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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Dejar las zapatillas en la puerta: un gesto chico que puede cuidar la salud de toda la familia

Polvo con metales, restos de pesticidas y bacterias viajan en las suelas desde la vereda hasta el sillón. Especialistas de Cleveland Clinic recomiendan organizar un espacio en la entrada y limpiar los pisos con métodos húmedos para reducir el ingreso de contaminantes al hogar.

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Yanina BenítezSociedad y vida · · lectura 4 min
Dejar las zapatillas en la puerta: un gesto chico que puede cuidar la salud de toda la familia

Son las siete y pico de la tarde en una calle del barrio Centro. Carla, Cristian, perdon, Marta, vecina del tercer piso, abre la puerta de su departamento, levanta la pierna y se saca las zapatillas con ese gesto automático que casi todos repetimos al llegar a casa. Las deja sobre una bandeja de plástico que puso hace años en el palier. Mientras tanto, su marido barre el zaguán y la nena más chica, que ya gatea, lo mira desde el piso con esa cara de curiosidad que tienen los chicos cuando todavía no entienden por qué los grandes se sacan los zapatos antes de pasar. Acá en la zona centro, donde las veredas están llenas de polvo y los colectivos levantan tierra a cada rato, ese pequeño ritual de dejar el calzado en la entrada puede ser mucho más importante de lo que parece a primera vista.

Según especialistas de Cleveland Clinic, una de las instituciones médicas más reconocidas de Estados Unidos, las suelas funcionan como verdaderos vehículos de todo lo que pisamos durante el día: tierra, restos orgánicos, bacterias y también sustancias químicas que muchas veces ni siquiera vemos. Organizar un sector específico para el calzado junto al ingreso, sumar una alfombra en la puerta y limpiar los pisos con métodos húmedos son medidas simples que permiten limitar el traslado de esas partículas desde la calle hacia los ambientes interiores. Y aunque retirar el calzado reduce una vía de ingreso, no las elimina por completo: es un paso más dentro de un esquema de cuidado del hogar.

Qué pueden traer las suelas que no imaginamos

La lista de lo que arrastramos sin querer es más larga de lo que uno quisiera. Después de pasar por veredas, baños públicos, colectivos, plazas o jardines, las zapatillas pueden cargar compuestos persistentes como los PFAS, conocidas como "sustancias químicas eternas" porque tardan décadas en degradarse en el ambiente y en el organismo. También polvo con plomo, un metal pesado que todavía está presente en muchas casas antiguas, y residuos de pesticidas, fertilizantes e insecticidas que se usan en los espacios verdes de la ciudad, aunque no sean los de nuestra propia casa.

“El plomo puede dañar el cerebro, el sistema nervioso y otros órganos. El polvo que se desprende de pinturas antiguas deterioradas puede viajar adherido al calzado y llegar hasta el piso donde juegan los chicos.”Daniel Sullivan, médico internista de Cleveland Clinic

El doctor Sullivan es claro cuando explica por qué este tema preocupa especialmente a las familias con bebés y niños pequeños: ellos pasan mucho tiempo sobre el suelo y tienen la costumbre de llevarse las manos a la boca, una vía directa de exposición a cualquier contaminante que haya quedado en las superficies. Un estudio internacional que analizó datos del programa DustSafe, con muestras recogidas en 35 países, encontró arsénico, cromo y níquel en el polvo doméstico. Además, observó que las viviendas más antiguas suelen tener concentraciones más altas de plomo y arsénico, y que tener jardín o acceso a espacios verdes se relaciona con mayores niveles de esos elementos. A eso se suma el polen, que trasladado al interior puede agravar los cuadros alérgicos en personas sensibles.

Las bacterias también forman parte de esa carga invisible, pero los especialistas aclaran algo importante: encontrar microorganismos en las suelas no significa que vayan a provocar una infección. La clave está en reducir las vías de exposición, no en vivir asustados ni obsesionados con la limpieza. Marta lo resume con una frase que repetimos por estos pasillos del barrio: "uno no puede aislarse del mundo, pero puede poner un límite en la puerta de la casa". Esa es, en el fondo, la idea detrás de cada uno de estos consejos tan sencillos.

Nosotros, que transitamos a diario por estas calles del centro y vemos cómo el polvo se acumula en los umbrales cada vez que pasa un camión, entendemos que cada familia va a adaptar estas recomendaciones a su propia realidad. Algunos ya tienen un canasto con las zapatillas de todos en el living; otros todavía pelean con los chicos para que se acostumbren a sacárselas al entrar. Lo que queda claro es que se trata de un hábito al alcance de cualquiera, sin gastos ni productos especiales, y que puede marcar una diferencia concreta en la calidad del aire que respiramos adentro. Ojalá pronto la costumbre se vuelva tan automática como atarse los cordones antes de salir.

YB
Yanina BenítezSociedad y vida

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