El INDEC confirma que se compra menos, aunque se gaste más: supermercados y mayoristas acumulan medio año de caídas
Las ventas a precios constantes retrocedieron 2,1% en supermercados y 1,1% en mayoristas durante julio, mientras que la facturación en pesos creció más del 25% en ambos canales. El acumulado de 2026 ya muestra una merma del 2,7% y los relevamientos privados coinciden en que el consumo masivo sigue cayendo.
El contraste que dejó el informe de julio publicado por el INDEC resulta demoledor en su propia austeridad técnica: mientras las cadenas de supermercados y los autoservicios mayoristas volvieron a inflar sus cajas registradoras en términos nominales, con subas de facturación del 25,8% y del 26,3% respectivamente frente al mismo mes de 2025, las ventas medidas a precios constantes —es decir, descontando el efecto inflacionario— cayeron de manera sostenida y preocupante, confirmando que el consumo masivo atraviesa uno de los peores tramos de los últimos años, con el retroceso acumulado del 2,7% en los primeros siete meses del año que ya nadie en la cadena de comercialización intenta disimular y que la consultora Scentia corroboró al reportar, para agosto, una nueva baja interanual del 1,5% en el volumen de productos empaquetados.
Supermercados: séptimo retroceso interanual consecutivo y facturación que miente
El canal supermercadista cerró julio con un retroceso interanual del 2,1% en las ventas a precios constantes y una caída mensual desestacionalizada del 0,7%, configurando así siete caídas anuales seguidas y dos retrocesos mensuales al hilo, después de los tibios repuntes registrados en abril y mayo, en un cuadro que desnuda la fragilidad del consumo de los hogares argentinos cuando se lo observa sin el maquillaje de la nominalidad, tal como se desprende de los propios cuadros del INDEC que ubica a la facturación total del rubro en 2.591.042 millones de pesos para el mes bajo análisis y que distribuye los aumentos nominales por rubro de la siguiente manera.
- Carnes: suba nominal de la facturación del 39,5% en la comparación interanual.
- Verdulería y frutería: incremento nominal del 30,6% en la facturación.
- Bebidas: avance nominal del 27,7% en la facturación.
- Facturación total del canal: 2.591.042 millones de pesos, con alza del 25,8% interanual a precios corrientes.
- Ventas a precios constantes: caída del 2,1% interanual y del 0,7% frente a junio, serie desestacionalizada.
Estos guarismos nominales —vale insistir— describen cuánto más se facturó por categoría, pero no cuánto efectivamente subieron los precios ni cuánto más se llevó cada cliente a su casa, una distinción técnica que el INDEC se ocupa de remarcar y que el lector desprevenido suele pasar por alto, porque lo que efectivamente se redujo fueron los volúmenes vendidos a valores homogéneos y esa es la fotografía real del bolsillo del consumidor, en un mes en el que, según las cifras oficiales, los argentinos fueron menos veces al supermercado y cargaron menos productos en el chango, pese a que la facturación global haya crecido gracias a la inercia inflacionaria y a la remarcación sistemática de precios.
Mayoristas: seis meses en rojo, aunque con un respiro mensual
Los autoservicios mayoristas tampoco escaparon a la tendencia de fondo: sus ventas a precios constantes cayeron 1,1% en la comparación interanual de julio y completaron así seis meses consecutivos de retroceso en esa misma medición, aunque dentro del propio informe oficial asoma un dato tenue de alivio —la suba del 1,2% en la serie desestacionalizada frente a junio— que resulta insuficiente para modificar el diagnóstico acumulado y que convive con un ticket promedio que alcanzó los 47.535 pesos y trepó un 31,8% en términos nominales respecto de julio de 2025, confirmando que la dinámica es idéntica en mayoristas y en supermercados, donde se factura más en pesos porque los precios suben y porque el traslado a góndola no se detiene, pero los volúmenes comprados siguen cayendo sin pausa.
Lo que dicen los números y lo que se ve en la góndola
Lo que el INDEC comunica y lo que efectivamente se observa en las góndolas difieren de manera persistente, porque mientras el organismo describe subas nominales de facturación que rondan el 25% en ambos canales, los relevamientos de consultoras privadas como Scentia —que mide kilos, litros y unidades de productos empaquetados y registró para agosto una caída del 1,5% interanual y del 0,7% frente a julio— ratifican lo que cualquier ama de casa o cualquier comerciante barrial percibe al recorrer la tienda: las compras se racionan, las marcas se sustituyen por alternativas más baratas y la frecuencia de visita cae, en un proceso de ajuste silencioso que ningún indicador de facturación a valores corrientes alcanza a capturar y que la serie de ventas a precios constantes expone con crudeza en los cuadros oficiales, tanto como lo muestra la diferencia entre el 39,5% nominal de suba en carnes y el 2,1% real de caída en el total del canal.
El cuadro de julio suma además un dato sectorial que merece ser subrayado: los centros de compras —shoppings incluidos— mostraron un comportamiento inverso, con subas del 1,9% interanual y del 0,5% mensual en ventas a precios constantes, aunque esa mejora relativa no alcanza para compensar la baja acumulada del 2% en los primeros siete meses del año y deja en evidencia que el consumo suntuario tiene una dinámica distinta al consumo masivo y que, mientras algunos segmentos del comercio resisten, los canales donde se mueve la alimentación diaria de los hogares acumulan medio año de retroceso sistemático, abriendo un interrogante incómodo que el INDEC no responde y que atraviesa toda la cadena: si la facturación en pesos crece al 26% pero los volúmenes reales caen al 2%, ¿quién se está quedando con la diferencia entre lo que el consumidor paga y lo que efectivamente recibe? La respuesta, por ahora, parece quedar del lado de la inflación y de los formadores de precios.
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