Saltar al contenido
Tierra Colorada NoticiasTierra Colorada Noticias ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.530,00 -0,33%Dólar blue $1.545,00 -0,32%Dólar MEP $1.536,00 -0,24%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Vida

El parásito silencioso que comparten gatos y humanos: qué halló un estudio con más de 157 mil muestras en Norteamérica

Una investigación publicada en PLOS One revisó registros de Estados Unidos y Canadá entre 2022 y 2023. Los gatos menores de un año fueron los más afectados y casi dos de cada diez positivos portaban variantes transmisibles a personas.

YB
Yanina BenítezSociedad y vida · · lectura 4 min
El parásito silencioso que comparten gatos y humanos: qué halló un estudio con más de 157 mil muestras en Norteamérica

Son las siete de la mañana en un barrio residencial de clase media en el centro del país y Marta, de la cuadra de Anchorena, ya está parada en la puerta de su casa con el termo del mate en una mano y en la otra la palita sanitaria del gato, una rutina que repite cada día desde hace años. Ayer, mientras limpiaba el arenero, se quedó pensando en algo que leyó por la mañana en el celular: un estudio recién publicado cuenta que un parásito intestinal que muchos gatos llevan encima sin que se note puede tener variantes capaces de saltar a los seres humanos. La noticia le dio vuelta la cabeza, porque ella convive con dos felinos, los tiene vacunados y desparasitados al día, y aun así le apareció la duda de si alcanza con eso. Acá en la zona centro, donde los departamentos son chicos y los balcones chicos y las mascotas conviven en pocos metros cuadrados con familias enteras, la pregunta deja de ser una rareza científica y pasa a ser una preocupación cotidiana.

El trabajo en cuestión se publicó en la revista PLOS One y pasó por encima de 157.616 muestras fecales de gatos domésticos, recogidas en 49 estados de Estados Unidos y en cinco provincias de Canadá entre marzo de 2022 y agosto de 2023. En ese universo, el 6,3 por ciento de los animales dio positivo para Giardia duodenalis, un protozoo intestinal conocido por ser una de las causas más frecuentes de diarreas de origen parasitario en mamíferos. La cifra puede sonar chica, pero traducida a la cantidad de gatos afectados equivale a 9.962 animales infectados, un volumen enorme cuando uno piensa en la población felina de cualquier ciudad mediana.

Las variantes que preocupan a la salud pública

De esos casi diez mil gatos positivos, 1.840 portaban los llamados ensamblajes A y B del parásito, lo que representa el 18,5 por ciento del grupo infectado. La diferencia no es menor: mientras la variante predominante en los gatos de este estudio fue la F, que muestra afinidad casi exclusiva por los felinos, las A y B son las que también aparecen en personas y en otros mamíferos, incluidos perros y animales de producción. Es decir, uno de cada cinco animales infectados cargaba una forma del parásito con potencial zoonótico, algo que los veterinarios vienen observando hace rato en la consulta pero que hasta el momento no se había medido con este nivel de detalle en Norteamérica.

La giardiasis puede causar diarrea, dolor abdominal, vómitos y pérdida de peso, pero acá viene el dato que más me llamó la atención y que también inquietó a Marta cuando charlamos por teléfono: tanto los gatos como las personas pueden ser portadores sin presentar síntoma alguno. En los felinos, las pistas a las que hay que prestarles atención son heces blandas o líquidas, panza hinchada, cambios en el apetito y un nivel de actividad más bajo de lo habitual, aunque ninguno de esos indicios confirma nada por sí solo. Por eso los autores del trabajo insisten en que cualquier gato positivo necesita evaluación veterinaria, y que el diagnóstico se hace con un análisis coproparasitario de rutina o, cuando se quiere ir más fino, con una PCR que detecta el material genético del parásito en las heces.

Para nosotros, los que compartimos la vida con un felino, la recomendación que se repite en la literatura es bastante concreta: mantener la higiene del arenero, lavarse las manos después de manipularlo, evitar que el gato tenga acceso a agua estancada y consultar al veterinario ante cualquier cambio digestivo que se prolongue más de dos o tres días. No se trata de alarmarse, sino de entender que un animal que se ve sano puede estar eliminando quistes al ambiente, y que la clave está en cortar ese circuito antes de que alguien en la casa termine con un cuadro intestinal que muchas veces cuesta vincular con la mascota. Marta ya pidió turno con su veterinaria para que les haga un coproparasitario a Bigotes y a Canela, los dos gatos de la casa. Es lo mínimo que uno puede hacer cuando la ciencia te avisa que el enemigo, a veces, puede estar durmiendo encima de la cama.

YB
Yanina BenítezSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo