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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

La galaxia de Lucas vuelve a las pistas: el 6 de octubre se enciende el motor de Star Wars: Galactic Racer

El nuevo juego de carreras de la saga, desarrollado por Fuse Games y publicado por Secret Mode, apuesta por una campaña con estructura roguelite, modo arcade y competencias online para doce pilotos en PlayStation 5, Windows y Xbox Series X/S.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos · · lectura 6 min
La galaxia de Lucas vuelve a las pistas: el 6 de octubre se enciende el motor de Star Wars: Galactic Racer

Yo no había cumplido los diez cuando mi viejo me llevaba al videoclub del barrio y me dejaba elegir una sola cassette para el fin de semana. Casi siempre volvía a casa con La guerra de las galaxias en la mano, esa que empezaba con una nave cruzando la pantalla de arriba abajo mientras la música se alzaba como si el cielo mismo estuviera contando algo. Por eso, cuando me confirmaron que el seis de octubre de 2026 va a salir Star Wars: Galactic Racer, sentí que algo de aquella infancia estaba volviendo, aunque fuera en formato digital y con joystick en lugar de butaca de cine. La propuesta, que llega de la mano de Fuse Games como estudio desarrollador y de Secret Mode como editora, se presenta como una manera fresca de correr dentro de la galaxia creada por George Lucas, y lo hace con una promesa que a esta cronista le resulta irresistible: no alcanza con tener el auto más rápido, también hay que saber cómo armarlo carrera a carrera.

El juego va a estar disponible en PlayStation 5, en Windows y en Xbox Series X/S, y desde el vamos queda claro que apunta a dos clases de público bien definidas. Por un lado, está el fan de la saga que quiere ver de cerca Tatooine, Jakku o Crait mientras aprieta el acelerador. Por el otro, está el jugador de carreras que busca un sistema con más capas que un simple «el que llega primero gana». En ese cruce aparece la idea más interesante del título: una campaña con estructura roguelite, organizada en recorridos que el juego llama giras, en la que el vehículo arranca casi de cero y se va construyendo a medida que se eligen mejoras entre una carrera y la siguiente. Tres decisiones por competencia, referidas a velocidad, vitalidad o arranque, le van dando forma a una máquina que termina siendo tan personal como la forma de pilotear de cada uno.

Los vehículos y las clases del piloto

Antes de meterse en una pista, el jugador tiene que elegir con qué se va a meter en ella. Galactic Racer ofrece tres tipos de vehículos bien diferenciados: el speeder terrestre, la moto speeder y el speeder rasante, cada uno con su comportamiento, su estética y sus limitaciones. A eso se suma la posibilidad de cambiar modelos y pinturas, una puerta de entrada a la personalización que siempre tientan a los que, como yo, perdemos media hora eligiendo el color del casco antes de aceptar la primera carrera. Pero la personalización no se queda en lo decorativo: hay características que inciden de manera directa en la competencia, de modo que cambiar un componente puede significar la diferencia entre quedarse en el podio o ver la carrera desde la grúa de la pista.

A la configuración del vehículo se le suma la del piloto, y acá el juego se permite otro guiño a la hora de armar la estrategia. El protagonista de la campaña se llama Shade y, a lo largo de las giras, puede ir adoptando distintas actitudes que funcionan como clases o arquetipos. Entre las alternativas aparecen el bravucón, el ingeniero, el incendiario y el sangre fría, cada una con habilidades vinculadas a condiciones específicas de los circuitos. Hay una, por ejemplo, que sirve para que el frío de ciertos planetas no pase factura al corredor, algo que en una saga donde se congela hasta el sudor de los wookiees no suena nada mal. La preparación, entonces, no se agota en aceitar motores: también pasa por decidir qué tipo de piloto se quiere ser en cada gira.

La campaña, el arco de Shade y la sombra de Sebulba

La historia de la campaña pone a Shade compitiendo en la Liga Galáctica frente a un rival que aparece como la contracara del protagonista: Kestar Bool. El recorrido arranca prácticamente de cero, tanto en lo narrativo como en lo mecánico, y va creciendo a medida que se suman mejoras, habilidades y experiencia. Las giras atraviesan planetas conocidos por cualquier fan de la saga, como Jakku, Lantaana y Ando Prime, con variaciones de clima y de circuito que obligan a replantear la estrategia carrera tras carrera. El punto más alto del arco llega en Derven Acos, la carrera final, donde aparece un nombre que a los seguidores de las competencias en el universo de Lucas les va a sacar una sonrisa amplia: Sebulba, el mismo tracas Dug que en El fantasma de la amenaza se llevaba por delante a medio grilla, vuelve como rival a vencer en el momento más importante de la campaña.

Modo arcade y el multijugador online para doce pilotos

Para los que no quieran meterse en la campaña o simplemente tengan ganas de una carrera rápida, el juego ofrece un modo arcade con escenarios propios que también forman parte del imaginario de la saga. Aparecen Tatooine, Sentinel 1 y Crait como algunos de los circuitos disponibles, y la particularidad es que parte de ese contenido no se desbloquea de entrada: para habilitarlo hay que cumplir objetivos dentro de las giras, como registrar determinados tiempos en pruebas contrarreloj o conseguir, al menos, una medalla de bronce en otras competencias. Es una manera inteligente de atar las dos modalidades y de evitar que el arcade se convierta en un cajón separado del resto de la experiencia.

El otro gran plato del menú es el multijugador online, que admite hasta doce participantes en la misma carrera. No es un número menor: en un género donde muchas veces se corre de a cuatro o de a seis, pasar a una grilla de doce obliga a repensar la lectura de cada curva y a aceitar el juego sucio cuando hace falta, algo que, siendo honesta, en Tatooine viene como anillo al dedo. El juego funciona sobre Unreal Engine 5, lo que abre la puerta a un apartado visual con más detalle del que suelen tener los títulos de carreras, y cuenta con la dirección de Matt Webster y con la música de Gordy Haab, un compositor que ya tiene kilómetros recorridos dentro del universo Star Wars y que sabe cómo hacer sonar a una galaxy far, far away sin que suene a déjà vu. En definitiva, Galactic Racer no viene a reemplazar a los simuladores de Fórmula 1 ni a los arcades puros y duros: viene a ocupar ese rincón intermedio donde la nostalgia de la saga se cruza con la mecánica del roguelite y la adrenalina de una largada con once pilotos al lado. Para los que, como esta cronista, crecieron con la cassette prestada del videoclub, la cita es el seis de octubre, con el joystick cargado y la música de Haab lista para sonar.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos

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