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VIE, 23 OCT 2026
Entretenimiento

Leandro y el arte de fabular arriba de la ruina: llega a Netflix la nueva comedia española que duele un poquito

Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, los mismos detrás de Vergüenza, presentan una serie de seis capítulos que empieza como sátira aristocrática y termina como una historia de amor improbable, con Antonio de la Torre y Alexandra Jiménez como dúo central.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos · · lectura 5 min
Leandro y el arte de fabular arriba de la ruina: llega a Netflix la nueva comedia española que duele un poquito

Cuando mi abuela de la colonia decía que un buen galpón no se mide por los metros cuadrados sino por la gente que se atreve a entrar, yo todavía no entendía de qué hablaba. Después de ver los primeros dos capítulos de Grande de España, esa frase me volvió a la cabeza como un rayo: hay proyectos que no necesitan un escenario enorme para volverse imprescindibles, sino personajes tan bien plantados que terminan ocupando todo el aire. Eso es exactamente lo que acaban de construir Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, los mismos que ya nos habían regalado la incómoda y excelente Vergüenza, ahora dando el salto a Netflix con una serie de apenas seis episodios disponible desde el 23 de octubre de 2026. Y les advierto: seis capítulos, en un mundo que nos quiere obligar a maratonear veinte horas de pantalla, suenan a casi una herejía. Pero acá esa decisión no se siente como recorte, sino como declaración de principios.

Dos mundos en una misma sala

Antes de hablar del espectáculo hay que describir la sala, y acá la sala es España entera, con sus títulos nobiliarios, sus mayordomos de toda la vida y esa manía tan peninsular de confundir apellido con dignidad. En el centro de la escena aparece Leandro, un aristócrata venido a menos al que Antonio de la Torre le pone el cuerpo y la mirada con esa solvencia que ya le conocemos: un tipo que se obstina en conseguir el título de Grande de España y, sobre todo, en hacer creer a todo el mundo que mantiene una línea directa con el Rey. Frente a él, Alexandra Jiménez encarna el contrapunto perfecto, una mujer de un mundo completamente distinto, y la química entre los dos es de esas cosas que conviene no spoilerarse demasiado: alcanza con decir que la serie sostiene casi todo su peso ahí, en esa dupla imposible que funciona como un mecanismo de relojería emocional.

El reparto suma un nombre clave para entender el clima de la serie: Enric Benavent compone al mayordomo de Leandro, un personaje secundario que desde el primer episodio se planta como una suerte de conciencia silenciosa de la casa, alguien que parece saber siempre un poco más que su patrón. No es un personaje cómico al uso, es más bien un termómetro: lo que él calla, lo que él observa, va marcando la temperatura emocional de cada escena, y ese recurso le da a la serie una capa de melancolía muy elegante que la separa del humor puro y duro.

De la sátira a la fábula, sin pedir permiso

Acá está, para mí, la decisión más arriesgada de Cavestany y Fernández Armero, y la que termina definiendo a esta serie: arrancan con la sátira de la aristocracia española ya servida en bandeja, con el costumbrismo y el gag a la vista, y cuando uno se acomoda esperando que el chiste se repita hasta el final, ellos van bajando el volumen de la caricatura y subiendo el de la emoción. La serie muta,, casi sin que te des cuenta, desde la comedia de estafadores y la comedia romántica más o menos clásica hacia un registro más cercano a la ternura y la melancolía. Y lo hace sin traicionar el tono inicial: simplemente lo va extendiendo, como cuando estirás un chocolate caliente y la textura se va volviendo otra sin dejar de ser lo mismo.

  • Formato breve: apenas seis episodios, una rareza para los estándares actuales de la plataforma, que obliga a los creadores a elegir muy bien qué contar y qué dejar apenas sugerido.
  • Cambio de tono gradual: la sátira de clase alta se va corriendo para dar lugar a la relación entre los protagonistas, que pasa a ser el verdadero motor narrativo.
  • Dúo central como ancla: Antonio de la Torre y Alexandra Jiménez sostienen la serie casi por sí solos, con una química que los primeros análisis ya destacan como lo mejor del proyecto.
  • Personaje del mayordomo: Enric Benavent aporta una capa emocional que recorre toda la serie y le da una lógica interna muy cuidada.
  • Fábula antes que comedia pura: el cruce entre lo divertido y lo agridulce es lo que termina separando a Grande de España de cualquier comedia de enredos al uso.

Yo no voy a engañar a nadie: cuando el material da pie, lo tomo, y este material da para preguntarnos en voz alta si una comedia de seis capítulos puede construir personajes que valga la pena recordar o si el formato corto siempre, por definición, te deja la sensación de que algo quedó en el tintero. La respuesta honesta, a esta altura, es que Grande de España se inclina por el sí con argumentos, pero también deja algunas puntas del entorno sin terminar de desenvolver, y eso forma parte del precio que se paga por elegir la síntesis. Lo que no se le puede discutir es la decisión de tomarse en serio a sus personajes, incluso cuando la historia arranca haciendo reírse de ellos.

En cuanto al dónde y al cuándo, la cita es clara: se estrena este viernes 23 de octubre de 2026 en Netflix, y a esta altura ya sabemos que la plataforma se encarga de que cada uno la vea en el sillón que más le guste, con la comida que prefiera. Si me dejan recomendar, les diría que se la preparen como un tapeo largo y de conversación: un poco de jamón, algo de queso, una copa de vino que no apure, y permiso absoluto para pausar cuando la emoción lo pida. Porque esta serie, finalmente, no se mira: se acompaña, y eso, en estos tiempos, ya es casi un acto de resistencia.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos

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