Kenzo Tenma, la postura encorvada y la insistencia de Urasawa: los detalles de cómo se hizo Monster, la serie animada que respetó cada página del manga
El thriller policial que Naoki Urasawa publicó durante la década del noventa se transformó en una serie de 74 episodios a manos del estudio Madhouse, con una condición innegociable del autor: adaptar la obra completa, sin recortes ni relleno, y revisar él mismo cada gesto del protagonista.
Suelo decir que hay dos clases de adaptaciones: las que miran el material original como una sugerencia y las que lo tratan como un mapa del que no se puede apartar ni un milímetro, y créanme que esta vez estoy ante la segunda clase, porque lo que vamos a contar hoy es la historia de cómo una obra monumental del manga japonés se transformó, página por página, en una serie animada sin que nadie se tomara la libertad de cambiar nada, y eso, para un portal de noticias, es una rareza que vale la pena repasar con tiempo y con la mesa servida.
Antes que nada, conviene situarse en el galpón, o mejor dicho en la sala: estamos en el estudio Madhouse, en 2004, cuando se estrena Monster, una serie de animación que traslada a la pantalla el thriller policial que Naoki Urasawa escribió y dibujó entre 1994 y 2001. La adaptación suma 74 episodios, una cifra que ya anticipa el tamaño del proyecto, pero el dato realmente jugoso no es cuántos capítulos tiene sino cómo se llegó a esa cantidad, porque el número no fue una decisión caprichosa del equipo creativo sino el resultado de un acuerdo explícito con el autor.
La condición del mangaka
El diseñador de personajes Shigeru Fujita fue quien contó, en distintas entrevistas recogidas por publicaciones especializadas, el mecanismo interno de la producción, y lo que explica es que el permiso para adaptar Monster estuvo atado a un compromiso muy claro: el manga debía trasladarse de manera íntegra, sin que se modificaran escenas ni diálogos, y sin que se introdujeran episodios de relleno para estirar la trama. En otras palabras, la negociación la abrió Masao Maruyama, al frente de Madhouse, y la cerró el propio Urasawa, que pidió adaptar sin omisiones, capítulo a capítulo, como si cada viñeta fuera un documento que no admite tachaduras.
La postura de Tenma
Una vez garantizado el respeto por el material original, la producción pasó a otra etapa, más minuciosa, que tiene que ver con la forma en que se dibujó al protagonista, Kenzo Tenma, el neurocirujano japonés que termina convertido en perseguidor de un asesino serial en la Alemania de los años ochenta. Fujita recordó que, a partir de un determinado punto del relato, Urasawa pidió que Tenma apareciera con la cabeza baja y la espalda curvada, una indicación que no era decorativa sino narrativa, porque ese cambio de postura acompaña el derrumbe interior del personaje y su obsesión por encontrar a Johan Liebert, el villano que le cambió la vida.
Para sostener ese nivel de detalle, Urasawa no se limitó a entregar el material y desentenderse: participó de numerosas reuniones con el equipo y dio instrucciones precisas sobre escenas específicas, en especial sobre cómo se movía y se expresaba Tenma en los momentos clave. El resultado fue una serie en la que el seguimiento del creador atravesó tanto la selección del contenido como la gestualidad del protagonista, algo que no se ve todos los días en una producción de esta escala y que, para mí, marca la diferencia entre una adaptación correcta y una adaptación de autor.
El resto del catálogo animado de Urasawa
- Yawara!: una serie centrada en el judo que también fue llevada a la animación por Madhouse.
- Master Keaton: la historia del investigador mitad inglés mitad japonés que tuvo su propia serie.
- Pluto: la reinterpretación de un arco de Astro Boy que Urasawa firmó y que también llegó a la pantalla animada.
Lo que se lleva el lector
Yo, que a esta altura ya vi unas cuantas adaptaciones de manga, me quedo con la idea de que Monster es un caso de manual cuando se quiere mostrar qué pasa cuando el autor no delega del todo: una serie de 74 episodios, sin relleno, con un protagonista cuya postura corporal fue discutida capítulo a capítulo y con un creador que se sentó a la mesa cada vez que hizo falta. ¿Qué valorás más cuando un manga se convierte en serie: que respeten cada página o que se tomen libertades para sorprender? Esa pregunta, y un buen plato de comida casera mientras la debatís en casa, es el mejor cierre que podemos dejarles hoy.
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