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DOM, 18 OCT 2026
Economía

La mora de las familias se acerca al 13% y deja al descubierto que el crédito se volvió una herramienta para llegar a fin de mes

El incumplimiento en los préstamos a hogares casi se duplicó en un año y los analistas advierten que el descenso, si llega, será muy lento. Un relevamiento muestra que más de un cuarto de los créditos se usó para comprar alimentos.

IK
Ingrid KowalczukCampo y yerba · · lectura 4 min
La mora de las familias se acerca al 13% y deja al descubierto que el crédito se volvió una herramienta para llegar a fin de mes

El incumplimiento en el pago de créditos de las familias se ubicó en 12,81% en agosto, apenas una décimas por debajo del registro de julio, pero entre los niveles más altos de los últimos veinte años. En términos anuales, el indicador casi se duplicó: un año atrás se encontraba en 6,6%, lo que representa un salto de 6,21 puntos porcentuales en doce meses. Para dimensionar el fenómeno, basta con recordar que estamos ante un stock de deuda de hogares que se atrasa a un ritmo que el sistema financiero no veía desde los peores tramos de la crisis posterior a la Convertibilidad.

Para las empresas, en cambio, la irregularidad fue de 3,8% en agosto, con una suba de 0,18 puntos frente a julio, y el ratio total de mora del crédito al sector privado cerró en 7,75%, prácticamente sin cambios respecto del 7,73% del mes anterior. La brecha entre hogares y firmas, que llegó a ser ínfima, se ensanchó otra vez: mientras las empresas financian capital de trabajo con fondeo bancario, las familias están pidiendo plata para comer.

El crédito se transformó en un instrumento de subsistencia

Los datos del uso del financiamiento dejan en evidencia el punto más sensible del cuadro. Según un relevamiento de la Fundación Pensar, el 26% de quienes sacaron un préstamo lo destinó principalmente a comprar alimentos; el 21%, a gastos cotidianos del hogar; el 15%, a pagar servicios, impuestos u otras obligaciones, y el 14%, a cancelar otras deudas. Es decir, prácticamente cuatro de cada diez familias que recurren al crédito lo hacen para cubrir la mesa o para refinanciar compromisos previos, dos indicadores que muestran que el sistema financiero está funcionando, en los hechos, como un sostén del consumo básico.

La situación golpea con más fuerza a los sectores de menores ingresos. El atraso en los pagos alcanza al 72% de los hogares de la franja más baja, frente al 30% de los estratos de mayores ingresos. La diferencia no es sólo de capacidad de pago: es de exposición, porque la economía informal, los trabajos sin registración y la ausencia de colchones de ahorro hacen que cualquier shock termine en una cuota vencida.

“Se tocó el pico de la mora y nosotros la vemos bajando. Este año no va a bajar sustancialmente. Va a bajar muy de a poco, y va a terminar en un número más alto del que empezó.”Fabián Kon, CEO del Grupo Galicia

El comercio minorista también muestra un cuadro crítico

La mora no se concentra sólo en bancos: en agosto, el 44,8% de los créditos otorgados por supermercados y cadenas de electrodomésticos estaba en situación irregular, casi el doble del 23,3% que registraba en el mismo mes de 2025. Los datos surgen de un análisis de la consultora EcoGo sobre la Central de Deudores del BCRA y estadísticas del INDEC. Para los comerciantes, el dato encarna una paradoja dura: las ventas se sostienen con cuotas, pero cada vez menos clientes completan el pago, y eso termina licuando los márgenes de un sector que vive del financiamiento.

Asesoramiento gratuito en la Ciudad

En este escenario, la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires realizará el martes un operativo de asesoramiento gratuito en barrios porteños. Especialistas atenderán consultas sobre endeudamiento, morosidad y finanzas personales en el Club Giuffra, Perú 1243, en San Telmo. La iniciativa no es menor en un contexto en el que miles de familias se acercan a un banco o a una financiera no para ahorrar ni para invertir, sino para tratar de ordenar un calendario de cuotas que ya no pueden sostener.

¿Quién se queda con la diferencia entre un crédito que se paga y un crédito que se atrasa? Los bancos, que cargan previsiones, encarecen el financiamiento y encarecen también las tasas de los que sí cumplen; los comercios, que financian con margen propio; las familias, que pagan punitorios e intereses sobre intereses; y el Estado, que ve cómo la cadena de pagos se vuelve más frágil. La pregunta, en definitiva, no es sólo cuánto va a bajar la mora en los próximos meses, sino quién termina pagando el costo de un sistema que, como muestra el 26% que pidió prestado para comprar alimentos, ya está siendo usado como último recurso antes que como herramienta de progreso.

IK
Ingrid KowalczukCampo y yerba

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