De maestra a mamá de siete: la historia de María Laura y los seis hermanos que un recreo la convirtió en su madre
Vivía en un departamento chico, se anotó igual, se separó a mitad de camino y los propios chicos le dijeron "te elegimos para ser nuestra mamá". Hoy la familia, en zona centro, suma nueve integrantes y un bebé que llegó como un anuncio inesperado.
Son las siete de la tarde acá en la zona centro y el ruido de la casa todavía no se calma. Por el pasillo cruzan Daniel y Milo, los gemelos de trece, con la mochila a medio abrir; más atrás aparece Zaira, dieciocho, preguntando si queda algo para merendar, y en el living, sobre una manta, Nahitan, de poco más de un año, se duerme mientras los mellizos Maiara y Lionel, de dieciséis, pelean por quién lo carga. María Laura mira toda esa escena desde la cocina y se ríe, porque ella, que durante años pensó que nunca iba a ser madre, hoy cuenta hasta siete.
Una decisión que empezó en un aula
María Laura tiene hoy 44 años, es maestra y trabaja en una escuela a la que hace un tiempo llegaron seis hermanos institucionalizados. Dos de ellos eran sus alumnos. Los otros cuatro iban al mismo establecimiento, así que el vínculo se fue armando en las aulas, en los recreos y también en las visitas que ella misma hacía al hogar donde vivían los chicos, cinco años adentro del sistema. "Empecé acompañándolos como docente y de a poco me fui involucrando cada vez más", cuenta a este portal. Al principio la posibilidad de adoptarlos le parecía una locura: vivía en un departamento chico, con una pareja que no estaba convencida y con un sueldo que, sospechaba, no iba a alcanzar para tanto. La pareja incluso le dijo que sentía miedo de no poder sostener económicamente a seis chicos. La relación se resintió, se separaron un tiempo, y María Laura resolvió anotarse igual. Sola.
“Cuando me preguntaron si quería a uno, a los gemelos o a los mellizos, la respuesta fue clara: 'Quiero estar con los seis'.”María Laura
El proceso de vinculación duró años y no fue lineal. Los propios hermanos tampoco querían ser adoptados al inicio, ellos también habían aprendido a cuidarse entre ellos, y la mayor, Daiana, hoy de veinte, llevaba sobre los hombros el peso de haber sido la referente afectiva del grupo durante todo el tiempo en el hogar. Cederle ese lugar a una persona nueva no fue un trámite, fue un duelo. "La más grande tenía que cederme el derecho a cuidarlos. Fue un desafío que ella tuvo que afrontar: dejarme el cuidado de los chicos a mí, de a poco", recuerda María Laura. La figura que terminó funcionando para todos fue la de referente afectivo, un paso previo a la adopción plena que en Argentina se utiliza cuando los chicos son más grandes y necesitan tiempo para aceitar la convivencia.
El recreo en que la eligieron mamá
El punto de inflexión llegó de la manera menos pensada, en un recreo, sin actas ni formularios de por medio. Algunos de los hermanos se acercaron a María Laura y le dijeron, mirándola a los ojos, una frase que ella todavía repite de memoria: "Te elegimos para ser nuestra mamá". A partir de ese momento, los papeles se reorientaron hacia la convivencia y empezó el ida y vuelta de fin de semana, después las tardes completas, después las vacaciones. La guarda con fines adoptivos llegó finalmente para los seis, una decisión judicial que en nuestro país es clave porque permite que el grupo de hermanos quede junto, algo que en la práctica suele ser lo más difícil de garantizar.
Lo de Nahitan fue una sorpresa dentro de la sorpresa. María Laura ya estaba con la guarda de los seis cuando descubrió que estaba embarazada. Se enteró de la manera más tierna que pueda imaginarse: uno de los gemelos le besó la panza, todavía sin saber nada, y le dijo "hola, bebé". "Ahí caí", dice entre risas. La pareja, que se había separado durante el proceso, volvió a intentar la convivencia y hoy ocupa el rol de padre en la casa. Los hermanos mayores, especialmente Daiana y Zaira, cuidan a Nahitan con un entusiasmo que a María Laura, cada tanto, todavía la deja sin palabras. "Son el amor de mi vida. Es la familia que siempre esperé, siempre quise una familia grande y hoy la tengo unida", resume. Ella, además, participa de la Asociación Civil Adopten Niñes Grandes, una organización que acompaña a familias que están en camino de adoptar a chicos grandes, y en cada charla repite lo mismo que le repite a este portal: que el miedo inicial es lógico, pero que la espera vale la pena. Ahora, mientras la noche cae y Nahitan por fin se duerme, María Laura mira la mesa larga del comedor y piensa en lo que viene: terminar los estudios, consolidar la economía del hogar, formalizar la adopción plena cuando el juzgado lo determine y, sobre todo, sostenerse en el tiempo como esos nueve que hoy, juntos, forman una sola familia.
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