Cuando la falta de aire no es sólo cosa de la edad: la fibrosis pulmonar puede tardar hasta dos años en diagnosticarse
Neumonólogos y reumatólogos coinciden en que los síntomas suelen atribuirse al paso de los años o pasar desapercibidos cuando hay enfermedades autoinmunes de por medio, lo que retrasa la consulta y el tratamiento.
Son las siete y pico de la tarde y acá en la zona centro todavía se nota el calor pegado en las veredas. Mercedes, de la colonia San Martín, me escribe por WhatsApp para contarme que su marido, cerca de los 65, viene diciendo hace meses que se agita cuando sube las escaleras del edificio. "Yo le decía que eran los años", me cuenta, casi como disculpándose. Lo que Mercedes todavía no sabe es que esa frase, la de "son los años", es justamente la que más preocupa a los especialistas que estudian la fibrosis pulmonar: la idea de que faltar el aire es algo normal después de los 60.
Una señal de alerta que suele subestimarse
El neumonólogo Juan Ignacio Enghelmayer, del Hospital de Clínicas y especializado en enfermedades pulmonares intersticiales, lo dijo con una frase que me quedó dando vueltas: perder capacidad de esfuerzo no debe atribuirse automáticamente al envejecimiento. "Nosotros vemos pacientes que llegan con varios meses, a veces años, de síntomas que ellos mismos o sus médicos de cabecera minimizaron", me explicó. Lo más frecuente, según me describió, es la falta de aire progresiva, esa que aparece primero al subir una loma, después al ducharse, después al vestirse, y la tos seca que no se va con nada.
En el material que tomé como base, los especialistas remarcan un punto que a mí me parece clave y que quiero compartir tal cual lo plantearon: si la dificultad para respirar aumenta en pocos días o se presenta con esfuerzos mínimos, la consulta debe ser urgente. No es un tema para esperar al turno programado del mes que viene. Y aclaran algo que a veces se pierde en los pasillos del barrio: que la tos seca persistente y la falta de aire ante actividades que antes se toleraban pueden tener muchas causas distintas, y que por sí solas no alcanzan para diagnosticar fibrosis pulmonar. Pero tampoco alcanzan para descartarla.
Qué pasa dentro del pulmón cuando hay fibrosis
Para explicárselo a Mercedes le dije que imagine el pulmón como una esponja suave, llena de aire. Lo que ocurre con la fibrosis es que esa esponja se va llenando de cicatrices, duras, que no dejan pasar bien el oxígeno a la sangre. Esas cicatrices son permanentes, y por eso el problema no se resuelve con un jarabe ni con un descanso. Pueden aparecer por enfermedades autoinmunes, por partículas que se respiran en ciertos trabajos o por algunos medicamentos, y cuando no se encuentra una causa clara se la llama idiopática. Saber de dónde viene esa cicatriz es lo que después permite definir el tratamiento y la frecuencia de los controles.
En el consultorio, según me describió Enghelmayer, el primer paso es reconstruir la historia clínica: dónde trabajó la persona, si fumó, qué remedios toma, qué enfermedades tiene. Después viene una tomografía de alta resolución, que es la que muestra cómo está el tejido pulmonar. Y hay un detalle que a mí me sorprendió: en la auscultación, con el estetoscopio, el médico puede escuchar un sonido parecido al velcro cuando se despega, un ruido seco, fino, que para el oído entrenado es una pista importante. No es algo que uno pueda detectar en su casa, pero sirve para entender por qué insisten tanto con la consulta presencial.
El caso particular de las enfermedades autoinmunes
Acá viene la parte que más me hizo pensar, porque toca a mucha gente que ni sospecha que tiene algo en los pulmones. La jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, Fabiana Montoya, me contó que hay pacientes con enfermedades autoinmunes que llegan a la consulta sin una sola molestia respiratoria, pero la tomografía muestra que el pulmón ya está comprometido. En una cohorte argentina en la que ella participó, el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no tenía síntomas respiratorios, y dentro de ese grupo, el 40 por ciento tenía una afectación extensa en la tomografía. Lo repito porque me parece enorme: cuatro de cada diez sin tos ni falta de aire, y sin embargo con daño importante.
- En esclerosis sistémica, los controles pulmonares se indican desde el momento del diagnóstico, antes de que aparezca cualquier síntoma.
- En artritis reumatoidea, la búsqueda se concentra en pacientes que tienen factores de riesgo determinados por el reumatólogo.
- Los estudios respiratorios periódicos no dependen de sentir tos o falta de aire: el daño puede avanzar de manera silenciosa.
- La demora en el diagnóstico puede llegar a los dos años, según advierten los especialistas, sobre todo cuando los síntomas se atribuyen a la edad.
Yo sé que hablar de fibrosis pulmonar asusta, y no es mi intención cargar las tintas. Pero después de la charla que mantuve con estos profesionales, lo que más me llevo es la idea de que la demora en el diagnóstico, que puede extenderse hasta dos años, muchas veces se construye con pequeños gestos cotidianos: un "son los años", un "no será nada", un "mejor después vemos". Mercedes me dijo al final de la conversación que el viernes va a sacar turno para su marido. No sé si va a terminar siendo fibrosis, ni falta que hace saberlo ahora, pero sí sé que ahora los dos saben que esperar no es una opción. Y eso, en estas enfermedades, suele ser lo que cambia la historia.
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