Doce ficciones para sentarse en el sillón: del apocalipsis en veinte minutos a la Corfú de los Durrell
Un recorrido por series que mezclan suspenso, comedia y drama familiar, con opciones para todos los bolsillos de tiempo: desde capítulos cortos hasta sagas de cuatro y seis temporadas.
Como decía mi abuela, que había criado a cuatro hijos en una casa sin teléfono y sabía esperar: "hijo, antes de elegir novela, fíjate cuánto tiempo tenés". El consejo, llevado a la pantalla chica, sirve más que nunca. Porque cuando uno se sienta a buscar qué mirar, lo primero que aparece en la conversación no es el tema ni los actores, sino la cantidad de horas que la serie pide. Y en esa pulseada entre el poco rato libre y las ganas de engancharse con algo nuevo, la duración termina siendo casi un género en sí mismo. Por eso esta selección de doce ficciones, que va del episodio breve al maratón de cuatro temporadas, puede ser un buen mapa para empezar.
Cuando el tiempo apura: historias para una sola sentada
Para quienes cuentan los minutos, El colapso aparece como una rareza bienvenida: ocho episodios de unos veinte minutos cada uno, todos rodados en plano secuencia, con relatos independientes sobre personajes que intentan sobrevivir al derrumbe de la sociedad. Es el formato perfecto para verlo de a dos capítulos antes de dormir, sin la culpa de haber dejado la serie abandonada en el tercer episodio.
El suspenso se disfraza de tres maneras distintas
- La ruta del dinero es una producción danesa que arranca con el hallazgo de un trabajador muerto en un parque eólico y, desde ahí, se mete en las tripas de prácticas empresariales oscuras. Tiene ese ritmo nórdico que se toma su tiempo para apretar el nudo.
- Glue, creada por Jack Thorne, lleva el misterio a un pueblo rural inglés: aparece un cadáver debajo de un tractor y los secretos de un grupo de adolescentes empiezan a asomar, como aceite sobre agua.
- Utopia, del guionista Dennis Kelly, es para los que gustan de la conspiración pura: unos usuarios de un foro consiguen el manuscrito de una novela gráfica que parece anticipar catástrofes, y una organización secreta sale a cazarlos para quedarse con ese papel que vale más de lo que imaginan.
Los duelos, las vueltas a casa y las amistades que cambian la rutina
Acá es donde las series se ponen más humanas, más de llanto contenido. En The Virtues, Stephen Graham se pone en la piel de Joseph, un hombre que vuelve a Irlanda para enfrentar un trauma de la infancia y reencontrarse con su hermana. Es de esas ficciones que caminan despacio, como quien no quiere mirar hacia atrás pero igual termina mirando. Big Boys, en cambio, elige el camino del duelo desde la vida universitaria: Jack llega a la facultad después de pasar un año encerrado en su casa por la muerte de su padre y conoce a Danny, su compañero de habitación. Tres temporadas para acompañar ese aprendizaje, con un humor que no esquiva el dolor.
Leonard y Hungry Paul, con Alex Lawther y Laurie Kynaston, trabaja sobre amistades adultas: una muerte, una boda y un romance mueven las rutinas de sus personajes como si fueran las patas de una mesa a la que le sacaron un tornillo. Y para los que quieran algo más largo y reconfortante, Todas las criaturas grandes y chicas tiene seis temporadas y sigue al joven veterinario James Herriot en la campiña de Yorkshire, con esa calma británica que se contagia.
Comedia yiddish: Russell T. Davies y compañía
Dos series del creador Russell T. Davies completan un tramo bien distinto. Queer As Folk retrata a tres hombres gays en el Manchester de los años noventa, con la crudeza y la libertad que la época permitía. Nolly, en cambio, es un biopic con Helena Bonham Carter en la piel de Noele Gordon, la estrella televisiva británica que reinó en la pantalla y terminó pagando el costo de la fama. A esa dupla se suma Such Brave Girls, centrada en las hermanas Josie y Billy y su madre soltera, una comedia que no se ahorra nada y que, por eso mismo, termina siendo querible. Y para los que tengan más paciencia, queda Los Durrell, cuatro temporadas basadas en los libros autobiográficos de Gerald Durrell, con la familia que deja Inglaterra para instalarse en la isla de Corfú, entre cabras, tortugas y un hermano mayor que organiza expediciones por el jardín.
“Elegir serie, a esta altura, es casi elegir con quién te sentás a tomar el té: hay para el que quiere conversar rápido y hay para el que se queda hasta que cierren el bar.”Elba Zimmermann
La guía, entonces, queda servida. Para la maratón corta, El colapso y Glue. Para el suspenso nórdico, La ruta del dinero. Para la conspiración, Utopia. Para el drama familiar, The Virtues y Big Boys. Para la amistad con olor a campo, Leonard y Hungry Paul y Todas las criaturas grandes y chicas. Para la comedia con colmillo, Queer As Folk, Nolly y Such Brave Girls. Y para la sobremesa larga de domingo, Los Durrell, con el balcón abierto y un té con leche bien caliente al lado del control remoto. La decisión, como siempre, la tiene el sillón.
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