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DOM, 18 OCT 2026
Economía

La crecida del Paraná ya golpea la góndola: prevén hasta 10% más en la carne antes de las Fiestas

El Niño empuja al río a caudales inéditos en décadas, llena de agua las represas y deja a Corrientes con cientos de evacuados. Para el consumidor, el primer efecto se siente en los cortes vacunos, mientras la hidroelectricidad promete amortiguar la suba en las tarifas.

IK
Ingrid KowalczukCampo y yerba · · lectura 3 min
La crecida del Paraná ya golpea la góndola: prevén hasta 10% más en la carne antes de las Fiestas

En las últimas jornadas, el precio del kilo de hoja verde de la carne vacuna en el Mercado de Hacienda de Liniers volvió a quedar por encima de los 2.300 pesos, una referencia que el mostrador traduce en cortes cada vez más difíciles de pagar para una familia tipo en la recta final del año, y los operadores privados ya descuentan que ese traslado a la góndola se profundice hasta llegar a un 10% adicional antes de las Fiestas, en buena medida porque la oferta de hacienda viene ajustada desde hace meses y la demanda estacional empuja hacia arriba sin que el consumo, que sigue en niveles históricamente bajos, logre compensarlo.

La causa inmediata no es ganadera sino climática: el avance de El Niño sobre el litoral argentino hizo que el Paraná superara los 26.300 metros cúbicos por segundo en los últimos días, un registro que equivale a llenar diez piletas olímpicas por segundo y que obligó a la represa de Yacyretá a abrir las compuertas del vertedero principal, una decisión de manejo hidráulico que los técnicos de la Entidad Binacional venían postergando para no agravar la situación aguas abajo y que, sin embargo, terminó siendo inevitable frente a la persistencia de las lluvias en la cuenca alta.

Corrientes, bajo agua y con el pico todavía por venir

En la provincia de Corrientes se contabilizan alrededor de 500 evacuados y el río ya se proyecta a superar los siete metros frente a la capital provincial, una marca que no se veía desde hace más de dos décadas y que puso en alerta a los barrios ribereños, mientras los especialistas del Instituto Nacional del Agua advierten que lo peor todavía no llegó: el torrente que baja por el Paraná tardará unos veinte días en alcanzar el Delta, lo que significa que el impacto sobre las islas, la pesca artesanal y la logística fluvial todavía está en formación.

El contraste entre lo que dice el organismo y lo que se ve en la chacra es notorio: mientras los reportes oficiales de la Prefectura Naval y del Servicio Meteorológico Nacional describen caudales extraordinarios pero controlados a través de las represas, en las estancias de la zona de islas los productores ya perdieron pasturas, debieron trasladar hacienda a zonas altas y comenzaron a registrar mortandad de animales, una situación que en el corto plazo achica aún más la disponibilidad de carne para faena justo en el momento del año en que la demanda estira al máximo.

“Acá te lo resumo rápido: el campo está inundado, la hacienda se muere o se va, y la carne que llega al mostrador va a valer más. Mientras tanto te dicen que la energía va a bajar porque hay más agua en las represas. Dos varas distintas para un mismo río.”Marcelo Duarte, colonia San Francisco, departamento Bella Vista, Corrientes

En el plano estrictamente energético, la película luce más amigable para el bolsillo: el exceso de agua en los ríos incrementa la generación hidroeléctrica, la más barata del sistema eléctrico argentino, lo que en condiciones normales debería reducir el costo marginal y descomprimir la presión sobre las tarifas, sobre todo en un verano en el que las centrales térmicas que queman gas oil o fuel oil suelen marcar el precio cuando la demanda se dispara por el uso de aires acondicionados, una ecuación que el propio despacho de Cammesa viene monitoreando hora por hora para evitar que la suba del caudal termine encareciendo, paradójicamente, la energía en lugar de abaratar la carne que se cocina con ella.

Aun con ese contrapeso, la pregunta de fondo que dejan estas semanas sigue siendo la misma de siempre y se cuela en cada conversación de almacenero y de productor: si las represas se llenan, si los rindes agrícolas prometen una cosecha gruesa siete millones de toneladas por encima de la tendencia y si el río baja, ¿quién se queda finalmente con la diferencia entre el mostrador y la tranquera, entre el precio mayorista y la góndola, entre el kilovatio generado en Yacyretá y la factura que llega a fin de mes? La respuesta, por ahora, parece repartirse entre frigoríficos, comercializadores y formadores de precio, mientras el colono correntino mira cómo el agua se lleva lo que queda del campo.

IK
Ingrid KowalczukCampo y yerba

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