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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

Mostrador de mármol y horno a la vista: seis pizzerías porteñas donde la porción sigue siendo un ritual accesible

Un relevamiento por San Telmo, Barracas, Boedo, Villa Crespo y otros barrios muestra cómo el mostrador sin sillas, la pizza a la piedra y la fugazzeta rellena conviven con precios que arrancan en los $3.500. Hay descuentos por efectivo, fainá de cortesía y una historia que se escribe desde 1932.

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva · · lectura 4 min
Mostrador de mármol y horno a la vista: seis pizzerías porteñas donde la porción sigue siendo un ritual accesible

En Defensa 821, pleno corazón de San Telmo, el mármol del mostrador de Pirilo lleva más de nueve décadas recibiendo a quienes se acercan a comer parados. Fundado en 1932, el local ostenta una de las trayectorias más largas del circuito porteño de pizzerías al corte y, según el relevamiento, mantiene porciones desde $3.500. Detrás de la barra, el horno a leña trabaja como en los primeros días; adelante, no hay una sola silla. La escena resume una costumbre que sobrevive en los barrios de Buenos Aires: resolver una comida en pocos minutos, de pie, con el aluminio caliente en la mano y la vista puesta en la variedad siguiente.

Ese primer escalón de precios lo comparte con El Padrino, en Honorio Pueyrredón 1710, Villa Crespo, abierto desde 1978. Allí la muzzarella también se consigue a $3.500, mientras que la fugazzeta con jamón trepa hasta los $5.500. Como gesto distintivo, cada porción o pizza entera llega acompañada por un pequeño triángulo de fainá, que puede ser simple, picante o de cancha, un detalle que en la calle funciona casi como una firma de la casa y que modifica la relación entre el cliente y el mostrador.

Dos formas de entender la fugazzeta rellena

La fugazzeta rellena, con su masa gruesa abrazando una capa de mozzarella, es uno de los mojones del repertorio porteño y aparece en este relevamiento con diferencias de precio llamativas. En La Mezzetta, sobre la avenida Álvarez Thomas 1321, en Villa Ortúzar, la porción se vende a $4.500. La pizzería funciona desde 1939, no tiene sillas y suma un negocio paralelo: pizzas precocidas para llevar, una salida práctica para el cliente apurado que no quiere resignar sabor.

En la otra punta de la escala, Antonito, en la esquina de Carlos Calvo y La Plata, en Boedo, cobra la fugazzeta rellena a $7.000. La muzzarella allí cuesta $4.000; la napolitana y la de verdura con salsa blanca, $6.000. El pago en efectivo tiene un descuento del 10%, un beneficio que reduce el gasto final y que, en un contexto de inflación persistente, pesa en la decisión de compra. Tras haber cerrado, el negocio reabrió en 2026 con el cocinero Leonardo Díaz y su socio Christian, una reapuertura reciente que vuelve a sumar a Boedo al mapa del corte.

Masa fina, molde y una hora pico que se repite

La discusión entre masa fina y pizza al molde, tan clásica como la muzzarella y la napolitana, encuentra su escenario en Los Campeones, fundado en 1954 y situado en avenida Montes de Oca 856, Barracas. Su especialidad declarada es la pizza a la piedra, aunque prepara ambas versiones para no dejar afuera a ninguno de los dos bandos. La muzzarella vale $4.500 y la fugazzeta, $5.500. Desde el local señalan que el mayor movimiento de venta por porción ocurre entre las 12 y las 15, una ventana de tres horas donde el mostrador no da abasto y la cola, inevitable, se transforma en parte del paisaje.

El Cuartito, en Talcahuano 937, en Barrio Norte, completa la recorrida. Inaugurado en 1934 y administrado por la tercera generación familiar, ofrece la opción menos habitual del listado: la posibilidad de elegir entre mostrador y salón. Sus precios rondan los $4.800 para la muzzarella y los $6.000 para la napolitana, valores que lo ubican en el tramo medio del relevamiento y que confirman la vigencia de un formato donde comer parado y comer sentado conviven bajo el mismo techo.

  • Pirilo (San Telmo): porciones desde $3.500, sin mesas, horno a leña, abierto desde 1932.
  • El Padrino (Villa Crespo): muzzarella a $3.500, fugazzeta con jamón a $5.500, fainá de cortesía desde 1978.
  • La Mezzetta (Villa Ortúzar): fugazzeta rellena a $4.500, sin sillas, pizzas precocidas para llevar, desde 1939.
  • Antonito (Boedo): fugazzeta rellena a $7.000, descuento del 10% pagando en efectivo, reabrió en 2026.
  • Los Campeones (Barracas): pizza a la piedra y al molde, muzzarella a $4.500, pico de ventas entre las 12 y las 15, fundado en 1954.
  • El Cuartito (Barrio Norte): mostrador o salón, muzzarella a $4.800, napolitana a $6.000, administrado por la tercera generación desde 1934.

El recorrido deja una fotografía reconocible: en Buenos Aires, la pizza por porción sigue siendo un termómetro accesible para medir la inflación sin moverse de la vereda. Mientras el precio de los alimentos escala, el mostrador de mármol, el horno a la vista y la fainá de regalo conservan una liturgia que el bolsillo todavía puede bancar. La pregunta que queda dando vueltas es cuánto tiempo más resistirá esa ecuación: si el diferencial entre comer de pie en San Telmo y sentarse en Barrio Norte se mantendrá como una cuestión de elección, o si terminará convertido, otra vez, en una cuestión de clase.

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva

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