City ganó, goleó y se: Haaland se fue caminando como si el pasto lo hubiera ofendido
El conjunto de Maresca venció 3-2 a Ipswich y sigue puntero e invicto en la Premier, pero la imagen del noruego retirándose con dificultad tras la última jugada dejó a más de uno masticando ansiedad en Manchester
Arrancó la fecha en Inglaterra con una térmica más amigable que la de Buenos Aires, pero el verdadero calor lo puso Manchester City en la cancha. Y también, vaya paradoja, lo terminó padeciendo en el banco, porque al final del partido el que se fue caminando con cara de pocos amigos fue Erling Haaland, el noruego que venía de meter dos goles y que se retiró directo al vestuario como si el pasto inglés le hubiera pegado una ofensa personal.
Fue 3-2 contra Ipswich Town en la séptima jornada de la Premier League, resultado que le permite al conjunto de Enzo Maresca estirar su condición de único líder invicto del torneo. Cuatro puntos de ventaja sobre los escoltas, siete victorias al hilo y una sensación de que este equipo maneja la liga como quien ordena un café en un bar de avenida: con naturalidad y sin levantar la voz.
El partido, paso a paso
- A los 19 del primer tiempo, Foden -que estos días anda fino como un bisturí- abrió el marcador tras una asistencia de Doku dentro del área.
- A los 21, Maeda contestó mano a mano y empató provisoriamente para los locales, que de locales tienen poco y de visitantes se sienten más cómodos.
- A los 34, Haaland apareció con lo suyo: testa letal tras un centro de Kovacic desde la derecha y al vestuario con la sonrisa del que sabe que hoy fue su día.
- En el complemento, a los 24, el noruego firmó el 3-1 con un zurdazo cruzado que dejó a la defensa y al arquero Walton mirando el horizonte.
- Sobre el final, el VAR le regaló un penal a Ipswich que Flemming cambió por gol para maquillar el 3-2 definitivo.
Lo del noruego merece párrafo aparte, porque metió dos goles, lleva doce tantos en los últimos ocho partidos entre todas las competiciones y se retiró caminando con dificultad después de un impacto en la última jugada. La imagen no fue tranquilizadora para nadie en Manchester: Haaland se fue directo al túnel, sin pasar por mezclas, con esa cara de fastidio que pone cuando el cuerpo le pasa una factura que la cabeza no quería pagar.
En medio del ruido propio del campeón, hubo dos argentinos con roles bien distintos. Enzo Fernández ingresó en el complemento y se comió un gol anulado por offside tras revisión del VAR, esa tecnología que te quiere mucho y te avisa lo que no querés escuchar. En la vereda de enfrente, Exequiel Palacios se comió los 90 minutos en el equipo local y se fue como quien cumple el laburo sin pedir permiso. Gerónimo Rulli, por su parte, vio todo desde el banco citizen sin saltar a la cancha.
Ahora bien, la pregunta del millón que sobrevuela Manchester como mosca en pleno verano boreal: ¿cuánto afecta la posible lesión de Haaland en lo que viene? El martes próximo el City tiene compromiso europeo y Maresca ya venía rotando piezas justamente para llegar con aire a esa cita. Si la baja del robot noruego se extiende, Foden y Doku tendrán que multiplicarse, porque este equipo sin su nueve de referencia es como un asado sin carbón: se puede comer, pero no es lo mismo.
Mientras los médicos evalúan el golpe y Haaland camina por los pasillos con cara de enojo, yo me reservo el derecho de errar: si el noruego llega al martes, el City sigue siendo el mismo monstruo; si no llega, Guardiola -perdón, Maresca- deberá reinventar la cocina con lo que tiene en la heladera. Y en esa heladera, vale recordarlo, no sobra nada.
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