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DOM, 18 OCT 2026
Turismo

La Vega, el rincón neuquino donde la familia Garrafa revive una tradición a caballo con los Copahue como horizonte

En la entrada de Caviahue, una cabalgata habilitada por Provincia nació como un regreso a la infancia de los hijos y nietos y hoy apuesta a enseñar que el caballo es parte esencial de la experiencia, no un medio para llegar al paisaje.

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva · · lectura 4 min
La Vega, el rincón neuquino donde la familia Garrafa revive una tradición a caballo con los Copahue como horizonte

Antes de que el primer turista llegue al paraje La Vega, en la entrada misma de Caviahue, la rutina ya lleva varias horas en marcha. En ese tramo inicial del Alto Neuquén, los caballos del establecimiento de la familia Garrafa reciben su alimento, son revisados uno por uno y cepillados con calma, en un ritual matinal que no responde a la puesta en escena que luego verá el visitante, sino que constituye la base silenciosa sobre la que se sostiene toda la cabalgata que se ofrece como producto turístico habilitado por el ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales de la Provincia del Neuquén.

De la crianza familiar a la habilitación provincial

La propuesta lleva el nombre del propio paraje y está en manos de los Garrafa desde hace décadas. El abuelo de la familia realizaba cabalgatas allí cuando sus propios hijos eran chicos; con el paso del tiempo la actividad se fue apagando, hasta que la vuelta al lugar la impulsó él mismo, cuando sus nietos ya habían desarrollado un vínculo propio con los caballos y con ese modo de vida vinculado a la estepa y al macizo volcánico que enmarca la zona. En los primeros seis o siete años, la reapertura no tuvo intención turística: la familia regresó a La Vega simplemente para que los chicos pudieran disfrutar del espacio abierto y de los animales.

La idea de sumar visitantes comenzó a tomar forma recién hace poco más de un año, y encontró en el Estado provincial el primer respaldo formal. El ministerio de Turismo neuquino habilitó al emprendimiento como prestador oficial, un paso que, según la familia, dio seguridad para invertir en infraestructura, ordenar la atención y, sobre todo, garantizar una experiencia de calidad tanto para quienes llegan como para los propios caballos. La habilitación llegó al mismo tiempo que la decisión de imprimirle un sello propio al recorrido.

Un encuentro previo al sendero

  • Alimentar al animal con la ración indicada por quienes lo cuidan a diario.
  • Cepillarlo y observar reacciones para reconocer señales básicas de su estado de ánimo.
  • Recibir información elemental sobre su comportamiento antes de calzarse los estribos.
  • Recién después, salir al sendero que bordea volcanes, montañas y cascadas.
  • Terminar la jornada con merienda casera, como un modo de extender la experiencia más allá de la monta.
“No queremos que el caballo sea visto solamente como un medio para recorrer un sendero. Queremos enseñar a conocerlo, respetarlo y entenderlo.”María René Garrafa, referente del proyecto en La Vega

La frase condensa el planteo de fondo que la familia Garrafa busca transmitir a cada grupo que llega al paraje. Mientras la oferta tradicional de cabalgatas suele arrancar directamente en el animal ensillado y termina al desmontar, aquí la propuesta se diferencia desde el primer minuto: el visitante se acerca al caballo, aprende a alimentarlo y cepillarlo, y recibe información básica sobre su comportamiento antes de sentarse sobre el lomo. Esa instancia, que puede parecer menor, es la que justifica, según María René, todo el resto del recorrido, que se interna entre volcanes, montañas, cascadas y senderos del Alto Neuquén bajo un cielo donde el clima puede cambiar en pocas horas.

La actividad cierra con una merienda casera, ya desmontados, como una manera de estirar la experiencia y de recuperar el cuerpo después de la cabalgata. Mientras tanto, los planes a corto plazo incluyen ampliar el espacio, mejorar los accesos y construir una caballeriza nueva, todas obras que apuntan a ordenar el crecimiento del emprendimiento. A largo plazo, en tanto, la familia se propone algo más profundo que ampliar la atención al turista: sostener esa actividad como modo de vida y, sobre todo, transmitirla a la próxima generación, para que La Vega siga asociado tanto a la crianza respetuosa de los caballos como a un paisaje donde el Copahue marca el horizonte.

En las laderas del Copahue, donde la fauna adaptada al clima cordillerano convive con la silueta permanente del volcán, la propuesta de La Vega se inscribe en una discusión cada vez más presente en la Patagonia: cómo ofrecer turismo de naturaleza sin que el animal termine siendo apenas un instrumento del paisaje. La habilitación provincial intentó poner ordenada a un sector donde durante décadas cada familia resolvió sola su vínculo con el turista, y el Ministerio de Ambiente, a través del área de Fauna, suele insistir en criterios de bienestar que a veces contrastan con lo que después se observa en terreno. En Caviahue, al menos dentro del perímetro de la familia Garrafa, ese contraste parece saldarse desde temprano, en el cepillado de la mañana, antes de que aparezca el primer visitante. ¿Logrará esa lógica sostenerse cuando el flujo de turistas crezca, las caballerizas se llenen y la temporada alta obligue a multiplicar los turnos?

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva

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