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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

Entre alambrados que se borran y ballenas que llegan a la costa: la propuesta de Las Charas en Península Valdés

A 50 kilómetros de Puerto Madryn, una estancia fundada en 1924 y extendida sobre 7.328 hectáreas combina caminatas por la estepa, observación de fauna marina desde la Bahía de las Ballenas y visitas a una colonia de lobos marinos que se asoma sobre acantilados de unos 15 metros.

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva · · lectura 4 min
Entre alambrados que se borran y ballenas que llegan a la costa: la propuesta de Las Charas en Península Valdés

El viaje desde Puerto Madryn hacia Las Charas arranca sobre asfalto y termina, después de 50 kilómetros, en un tramo de tierra que se interna durante cinco kilómetros hacia el casco de la estancia, en pleno corazón de la Península Valdés, en Chubut. Guillermo Paats, encargado de la gestión turística del establecimiento, estima que ese recorrido toma entre 35 y 40 minutos, un dato menor en comparación con la inmensidad del golfo Nuevo que empieza a asomarse a medida que el vehículo avanza hacia el sur.

Ballenas desde la costa y restos que cuentan la historia del golfo

La estrella del lugar es la Bahía de las Ballenas, donde la Ballena Franca Austral suele dejarse ver entre junio y diciembre, aunque la propuesta apunta a un público que prefiere quedarse con los pies sobre la costa en lugar de embarcarse. Desde la orilla, guías naturalistas explican el funcionamiento del golfo y aprovechan para que los visitantes identifiquen restos óseos de ballenas que quedaron incorporados al paisaje, una manera directa de leer la historia del lugar sin intermediarios. Paats aclara que la actividad estrella es la observación desde tierra, y que la navegación en Puerto Pirámides figura como una opción adicional para quienes quieran completar la jornada con una salida al agua.

El programa completo, bautizado Costa de Gigantes, arranca a las 8.30 y se extiende hasta cerca de las 16, con observación desde tierra, una caminata interpretativa y, de manera optativa, la navegación en Puerto Pirámides. La tarifa informada para esa salida es de $225.000 por adulto y $185.000 para menores de 12 años, sin incluir la entrada al Área Natural Protegida de Península Valdés; la navegación, en tanto, se ofrece a $195.000 por adulto con un 50% de descuento para menores, y tampoco contempla almuerzo. El programa se mantiene vigente, según lo informado, hasta el 15 de octubre.

Lobos marinos, acantilados y una estancia que eligió borrar sus alambrados

La segunda pata de la propuesta conduce a una colonia de lobos marinos de un pelo, observable durante todo el año, que se instala sobre acantilados de aproximadamente 15 metros de altura. El recorrido demanda entre cuatro y cinco horas y suele coronarse con una visita a la casa principal, donde el casco de la estancia ofrece alternativas para tomar el té o almorzar con el golfo como fondo.

  • Recorrido total desde Puerto Madryn: 50 kilómetros por asfalto más cinco kilómetros de tierra hasta el casco.
  • Programa Costa de Gigantes: de 8.30 a 16, con observación desde la costa y caminata interpretativa; la navegación en Puerto Pirámides es opcional.
  • Colonias de lobos marinos: salida de cuatro a cinco horas, todo el año, sobre acantilados de unos 15 metros.
  • Establecimiento fundado en 1924, sobre 7.328 hectáreas, donde se retiraron los alambrados para favorecer la recuperación de la vegetación autóctona.
  • Recomendaciones para la visita: vestimenta en capas, calzado de trekking, gorra, anteojos de sol y protector solar.
  • Advertencia: algunos tramos presentan pendientes que pueden dificultar la circulación a personas con movilidad reducida.

El contraste entre el discurso ambiental y lo que se ve en el terreno resulta elocuente cuando uno se para frente a esos campos que la estancia dejó deambular sin divisiones. Fundada en 1924 y extendida sobre 7.328 hectáreas, Las Charas ya no carga ovejas ni mantiene los alambrados que solían fragmentar el paisaje; según Paats, la administración resolvió retirarlos para favorecer la recuperación de la vegetación autóctona, una decisión que cambia la fisonomía del lugar y devuelve a la estepa una continuidad que durante décadas estuvo atravesada por hilos de púas. En un punto donde la Patagonia suele exhibir su costado más árido, ver un campo que elige borrarse a sí mismo para volver a parecerse a lo que era antes de la hacienda resulta, cuando menos, una imagen que invita a repensar el vínculo entre producción y conservación.

“Decidimos retirar los alambrados para favorecer la recuperación de la vegetación autóctona.”Guillermo Paats, encargado de la gestión turística de Las Charas

Con el calendario corriendo hacia el final de la temporada de ballenas y los campos empezando a mostrar los primeros tonos del otoño patagónico, la pregunta que queda dando vueltas es si la conversión de una estancia ovina en un destino de turismo de naturaleza terminará sirviendo como ejemplo para otros campos de la región o si quedará como una excepción amable en medio de un paisaje que, salvo por estos 7.328 hectáreas, sigue dividido alambrado de por medio.

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva

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