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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

El abrazo que vale un pasaporte: Sarah Burlando Franco ya tiene ciudadanía italiana y su madre lo celebró como una victoria familiar

Después de años de papeles, esperas y paciencia, la hija de Barby Franco y Fernando Burlando consiguió la nacionalidad por descendencia. La modelo lo contó con fotos de la nena en brazos de su padre y un texto que leyó como quien cierra un capítulo largo.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos · · lectura 4 min
El abrazo que vale un pasaporte: Sarah Burlando Franco ya tiene ciudadanía italiana y su madre lo celebró como una victoria familiar

Yo siempre digo que hay un dicho de mi abuela de la colonia que vuelve una y otra vez cuando se habla de papeles: "El que espera, llega". Y esa frase me vino a la cabeza apenas vi las fotos que Barby Franco publicó en sus redes, porque detrás del abrazo entre padre e hija hay literalmente años de cola en consulados, de carpetas que van y vuelven, de partidas de nacimiento traducidas y juradas, de llamadas para preguntar si ya salió el turno, de idas y vueltas que cualquier argentino con un abuelo calabrés, piamontés o siciliano conoce al dedillo.

Sarah, la hija de la modelo y del abogado Fernando Burlando, obtuvo la ciudadanía italiana por descendencia y la noticia la dio la propia Franco con un posteo que mezcló emoción, recuerdos familiares y una sonrisa enorme: en las imágenes se ve a la nena levantando el flamante pasaporte mientras Burlando la sostiene en brazos, en lo que parece un festejo íntimo más que una producción de revista.

“Después de tantos años de lucha, finalmente llegó este día. Trámites, esperas interminables, papeles, paciencia... parecía no terminar más, pero finalmente llegó.”Barby Franco, en sus redes sociales

La trama burocrática detrás del documento

Para el que nunca se metió en el tema, vale la pena explicarlo en criollo: la ciudadanía italiana por descendencia, conocida popularmente como el "trámite del 1948" o la jure sanguinis, permite que hijos, nietos, bisnietos y, en líneas generales, descendientes de ciudadanos italianos accedan a esa nacionalidad, siempre y cuando no haya habido en el medio una renuncia expresa o una ruptura en la línea sucesoria. Conseguida esa nacionalidad, se abre la puerta a vivir y trabajar en cualquier país de la Unión Europea, además de acceder a derechos sanitarios y educativos en igualdad de condiciones que un nacido en Roma o Milán.

El problema, como cualquiera que haya iniciado el expediente sabe, es que el camino rara vez es corto. Las demoras en los consulados italianos en la Argentina —históricamente colapsados por la cantidad de pedidos—, la revisión de la documentación genealógica, la búsqueda de actas en viejos municipios del norte de Italia y, sobre todo, la pandemia de por medio, que frenó gran parte de los turnos, estiraron muchos expedientes durante cinco, siete y hasta diez años. Por eso, cuando una familia ve llegar el pasaporte europeo, la celebración suele ser bastante más ruidosa que la de un trámite común.

Lo que dijo la madre, palabra por palabra

  • "Es historia, raíces, identidad, familia y el legado de nuestros antepasados que sigue vivo en ella".
  • Dirigiéndose a Sarah, escribió que "hoy se abre una puerta más" para su futuro, "con nuevas oportunidades y un pedacito" de su historia "reconocido para siempre".
  • "Detrás de este logro hay años de esfuerzo, ilusión y perseverancia".
  • Y el cierre, bien a la italiana: "La espera terminó, el sueño se hizo realidad".

En su posteo, Franco hizo explícito lo que para muchos queda implícito: que este documento no es apenas un trámite administrativo, sino un reconocimiento. La palabra "identidad" aparece varias veces en su texto, y no es casual: para las familias de descendientes italianos en la Argentina, la ciudadanía suele funcionar como un puente simbólico con el paese de los nonnos, con la casa del pueblo, con el nombre raro que cargamos en la partida de nacimiento y que de chico no sabíamos bien cómo pronunciar.

Sarah, mientras tanto, aparece en las fotos con una sonrisa enorme, ajena todavía al peso legal y simbólico de lo que tiene entre manos. Su padre, Fernando Burlando, la levanta en un gesto que en otra foto podría ser de festejo de un cumple, pero que acá funciona casi como un relevo: una generación que empuja a la siguiente hacia un horizonte más ancho, con un documento que le permite, si alguna vez lo necesita o lo desea, radicarse, estudiar o trabajar en cualquiera de los veintisiete países que integran la Unión Europea.

Y ahora, como corresponde, vamos a lo que siempre me piden al final de la nota: el dónde, el cuándo y qué se come. La celebración fue en la intimidad del hogar de Barby Franco y Fernando Burlando, según se desprende de las imágenes que ella misma eligió compartir, y el anuncio se conoció este martes a través de la cuenta oficial de la modelo. Lo que se comió, ella no lo contó, pero si me dejan tirar una corazonada de olfato: en casa de Franco y Burlando, con un pasaporte italiano de por medio, la mesa bien podría haber tenido un risotto, una pasta al dente y un par de brindis con espumante argentino, porque acá, hasta las victorias europeas se festejan a la criolla.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos

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