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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Digger: Iñárritu vuelve a las tablas con Tom Cruise y una pregunta que incomoda

Más de diez años después de Birdman, el director mexicano retoma el universo del teatro y la creación, ahora con Tom Cruise como protagonista de una película que pone en el centro la relación entre el arte y el dinero que lo sostiene. Una propuesta ambiciosa, incómoda y pensada para la temporada de premios.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Digger: Iñárritu vuelve a las tablas con Tom Cruise y una pregunta que incomoda

Les confieso algo: cada vez que se anuncia una nueva película de Alejandro González Iñárritu, me preparo como quien se acomoda en la butaca de un teatro antiguo, con la certeza de que va a pasar algo que no esperaba y la duda razonable de si me va a gustar. Con Digger me pasó de todo un poco. Es una película que incomoda, que busca, que se parece a su cine anterior y empieza a ver hasta dónde puede tensar la cuerda sin romperse. Y lo más interesante es que lo hace en un terreno que ya había explorado hace más de una década en Birdman, aquella historia de un actor que quería redimirse en Broadway y terminó encontrando algo más profundo que un premio.

El teatro como confesionario

El teatro vuelve a ser el escenario y la excusa. La cámara se mete entre bambalinas, mira ensayos, mira discusiones de producción, mira la sala antes de que se apaguen las luces. Pero ya no es solo el lugar donde un artista se enfrenta a sus demonios: ahora es también el lugar donde se firma un cheque. Y ahí es donde Digger empieza a diferenciarse de su antecesora, porque pone sobre la mesa una pregunta que Birdman dejaba flotando con aire de celebración: ¿qué pasa cuando el dinero que financia el arte es, justamente, el mismo poder que el arte quiere denunciar?

“El arte que denuncia al poder solo puede existir gracias al dinero de ese mismo poder. Esa contradicción está en el centro de la película y la recorre de punta a punta, sin pedir permiso.”Lectura de la trama

El personaje que Tom Cruise encarna acepta el respaldo de un magnate millonario para producir su propia obra. El objetivo, dicen los que vieron el material, es rescatar a su hija de una situación que ese mismo entorno de poder contribuyó a provocar. Es una línea argumental que tiene algo de clásico y algo de trampa: porque si el arte condena al dinero pero necesita ese dinero para existir, la denuncia se vuelve parte del espectáculo, y el público que aplaude la caída simbólica de un magnate en la sala está teniendo una catarsis que en la vida real no tiene ningún correlato. Eso es lo que la película muestra con una mirada bastante menos celebratoria que la de Birdman, más incómoda, más áspera.

Heredera y rompehuevos

Hay un detalle técnico que me llamó la atención y que vale la pena marcar: Digger prescinde del famoso falso plano secuencia que fue marca registrada de Birdman. Sin esa herramienta, la película pierde un poco de aquella pirotecnia visual que la hacía tan reconocible. Pero hereda casi todo lo demás: el ritmo backstage, las cámaras que siguen a los personajes por pasillos y camarines, los diálogos que funcionan como monólogos internos, la estructura que mezcla lo real y lo representado. La diferencia, entonces, no está tanto en el cómo sino en el para qué. Si Birdman dejaríamos cierto margen para el optimismo, acá el margen se achica bastante y las concesiones al final son pocas.

Tom Cruise y la cuenta de los premios

Hay un dato que no es menor y que los que seguimos la temporada de premios tenemos presente: en ese circuito, los largometrajes de alcance comercial masivo suelen tener ventaja. Y acá aparece el nombre de Tom Cruise, que es garantía de público pero no necesariamente de premios. La gran variable, entonces, es la actuación. Si Cruise logra una interpretación lo suficientemente convincente como para convertirse en el centro de la campaña, la película puede aspirar a algo más que un estreno con bombo. Si no, queda como una propuesta radical y valiosa pero mal posicionada para la carrera de estatuillas.

Me quedo pensando en la pregunta con la que el material de base cierra, porque me parece que es la que mejor resume el espíritu de la película y la que más nos puede servir a nosotros como lectores: ¿el cine puede denunciar al dinero que lo financia sin volverse parte del problema? No es una pregunta retórica, es una pregunta que Digger se hace sin contestarse del todo, y eso ya es bastante. Habrá que verla cuando llegue a las salas argentinas, con un buen café de por medio y la paciencia necesaria para una propuesta que no viene a festejar sino a discutir. Habrá que estar atentos al estreno en las salas locales y, si la programación lo permite, darse una vuelta por la función completa, que son las que permiten entender de verdad qué proyectos están adentro y qué proyectos están afuera. Después, conversamos.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos

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