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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cerebro izquierdo, cerebro derecho: por qué la frase que todos repetimos no se banca con evidencia

La idea de que somos "de un hemisferio u otro" sigue circulando en escuelas, talleres y conversaciones familiares. Qué dicen los estudios, dónde nació el mito y qué explica la neurociencia actual sobre cómo funcionan las dos mitades del cerebro cuando pensamos, hablamos o creamos.

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Yanina BenítezSociedad y vida · · lectura 3 min
Cerebro izquierdo, cerebro derecho: por qué la frase que todos repetimos no se banca con evidencia

Acá en la zona centro, en cualquier café o sala de espera, todavía se escucha la pregunta de siempre: "Yo soy de cerebro derecho, vos sos de cerebro izquierdo". Lo dice Adriana, maestra jubilada del barrio de Nueva Córdoba, mientras comenta con una colega cómo divide a sus exalumnos: "A los ordenados los pongo en un grupo y a los artistas en otro", cuenta, convencida de que hay una base neurológica para esa separación. El problema es que esa base no existe, y la neurociencia viene desmintiendo esa idea hace rato.

La clasificación que contrapone personas "racionales y analíticas" con otras "creativas e intuitivas", adjudicándoles un hemisferio cerebral dominante, se instaló con fuerza en cuestionarios virales, capacitaciones empresariales y hasta en propuestas pedagógicas. Pero un estudio publicado en la revista PLOS ONE, que revisó la conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años, no encontró evidencia de que las conexiones se agrupen en un patrón que favorezca consistentemente a un hemisferio sobre el otro en cada individuo.

Lo que sí existe y lo que se exageró

El punto de partida del mito es un dato verdadero: los hemisferios cerebrales no hacen exactamente lo mismo. El izquierdo interviene de manera destacada en el lenguaje y controla el movimiento del lado derecho del cuerpo. El derecho participa en el procesamiento visual y espacial y controla el lado izquierdo. Esa distribución existe, pero no funciona como una etiqueta de personalidad.

Los autores del trabajo identificaron regiones con lateralización, incluidas áreas vinculadas al lenguaje en el hemisferio izquierdo y redes de atención en el derecho. Lo que no hallaron fue un patrón global que permita decir: esta persona piensa con la mitad izquierda, aquella con la derecha. La especialización hemisférica es una propiedad local de ciertas redes neuronales, no un rasgo que sirva para clasificar a la gente.

“Las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad.”Grace Tworek, psicóloga de Cleveland Clinic

Por qué las dos mitades trabajan juntas

Ambos hemisferios se comunican de forma permanente a través del cuerpo calloso, un conjunto de fibras nerviosas que intercambia información entre las dos mitades. Esa coordinación es la que hace posible las tareas más cotidianas. Una conversación, por ejemplo, exige al mismo tiempo procesar palabras, interpretar el tono de voz, leer gestos y manejar el contexto emocional. Si la separación fuera tan tajante como sugiere el mito, no podríamos hacer ninguna de esas cosas al mismo tiempo.

  • Los hemisferios izquierdo y derecho cumplen funciones distintas, pero no opuestas ni excluyentes.
  • La especialización es local: afecta a redes neuronales concretas, no a la persona entera.
  • El cuerpo calloso permite una comunicación constante entre ambas mitades.
  • Dividir a la gente en "analíticos" o "creativos" según el cerebro no tiene respaldo en la evidencia actual.
  • La Unesco advirtió que aplicar estas etiquetas en el aula puede condicionar las expectativas sobre los alumnos.
  • Definirse como "poco creativo" por considerarse analítico, o como "desorganizado" por asumirse artístico, puede desincentivar habilidades que se entrenan con práctica.

Cómo nació el mito y por qué sigue vivo

El equívoco tiene un origen concreto. Investigaciones sobre pacientes a quienes se les seccionó el cuerpo calloso para controlar crisis epilépticas graves permitieron estudiar diferencias entre hemisferios. Pero esas condiciones son excepcionales y no representan el funcionamiento de un cerebro sano e integrado. A partir de esos casos aislados se construyó una generalización que, con el tiempo, se volvió lugar común y terminó ocupando espacios donde debería haber cuidado: las aulas, las oficinas de recursos humanos, los talleres de autoconocimiento.

Nosotros, como sociedad, tendemos a buscar etiquetas que ordenen el mundo y nos digan rápido quién es quién. La neurología, sin embargo, muestra un panorama mucho más integrado y, si se quiere, más democrático: no hay cerebro de artista y cerebro de contador. Hay cerebros que aprenden, se adaptan y se modifican con la práctica, sin importar de qué lado les venga la inspiración. Esa es, al menos, la expectativa con la que Adriana dice que va a volver a mirar a sus exalumnos la próxima vez que los encuentre en la calle.

YB
Yanina BenítezSociedad y vida

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