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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

La terapia grupal que se armó en Otro día perdido cuando Gabriel Rolón se sentó entre Botto y Rada

La visita del psicoanalista derivó en un ida y vuelta de reclamos en broma entre Evelyn Botto, Soy Rada y Mario Pergolini, que incluyó confusiones de nombres, besos no dados y un follow desafectado en Instagram.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos · · lectura 3 min
La terapia grupal que se armó en Otro día perdido cuando Gabriel Rolón se sentó entre Botto y Rada

Hay una vieja costumbre en la radio argentina que dice que cuando el psicoanalista se sienta en medio de dos compañeros, algo termina confesándose. Esta vez la fórmula se cumplió en Otro día perdido, el ciclo que Mario Pergolini conduce en Radio Pop, y el diván fue, claro está, humorístico. La visita de Gabriel Rolón arrancó con una decisión de sillones que parecía menor y terminó convertida en una terapia grupal de chistes, reproches y resoluciones pendientes entre los integrantes del equipo.

El reparto de asientos y el principio del juego

Lo que en cualquier programa hubiera sido un detalle de producción se transformó en la llave de toda la emisión. Agustín Aristarán, más conocido como Soy Rada, le ofreció a Rolón ubicarse entre él y Evelyn Botto. Pergolini, desde la otra punta de la mesa, preguntó qué estaban tramando con esa distribución y, casi sin proponérselo, abrió la puerta a los planteos que el equipo tenía guardados sobre el vínculo cotidiano con el conductor. Lo que siguió fue un cruce en el que cada uno llevó su propio tema y el psicoanalista fue acompañando con preguntas y comentarios, como si la nota se hubiera corrido hacia un consultorio al aire.

“Yo te quiero hacer una pregunta, Evelyn, ¿cuánto tiempo más nos vamos a seguir haciendo los nuevos al grupo?”Agustín Aristarán (Soy Rada)

Layla, besos y otras confusiones de la colonia

Botto llevó la conversación hacia el lugar más personal del intercambio. Le preguntó a Pergolini cuánto tiempo seguirían tratándola como la nueva después de un año de trabajo compartido y contó, con tono de queja cariñosa, que el conductor en más de una oportunidad la llamó por otro nombre, Layla, sin que ella pudiera entender la confusión. Pergolini salió del paso admitiendo que tiene dificultades para retener los nombres propios, una explicación que Botto recibió con descreimiento y una sonrisa. El intercambio siguió por el terreno de los saludos: la locutora señaló que su compañero no acostumbra saludarla con un beso, y Rolón, en su rol de mediador, respondió que cada uno tiene maneras distintas de vincularse y de expresar afecto, al tiempo que deslizó que el propio Soy Rada tampoco solía dar besos al cruzarse con el equipo.

El follow que dolió más de lo esperado

El segundo tramo del ida y vuelta lo abrió el humorista con un tema que, en la lógica de las redes, puede sonar menor pero que él presentó como toda una declaración de principios. Contó que Pergolini había dejado de seguirlo en Instagram y que, para colmo, le había anunciado la decisión mientras estaban charlando cara a cara. Para Aristarán, que el conductor figurara entre sus seguidores tenía un valor simbólico que iba más allá de lo digital: le servía, dijo, como una especie de presentación ante terceros, un sello de pertenencia al grupo. Pergolini justificó el unfollow argumentando que las publicaciones frecuentes de su compañero le resultaban aburridas, y Soy Rada le retrucó que bien podría haber silenciado la cuenta sin necesidad de cortar el lazo virtual. Rolón, siempre del lado de las preguntas, observó que dejar de seguir a alguien también puede leerse como un mensaje sobre la relación entre ambos, y dejó flotando la idea de que en la era de los seguidores y los likes hay gestos que se interpretan aunque uno no quiera.

Sobre el final de la dinámica, Pergolini consultó si una terapia grupal busca que todos se lleven bien. Rolón respondió que el objetivo depende de cada situación y le preguntó si se trataba de compañeros que debían seguir trabajando juntos, una definición que dejó al conductor pensando antes de retomar la entrevista. Aristarán cerró con un último reclamo en tono de broma sobre el trato que recibía y las actividades que le proponían, y el conductor dio por terminada la ronda de confesiones y devolvió la charla al terreno del libro y la entrevista. La pregunta quedó rebotando en el aire, y vale repetirla: qué lugar tiene el humor en la convivencia laboral. Si uno mira lo que pasó en este pase, parece que en esta redacción el humor funciona como un canal para decir en broma lo que en serio costaría bastante más.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos

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