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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Rose Belmont toma el látigo: el clan vuelve a París con una cazadora que se balancea entre lo gótico y lo nuevo

Castlevania: Belmont's Curse se estrena el 15 de octubre y pone a la hija de Trevor como protagonista de un Metroidvania 2D ambientado en el París de 1499, con exploración clásica, cartas de tarot y un látigo que sirve tanto para pelear como para colgarse de los techos.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Rose Belmont toma el látigo: el clan vuelve a París con una cazadora que se balancea entre lo gótico y lo nuevo

Yo me acuerdo siempre de mi vieja, que en vez de cuentos de hadas nos contaba la historia del cazavampiros de la colonia, el de la familia esa que peleaba con un látigo contra los monstruos, y nosotros sentados en la galería mientras ella le daba forma a la leyenda con una paciencia de monja. Por eso cuando me senté a probar Castlevania: Belmont's Curse, la primera sensación fue esa, la de volver a una sobremesa de domingo en la que alguien te dice "acordate de esto". Y la verdad es que el juego, que llega el 15 de octubre a PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch y PC, entiende perfectamente cuál es esa herencia y qué es lo que tiene que cambiar para que no parezca un museo interactivo.

Antes que la pantalla, conviene imaginarse el galpón donde se cocina la aventura: el París de 1499, con sus callejuelas góticas devoradas por una niebla que no es meteorológica sino sobrenatural, y por encima, la sombra de Drácula filtrándose en cada baldosa. La historia arranca 23 años después de Castlevania III: Dracula's Curse y deja el mando en manos de Rose Belmont, la hija de Trevor, que ya no es la niña que miraba a su padre pelear contra el Conde sino una joven cazadora con mayor libertad de movimiento y velocidad que sus antecesores. Esa decisión, menor en el papel, cambia toda la textura del recorrido: Rose corre, salta, se cuelga de cornisas y se desliza por conductos con una soltura que los Belmont anteriores no tenían, y eso se nota apenas se cruza la primera puerta del castillo.

El látigo que también es garfio

El látigo sigue siendo el ADN de la familia, pero en Belmont's Curse cumple una doble función que me parece de lo más interesante del paquete: sirve para azotar enemigos y también para colgarse de ciertos puntos del escenario y balancearse por arriba. Esa mecánica, que parece un detalle, termina definiendo la identidad de Rose dentro del linaje: ya no es la heredera que copia a su padre, es una protagonista que pelea y se mueve con el mismo instrumento, y la transición entre exploración y combate sale fluida, sin esos cortes anticuados que tenían los Metroidvania más añejos.

París como laberinto: exploración, atajos y caminos cerrados

La exploración respeta el esquema clásico del género, y eso, para mí, es un mimo a los lectores que crecieron con la fórmula. Hay caminos bloqueados que sólo se abren cuando Rose consigue nuevas habilidades, atajos que se revelan cuando uno vuelve sobre una zona ya visitada y desvíos que se transforman en recorridas bastante más largas de lo que uno esperaba. El mapa está pensado para premiar al curioso: encontrar una puerta inaccesible en una primera pasada y regresar después con la herramienta justa es uno de los grandes placeres que ofrece el título, y el París gótico de 1499, con su arquitectura aplastante y sus callejones que se retuercen, es un gran galpón para perderse a gusto.

Las cartas de Arcanos y los jefes que se vuelven poder

El sistema de Arcanos es, a mi entender, el otro gran acierto de la propuesta. Cada jefe que Rose derrota queda sellado en una carta de tarot y se convierte en una nueva habilidad, un hechizo o una acción especial, lo que da una progresión concreta y muy legible. Entre los enfrentamientos aparecen La Muerte, Medusa y Carmilla, además de rivales nuevos que no spoileo porque el efecto de cruzárselos en los pasillos es parte de la gracia, y a ese sistema se suman armas clasificadas en siete categorías y reliquias con efectos ofensivos y defensivos, así que cada uno puede armar a Rose a su manera según el estilo de juego que más le guste. La dirección artística recupera la mezcla de arquitectura gótica, oscuridad y elementos fantásticos que la franquicia viene cargando desde siempre, con zonas que tienen personalidad visual propia, y la banda sonora acompaña la recorrida con temas que se quedan dando vueltas en la cabeza mucho después de apagar la consola.

Ahora bien, no todo es euforia y no quiero ser injusta con la nota: el backtracking puede perder fuerza en ciertos tramos, porque volver sobre caminos conocidos es parte inevitable del género, pero hay momentos en que la sensación de estar desandando lo ya andado pesa más de lo deseable y uno siente que el mapa le pide paciencia cuando el juego ya le había pedido coraje. Es una de las costuras que el género todavía no termina de ocultar del todo y que acá aparece sin disimulo. Aun con ese reparo, lo que entrega Belmont's Curse es una vuelta de tuerca fresca a una saga que muchos creían con el látigo gastado: una protagonista nueva, una ciudad que todavía no había sido explorada en la cronología oficial y un sistema de tarot que le da a las peleas una capa estratégica extra. Castlevania: Belmont's Curse sale el 15 de octubre para PS5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch y PC, y a mí me deja con ganas de volver a llamar a mi vieja para contarle que la leyenda del cazavampiros de la colonia sigue teniendo, ahora sí, una heredera con voz propia.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos

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