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VIE, 16 OCT 2026
Economía

La dispersión que no se ve en la góndola: en frutas y verduras la diferencia entre supermercados trepa al 9,2%

El informe de la Universidad de San Andrés muestra que la Patagonia se ubica un 3,4% por encima del promedio nacional y que el Gran Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires quedan, en cambio, por debajo de esa media. Frutas y verduras son el rubro donde más se nota la brecha entre cadenas, mientras que farmacia se mantiene como el eslabón más parejo del relevamiento.

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Ingrid KowalczukCampo y yerba · · lectura 3 min
La dispersión que no se ve en la góndola: en frutas y verduras la diferencia entre supermercados trepa al 9,2%

El ticket del supermercado empieza a mostrar sus asimetrías mucho antes de llegar a la línea de caja, y el Indicador de Coyuntura Económica de la Escuela de Negocios de la Universidad de San Andrés, correspondiente a octubre de 2026, vuelve a poner el foco sobre un punto incómodo: no todas las cadenas cobran lo mismo por los mismos productos, ni todas las regiones del país conviven con el mismo nivel de precios. De hecho, el relevamiento que la casa de altos estudios construyó sobre la base del Sistema Electrónico de Publicidad de Precios Argentinos (SEPA) muestra que durante septiembre de 2026 las frutas y verduras registraron una dispersión del 9,2% entre los distintos supermercados que integran la comparación, un guarismo que duplica con holgura el promedio general del 3,6% observado al promediar las diecisiete categorías relevadas a lo largo del año.

Regiones que no se mueven al mismo ritmo

La foto territorial que dibuja el trabajo académico coloca a la Patagonia en la cima de la tabla, con un nivel de precios que se ubica un 3,4% por encima de la media nacional, en tanto que el Gran Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires aparecen, en el otro extremo, un 5,5% y un 5,2% por debajo de ese mismo promedio, respectivamente. Entre la zona más cara y la más barata media una distancia de 8,9 puntos porcentuales, una brecha que no se distribuye de manera uniforme entre los distintos rubros: en golosinas, por ejemplo, la Patagonia se dispara un 16,1% por encima del promedio nacional mientras que la Ciudad de Buenos Aires se hunde un 16,5% por debajo, lo que habla menos de un patrón geográfico estable y más de comportamientos sectoriales con lógica propia.

  • Frutas y verduras: 9,2%
  • Comidas preparadas: 5,8%
  • Carnes: 3,9%
  • Almacén: 3,7%
  • Desayuno y merienda y golosinas: 3,6%

Dónde conviene mirar dos veces antes de pagar

Para los consumidores que tienen el hábito, o la posibilidad, de recorrer más de un comercio antes de cargar el changuito, el relevamiento ofrece un mapa preciso de dónde se juega el partido. En el extremo de mayor uniformidad aparecen tres rubros en los que la diferencia entre cadenas no llega a inquietar al bolsillo: farmacia se sostiene con apenas un 1,8% de dispersión, seguida por electrodomésticos con un 2,1% y por panadería con un 2,4%, lo que sugiere que en esos segmentos la competencia de precios o la regulación ya tienden a equiparar la oferta. En el medio de la tabla se ordenan los productos frescos, con un 3,5%, limpieza y bebidas con un 3,4%, y congelados y cuidado infantil, ambos con un 2,9%, mientras que en la cima de la dispersión las frutas y verduras y las comidas preparadas confirman que el segmento de frescos y elaborados sigue siendo el terreno más desigual de la góndola.

El informe subraya, además, que el promedio del 3,6% en la dispersión entre supermercados se mantuvo durante 2026 dentro de una franja estrecha que va del 3,5% al 3,7%, lo que vuelve a las frutas y verduras no merely un caso testigo sino una excepción estructural: un rubro en el que la diferencia entre pasillos termina siendo casi tres veces mayor que la del resto. En un contexto donde la comparación de precios aparece como una de las pocas herramientas defensivas al alcance del consumidor, el dato abre un interrogante incómodo sobre a dónde se dirige esa diferencia: si a los márgenes de cada cadena, a la logística de las economías regionales, a los acuerdos con los proveedores del segmento o, lisa y llanamente, a la inelasticidad de una demanda que no siempre puede elegir dónde comprar las peras, las manzanas y las hojas verdes que terminan cada noche en la mesa.

IK
Ingrid KowalczukCampo y yerba

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