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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

El Gordis se plantó en Palermo con su propia hamburguesería y una carta que arranca en los dieciséis mil pesos

Federico Perales, el creador de contenido que durante tres años se dedicó a reseñar hamburguesas por la ciudad, abrió junto a un socio gastronómico su primer local a la calle en la esquina de El Salvador y Fitz Roy, con un menú que va desde la Clásica hasta una alternativa de pollo, pantallas de autocompra y un día récord de tres mil unidades vendidas

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva · · lectura 4 min
El Gordis se plantó en Palermo con su propia hamburguesería y una carta que arranca en los dieciséis mil pesos

En la esquina de El Salvador y Fitz Roy, en pleno corazón de Palermo, el olor a medallón de carne recién aplastado contra la plancha se mezcla con el murmullo de los vecinos que entran y salen con la bolsa en la mano. Allí, donde hasta hace poco funcionaba otro comercio, abrió sus puertas Gordis Burger, el local propio de Federico Perales, más conocido en redes como El Gordis, que durante años se dedicó a probar hamburguesas ajenas y ahora se animó a poner las propias sobre la mesa.

El local ocupa un lugar estratégico del barrio porteño, a pocas cuadras de las avenidas más transitadas, y se presenta con una propuesta que combina la modalidad de comida para retirar con un salón para sentarse a comer. La operación destinada a entregas funciona en una cocina separada, según explicó el propio Perales, de modo que el espacio de la esquina queda reservado para quienes prefieren pisar el local, mirar la carta en las pantallas de autocompra y pagar con tarjeta o mediante pagos electrónicos, aunque también se puede hacer la cola tradicional en la caja.

Una carta con cinco opciones y un techo de veintiocho mil pesos

  • La Clásica, la Tasti y la Cuarto cuestan dieciséis mil pesos en su versión simple y veintidós mil quinientos en la doble.
  • La Bacon tiene un valor de veintiún mil quinientos pesos en su versión simple y veintiocho mil pesos en la doble.
  • La Chicken, la alternativa de pollo, se ofrece en un único tamaño a dieciséis mil pesos.
  • Todas las opciones de carne se sirven en pan brioche con medallones de estilo smash, elaborados con una mezcla de cincuenta por ciento de vacío, cuarenta por ciento de tapa de asado y diez por ciento de grasa.
  • Agregar un recipiente extra de Salsa Gordis cuesta mil pesos.

La diferencia entre las hamburguesas de carne no está tanto en el medallón como en los acompañamientos, que en la mayoría de los casos coinciden en el queso cheddar pero varían en vegetales, cebollas y las distintas versiones de la salsa de la casa. La Clásica lleva pepinos encurtidos, cebolla y la Salsa Gordis original; la Tasti suma tomate y lechuga con una variante propia de la salsa; la Cuarto se queda con cheddar, cebolla, ketchup y la salsa de la casa; y la Bacon completa el perfil con cebolla crocante, bacon glaseado, cheddar y una salsa específica para esa receta. La opción de pollo, en tanto, se arma con un medallón crocante, pan con sésamo, cheddar, bacon glaseado, lechuga, salsa ranch y mostaza con miel.

Un año y tres meses de desarrollo, con un chef ejecutivo definiendo las recetas

Detrás del proyecto no está solamente la figura mediática de El Gordis, sino una sociedad entre Perales y un empresario gastronómico con el que arrancó la empresa hace más de un año. El desarrollo del local llevó un año y tres meses, según contaron los involucrados, y las recetas se terminaron de pulir junto con un chef ejecutivo, un paso que buscó profesionalizar una carta que hasta ahora vivía en los videos y las reseñas de las redes. Las papas, que acompañan buena parte del menú, se condimentan con un sazonado propio a base de hierbas y especias, otro detalle que Perales defendió como parte de la identidad del lugar.

El negocio ya tuvo su primera prueba de fuego y el resultado los sorprendió incluso a ellos: en una jornada llegaron a vender tres mil hamburguesas, un número que en una esquina de Palermo, con un local que funciona a la calle y una modalidad de retiro que privilegia el paso por la caja o la pantalla, habla de una demanda que claramente existía. Falta ver si ese ritmo se sostiene cuando la novedad se apague, si el barrio se acostumbra a los precios del segmento medio-alto y si las cinco opciones de la carta son suficientes para sostener un público que, hasta ahora, se acercó más por curiosidad que por costumbre.

La pregunta que queda dando vueltas en la vereda de El Salvador y Fitz Roy es inevitable: a la hora de elegir una hamburguesa en un local recién abierto, con recetas trabajadas durante más de un año y un medallón que se promociona con cortes específicos, qué termina pesando más: el precio, los ingredientes o simplemente la posibilidad de sentarse a comerla en el lugar.

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva

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