Mafalda sigue convocando multitudes en el corazón de San Telmo: una recorrida para vecinos y turistas
La esquina de Chile y Defensa se vuelve punto de encuentro para fotografiarse con la estatua del personaje de Quino, y la feria dominical ofrece artesanías, mates y cerámicas con su imagen. Acá en la zona centro, el paseo invita a caminar entre puestos, esculturas y recuerdos, con algunos consejos para aprovechar la salida.
Son pasadas las once de la mañana del domingo y la esquina de Chile y Defensa ya tiene movimiento. Un grupo de turistas espera su turno para sacarse una foto con Mafalda, la estatua que desde hace años forma parte del Paseo de la Historieta porteño. Acá en la zona centro, la escena se repite cada fin de semana: vecinos que pasan a comprar pan, familias que se detienen con los chicos y visitantes que llegan con la cámara lista. Nosotros, los que caminamos estas calles desde siempre, vemos cómo la silueta de la nenacreated por Joaquín Salvador Lavado, Quino, sigue siendo una de las más convocantes del barrio.
Una esquina como punto de partida
Para organizar una salida alrededor de Mafalda en San Telmo, hay una dirección concreta: la esquina de Chile y Defensa. Allí está la escultura que se convirtió en referencia ineludible para quienes quieren llevarse una foto junto a la protagonista de las tiras. El domingo permite combinar esa parada con una recorrida por la feria del barrio, que se extiende sobre Defensa con puestos de antigüedades, artesanías y recuerdos.
Qué se puede conseguir en los puestos
Sobre Defensa, los puestos ofrecen objetos con la imagen de Mafalda en distintos materiales y formatos. La oferta es variada y apunta tanto al turista como al vecino que quiere llevarse un recuerdo a la casa. Entre las piezas más comunes se ven:
- Cerámicas con la cara del personaje en distintos tamaños
- Mates pintados con escenas de la tira
- Cuadernos y agendas con frases atribuidas a Mafalda
- Muñecas tejidas a mano con su característico peinado
- Imanes, pines y pequeños souvenirs para regalar
Sin embargo, conviene prestar atención antes de comprar: entre los artículos oficiales circulan otros que le adjudican al personaje frases que Quino no escribió. Reconocer su cara en un objeto no significa que el mensaje provenga de las historietas. Esa es una de las advertencias que repiten quienes conocen la obra: el personaje es muy popular y eso lo convierte en blanco de frases apócrifas que circulan en redes y en la vía pública.
El barrio se llena de otras estatuas
La presencia del personaje también se extiende a los comercios cercanos, algunos de los cuales instalaron otras esculturas con figuras del universo de Quino. El paseo ofrece así distintas ocasiones para encontrar a Mafalda mientras se camina por la zona, además de la parada principal en Chile y Defensa. Para el humorista gráfico Tute, uno de los rasgos distintivos de la historieta es la complejidad de esas personalidades y la incorporación de los asuntos del mundo a las tiras, un elenco que fue creciendo con Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad.
La fotografía puede requerir algo de paciencia. La esquina reúne a visitantes que esperan para posar junto a Mafalda, por lo que conviene contemplar esa parada al organizar la caminata. La fila forma parte del movimiento alrededor de la escultura, aunque no hay un tiempo de espera informado. Marta, vecina del barrio de toda la vida, cuenta mientras acomoda una bolsa con compras de la feria: "Yo vengo casi todos los domingos y siempre hay gente sacándose fotos. A veces la cola se estira, pero vale la pena porque la nena es parte del barrio". Esa escena, que se repite domingo tras domingo, confirma que Mafalda ya no es solo un personaje de historieta: es parte de la vida cotidiana de San Telmo.
“La nena es parte del barrio. Siempre hay alguien queriéndose sacar una foto con ella.”Marta, vecina de San Telmo
Con la esquina como referencia y la feria como parte de la caminata, la propuesta reúne fotografía, historieta y objetos artesanales en un mismo recorrido por San Telmo. Lo que uno espera al terminar la jornada es haber encontrado, entre puestos y esculturas, un ratito para reencontrarse con un personaje que lleva décadas interpelando a varias generaciones desde las páginas de una tira y, ahora también, desde las calles del barrio.
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