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VIE, 16 OCT 2026
Vida

La vitamina D en días grises: cuándo vale la pena controlar y cuándo no hace falta suplementar

Con el cielo tapado durante varios días seguidos, mucha gente se pregunta si hay que salir a comprar un suplemento. La respuesta no es tan sencilla como parece, y un especialista en medicina interna marca el camino: solo algunos grupos deberían prestar atención a sus niveles.

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Yanina BenítezSociedad y vida · · lectura 5 min
La vitamina D en días grises: cuándo vale la pena controlar y cuándo no hace falta suplementar

Son las ocho de la mañana y la cuadra de siempre, la de la calle San Martín al mil trescientos, todavía está en penumbras. El cielo lleva cuatro días cerrado, una llovizna fina que no termina de decidirse, y el termómetro marca apenas nueve grados. Acá en la zona centro, doña Cristina del Carmen, que vive en el segundo piso y siempre se sienta en el banco de la esquina a tomar mate, me para con la pregunta de la semana: Yanina, ¿y si me mando a hacer un análisis de vitamina D? ¿O me tomo directamente una pastillita? La pregunta me dejó pensando, porque en los últimos meses se la escuché a media cuadra, en el quiosco, en la sala de espera del médico de cabecera. Y la respuesta, como pasa con casi todas las cosas que tienen que ver con la salud, depende mucho de quién la está preguntando.

Para empezar a ordenar el asunto, recurrí a Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires. Lo que me dijo es bastante tranquilizador para la mayoría, pero también tiene un llamado de atención para unos cuantos.

Por qué el cuerpo no entra en crisis con un par de días nublados

La vitamina D, como él mismo se encarga de explicar, se fabrica principalmente en la piel cuando recibe radiación ultravioleta B. Eso quiere decir que dependemos, en buena medida, del sol. Ahora bien, cuando el cielo está tapado varios días seguidos, ¿se desploman los niveles? La verdad que no, y por una razón que muchas veces pasamos por alto: el organismo guarda reservas. Esas reservas son las que amortúan las jornadas sin sol. Nosotros podemos pasar una semana entera bajo techo, con cielo cubierto y paraguas, sin que eso se traduzca automáticamente en un déficit.

Además, y esto es algo que se repite en cada nota sobre el tema, las nubes filtran parte de la radiación, pero no la borran del mapa. El fenómeno sigue ocurriendo, aunque en menor intensidad. Por eso, en líneas generales, las variaciones de varios días consecutivos de lluvia o de cielo plomizo no deberían generar una caída significativa en los niveles de vitamina D. Otra cosa, claro, es cuando esas jornadas grises se extienden durante semanas, o cuando la persona ya venía con valores bajos por otros motivos. Ahí la historia cambia.

Quiénes sí deberían mirar sus números con atención

Heredia fue bastante claro cuando le pregunté por los grupos que sí tienen que estar atentos. Y la lista no es menor. Ahí va lo que me dejó:

  • Adultos mayores, porque con el paso de los años la piel pierde capacidad de sintetizar vitamina D.
  • Personas con obesidad, ya que esta vitamina queda retenida en el tejido graso y queda menos disponible para el organismo.
  • Pacientes con enfermedad celíaca, por las dificultades de absorción a nivel intestinal.
  • Personas que atravesaron cirugías bariátricas, internaciones o cuadros críticos, donde la recuperación nutricional requiere un seguimiento puntual.
  • Quien tiene antecedentes de osteoporosis o de fracturas, porque en esos casos la salud ósea está en juego y la vitamina D cumple un rol central.

Para todos ellos, la decisión de pedir un análisis de sangre y, eventualmente, de arrancar un tratamiento, depende de la evaluación médica. No es algo para resolver solos en la farmacia, ni tampoco un tema para postergar hasta el próximo control anual.

La advertencia para los adultos sanos: no automed icarse

Ahora bien, si no entrás en ninguno de esos grupos, la recomendación del especialista es directa: no hay indicación general de suplementar a un adulto sano sin una deficiencia documentada. O sea, sin un análisis previo que muestre valores por debajo de lo esperable, no hay razón para empezar a tomar cápsulas por las dudas.

Y acá viene el dato que a veces se olvida: el exceso también puede hacer daño. Tomar vitamina D en cantidades elevadas puede provocar toxicidad, elevar el calcio en sangre y comprometer la función renal. Es decir, más no siempre es mejor, ni siquiera cuando se trata de una vitamina.

Por las dudas, vale repasar para qué sirve. La vitamina D cumple un rol central en la absorción de calcio y fósforo, dos minerales que son clave para los huesos. Cuando falta, en adultos puede aparecer osteomalacia, que es el reblandecimiento de los huesos, junto con fragilidad ósea y mayor riesgo de fracturas. En chicos, una carencia marcada puede derivar en raquitismo. Además, participa en el funcionamiento muscular y en la regulación del sistema inmune.

Qué comer y qué tener en la mira

Si la idea es sumar vitamina D desde la alimentación, hay algunos alimentos que son aliados de toda la vida. Los huevos, los pescados grasos como el salmón y la caballa, y los yogures fortificados son fuentes reconocidas. Pero ojo con una cosa: cuando ya existe una deficiencia instalada, la dieta sola suele no alcanzar para corregirla. Ahí sí entra la indicación profesional, con dosis y tiempos definidos por el médico.

Mientras el servicio meteorológico siga anunciando días con cielo cubierto acá en la zona centro, lo más sensato es no salir corriendo a comprar un suplemento. Para la enorme mayoría de los adultos sanos, alcanza con esperar que vuelva el sol, mantener una alimentación variada y, en todo caso,char el tema en el próximo control. Para doña Cristina del Carmen, que no tiene antecedentes de osteoporosis ni pasó por una cirugía bariátrica, lo más probable es que esos días grises no le muevan el amperímetro. Y eso, lejos de ser un problema, es una buena noticia.

YB
Yanina BenítezSociedad y vida

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