Dos preguntas incomodas para empezar a decidir en primera persona
El filósofo Ira Bedzow, de la Universidad de Emory, propone un ejercicio sencillo pero molesto para distinguir lo que uno realmente quiere de lo que el entorno le pide que quiera. Claves para aplicar el metodo en la vida cotidiana, segun el especialista.
Son las siete de la tarde en una cafeteria de la calle Mitre y la rutina de siempre se repite: la notebook abierta, el telefono a un costado, el cafe a medio tomar. A la mesa de al lado, Laura, de barrio Norte, le cuenta a una amiga que otra vez acepto un viaje de trabajo que no le cerraba, porque su jefa la miro con esa cara que ya conoce. "Y bueno, me lo banco", dice, como si esa fuera la unica opcion posible. La escena parece menor, pero describe casi a la perfeccion algo que el filosofo Ira Bedzow, doctor en Filosofia y director ejecutivo del Emory Purpose Project, en la Escuela de Medicina de la Universidad de Emory, viene estudiando hace anos: la distancia entre las decisiones que uno toma y las decisiones que toma por encargo de los demas.
Las dos preguntas que separan el deseo del mandato
Bedzow propone un ejercicio que parece simple pero incomoda: hacerse dos preguntas concretas. La primera es de quien es la vida que estas viviendo. La segunda, y es la que mas molesta, es quien deberia determinar como vivis. La primera casi siempre tiene una respuesta rapida. La segunda obliga a frenar, porque aparece la sospecha de que el rumbo no esta tan fijado por uno como uno creia, sino por la familia, los amigos, la pareja, el grupo de whatsapp del colegio o la cultura del pais del que uno viene.
“Es mas facil conocer el camino correcto que se supone que debes tomar que pensar que debes inventar ese camino por vos mismo.”Ira Bedzow, filosofo y director del Emory Purpose Project
Aca en la zona centro, donde la mayoria de los vecinos trabaja en relacion de dependencia o atiende un comercio propio, esa frase pega de lleno. Muchos crecieron escuchando que habia carreras que eran carrera de verdad y otras que no, que ciertos trabajos eran para hombres y otros para mujeres, que despues de los treinta lo que correspondia era casarse y tener hijos. No es que esas voces esten mal en si mismas, aclara Bedzow, sino que el problema aparece cuando uno les entrega el control sin haberse detenido a pensar si lo que ellos proponen coincide con lo que uno realmente quiere.
- Recibir una perspectiva ajena no es lo mismo que delegar la decision: escuchar a un colega sobre una oferta laboral o a un amigo que cuestiona una relacion puede abrir los ojos, siempre que la decision final se tome con criterios propios.
- Cuando el rumbo responde a mandatos familiares, presion por el estatus o miedo a la culpa, el esfuerzo se gasta en sostener un guion ajeno y el bienestar se desgasta con el tiempo.
- Un metanalisis de Sezer y colaboradores encontro que perseguir metas alineadas con los valores propios se asocia con mayor esfuerzo, mayor avance y mayor bienestar que correr detras de metas impuestas desde afuera.
Autorreflexion con destino, no quedarse mirando el ombligo
Bedzow insiste en un punto que a nosotros nos parece clave y que suele malinterpretarse: la autorreflexion no es quedarse dando vueltas en la propia cabeza. Es examinar por que elegimos lo que elegimos, considerar alternativas y aprender de los resultados. Practicar ese ejercicio en decisiones chicas, como elegir un curso, un destino de vacaciones o un proyecto nuevo, fortalece el criterio para cuando lleguen las decisiones grandes, que siempre llegan. La filosofa Susan Wolf suma otro angulo al asunto: el sentido de vida no aparece solo cuando uno persigue lo que se le antoja, sino cuando uno se compromete con aquello que, despues de pensarlo, resulta genuinamente valioso. La pregunta de fondo, entonces, no es solo que quiero yo, sino merece la pena lo que estoy buscando.
Laura, la de barrio Norte, todavia no decidio si la proxima vez le va a decir que no a su jefa. Pero despues de la charla en el cafe, se fue pensando que antes de responder la proxima invitacion va a probar con las dos preguntas de Bedzow. No para hacer lo opuesto a lo que le digan, aclara ella, sino para tener la tranquilidad de que, sea cual sea la respuesta, la eligio ella. Y eso, en la vida adulta, es lo que uno termina buscando: no que los demas esten contentos con la decision, sino poder dormir tranquilo despues de haberla tomado.
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