El pibe de Rávena que le robó el trono a Lautaro y ahora no lo quiere soltar
Antonio Raimondo, delantero de 22 años, convirtió tres goles en el 4-2 de Frosinone sobre Sassuolo y quedó como máximo anotador de la Serie A con ocho tantos, uno más que Malen y tres por encima del Toro.
Digan lo que quieran del verano, pero a mí este calendario ya me quemó la espalda. La térmica en Buenos Aires pasa los treinta y uno y pensar en fútbol italiano es como abrir la heladera y encontrar la bandeja de cubitos vacía: una decepción. Igual, lo que pasó en el Benito Stirpe bien vale el viaje imaginario, porque Raimondo, un pibe de veintidós años nacido en Rávena, se calzó la gorra de capocannoniere de la Serie A y se la acomodó como si la hubiera tenido siempre.
Cinco goles en media hora
El partido arrancó eléctrico y no aflojó hasta el descanso. A los nueve, Calò robó una pelota en la salida y puso el uno a cero para Frosinone. A los quince, Berardi se comió la banda derecha como si viniera con delivery desde el mediodía y firmó el empate en mano a mano con el arquero. A los veintiséis, Raimondo empujó al segundo palo un centro desde la derecha y ya empezaba a dar señales de su tarde inspirada. Cuatro minutos después llegó la perlita: Caleta-Car cabeceó para atrás, el arquero Muric salió a despejar como quien sale a sacar el auto del garage, calculó mal y quedó varado en el área chica. Raimondo, que nunca dejó de correr, controló con el pecho y definió sin oposición. Dos a dos en el marcador, tres a uno para los libros de historia.
Antes del cierre, Thorstvedt achicó la diferencia con un remate cruzado y el primer tiempo cerró tres a dos con cinco goles en treinta y seis minutos. La hinchada local se fue al entretiempo con la misma cara con la que uno sale de un asado cuando ya peleó por la última achura pero todavía le queda otro corte en la parrilla.
El tercero y la cima de la tabla
En el complemento la cosa se aplacó como charla después de las dos de la mañana. Hasta que a los cincuenta y siete, Ghedjemis ganó por izquierda, cabeceó al medio y Muric rechazó a medias. La pelota quedó boyando en el área como flotando en una pileta de lona. Raimondo llegó antes que todos y la mandó a guardar para completar el triplete y sellar el cuatro a dos definitivo.
- Con ese tanto, el delantero llegó a ocho goles oficiales en la temporada, una marca que comparte la punta con Malen pero lidera en el campeonato.
- Lautaro Martínez, del Inter, suma cinco tantos y quedó tres por debajo del pibe de Rávena.
- Alvini lo sacó a los noventa entre aplausos de un Stirpe que lo despidió como se despide a un delivery que llega antes de lo previsto.
Y acá aparece la pregunta del millón, la que sobrevuela al menos desde que el brasileño Hulk hizo un arranque así en el Porto y después se acordó de cómo vivía antes: ¿puede Raimondo sostener este ritmo? Mi pronóstico, con derecho a equivocarme como siempre, es que lo más probable es que baje, porque ocho goles en ocho partidos es el tipo de promedio que ni Lewandowski en sus mejores doce meses sostuvo. Pero ojo: a veces aparecen pibes que llegaron al fútbol grande con la heladera llena y el aire acondicionado puesto, y este Raimondo tiene la calma de alguien que ya sabe dónde están las llaves del portón. Habrá que ver si el barro europeo lo empaña o lo pule.
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