y las mesas de los cafés se llenan de bowls coloridos con frutas, yogur y semillas. La pregunta que repite cada vez más gente en la fila del mostrador es la misma: arándanos o uvas, ¿cuál me sube menos el azúcar en sangre? La respuesta, como suelen enseñarnos los nutricionistas, no es blanco sobre negro: depende de cuánto comamos, cómo lo combinemos y qué tan atentos estemos a las señales de nuestro propio cuerpo. En esta nota vamos a desmenuzarlo con calma, como se charla en una sobremesa, para que cada uno pueda armar su merienda sin culpa y con la información bien masticada.

La fibra, esa gendarme silenciosa que frena el azúcar

Cuando uno muerde un arándano o una uva está ingiriendo azúcares naturales, sí, pero también un envoltorio vegetal que cambia por completo el viaje de ese azúcar dentro del cuerpo. La fibra soluble e insoluble actúa como una gendarme del aparato digestivo: enlentece el vaciamiento del estómago, hace más lenta la digestión de los carbohidratos y, de esa manera, suaviza el famoso pico de glucosa que tanto preocupa a quienes conviven con diabetes o con resistencia a la insulina. Por eso, dos frutas con igual cantidad de azúcar en el papel pueden comportarse de manera muy distinta una vez que llegan al torrente sanguíneo. La diferencia no está tanto en el dulzor como en la fibra que las acompaña.

Una taza de arándanos reúne aproximadamente 84 calorías, 22 gramos de carbohidratos y 15 gramos de azúcar, pero también suma 4 gramos de fibra. Esa proporción es la que explica que su consumo no provoque el mismo sacudón glucémico que un jugo de fruta, donde la fibra prácticamente desaparece en el exprimido y el azúcar se absorbe casi de manera directa. Frente a esa misma taza, las uvas ofrecen alrededor de 125 calorías, 29 gramos de carbohidratos y 25 gramos de azúcar, con apenas 1,4 gramos de fibra. La cuenta, entonces, es bastante clara: menos fibra y más carga de azúcar suelen traducirse en una elevación de glucosa más pronunciada y más veloz. Pero ojo, eso no las convierte en una fruta prohibida; apenas reclama un poquito más de cuidado con la porción y con lo que las rodea en el plato.

Lo que dice la ciencia y lo que todavía no

“Los arándanos pueden elevar la glucosa porque tienen carbohidratos y azúcar natural, pero su fibra modera ese efecto.”Caroline Thomason Bunn, nutricionista y educadora en diabetes
“La mayor parte de la evidencia sobre uvas proviene de productos derivados, por lo que los efectos sobre el consumo habitual de fruta fresca no están del todo establecidos.”Vandana Sheth, nutricionista

Ambas frutas tienen tesoros escondidos bajo la piel. Los arándanos cargan antocianinas, unos pigmentos antioxidantes asociados con menor inflamación y, en algunos estudios, con mejoras en la hemoglobina A1C, ese marcador que refleja cómo vienen los niveles de azúcar en los últimos tres meses. Las uvas rojas y moradas también aportan antocianinas, y sus cáscaras suman resveratrol, un compuesto muy nombrado en los papers de los últimos años. Ahora bien, buena parte de la investigación que llena titulares se hizo con extractos, jugos o suplementos, no con la fruta entera tal como la mordemos en la cocina. Por eso, cuando alguien le pregunta a su médica de cabecera qué esperar de una porción de uvas frescas, la respuesta suele ser prudente: hay indicios interesantes, pero todavía no hay veredictos firmes sobre cómo impactan en la glucosa en ayunas o en la A1C.

El contexto de la comida: lo que las rodea en el plato

  • Arándanos con yogur griego: la proteína del yogur se suma a la fibra de la fruta y enlentece la digestión.
  • Arándanos con semillas de chía o frutos secos: aportan fibra extra y grasas insaturadas que prolongan la saciedad.
  • Uvas con queso magro o un puñado de nueces: las grasas y proteínas del acompañamiento moderan la velocidad de absorción del azúcar.
  • Evitar consumirlas solas y en grandes cantidades: una porción moderada combinada con otros alimentos hace la diferencia.
  • Preferir la fruta entera sobre los jugos: licuar o exprimir elimina la fibra y acelera el paso del azúcar a la sangre.

Marta, una vecina del barrio de Once con la que hablamos mientras hacía fila en la verdulería, lo resume con una frase que repite cada vez que le preguntan: yo como las dos, pero mido la cantidad y siempre les pongo algo al lado. Esa intuición casera coincide con lo que recomiendan las especialistas. La próxima vez que armemos una merienda, en vez de preguntarnos si la fruta es mala, podemos pensar en el combo completo que llega al estómago. La idea no es sacarse el placer de una uva dulce y fresca, sino entender que el universo que la rodea en el plato es lo que termina definiendo cómo responde nuestro cuerpo. Si cada uno ajusta las porciones y combina con proteínas y grasas buenas, la se mantiene más estable y la merienda sigue siendo un momento agradable, no una preocupación. Porque, como me decía Marta antes de pagar sus arándanos, de eso se trata: de cuidarse sin dejar de disfrutar.

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Yanina BenítezSociedad y vida

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