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LUN, 19 OCT 2026
Entretenimiento

Tom el Lagarto, el descarte que se le subió a la gorra a Disney y terminó salvando la campaña de Hoppers

Pixar quiso enterrar al final de los créditos de Elio un gag que la dirección de marketing no quería ver ni en pintura. Un usuario lo filmó, lo subió a YouTube y lo que arrancó como chiste interno se transformó en memes, cosplay y tatuajes. La película original más esperada del estudio en años le debe su visibilidad a un lagarto que nadie supo vender.

EZ
Elba ZimmermannCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Tom el Lagarto, el descarte que se le subió a la gorra a Disney y terminó salvando la campaña de Hoppers

Yo lo confieso de entrada: cuando escuché por primera vez la voz robótica repitiendo LAGARTO, LAGARTO, LAGARTO mientras un bicharraco verde mashaca un botón en la pantalla, me reí solo frente al teléfono, en el colectivo, como un jubilado cualquiera al que se le escapa la carcajada en la parada. Esa risa es, en el fondo, la historia que quiero contar acá, porque resume algo que en Pixar todavía no terminan de creer: el mejor trailer de Hoppers no lo armó el departamento de marketing, lo armó un señor que se quedó hasta el último crédito de Elio con el celular en la mano.

El galpón antes que el espectáculo

Antes que el lagarto, hay que situarse en el galpón. Pixar venía de una racha tirada a secuelas y franquicias conocidas, con la mochila pesada de haberle pedido al público que se ilusione con marcas ya gastadas. Hoppers era justamente lo contrario: una película original, sin Toy Story ni Nemo de los que colgarse, con un estreno en 2026 que dependía casi exclusivamente de la palabra que se pudiera armar en la calle. Y en esa calle, la que más ruido hacía no era la campaña oficial, sino un personaje secundario que aparece pocos minutos en pantalla, Tom el Lagarto, mashcando un botón mientras una voz en off repite la palabra mágica sin parar.

Lo que Disney no quiso y Pixar hizo igual

La secuencia parece de manual de buena idea malograda. El equipo creativo de Hoppers vio enseguida que el gag funcionaba: tenía ritmo, tenía loop y sobre todo tenía algo que el marketing moderno paga fortísimo, que es la capacidad de volverse broma compartida. La propuesta concreta fue llevarlo a la D23, la convención donde se presentan los platos fuertes de la compañía. La respuesta desde arriba fue tajante: no. El propio director, Daniel Chong, lo contó después en la View Conference con una sinceridad casi confesional, y vale la pena leerlo en su tono, porque describe cómo piensa un estudio cuando le ofrecen un animal raro para vender un filme: "No les culpo, porque si estás tratando de vender esta película... Quiero decir, yo no querría usar un lagarto para promocionarlo. No salen castores en esto, y Tom realmente no sale demasiado en esta película." Ahí estaba el razonamiento clásico de un estudio grande: un secundario excéntrico no es herramienta de venta, es riesgo. Y sin embargo, la productora Nicole Paradis Grindle armó lo que en la jerga se llama un trabajo en los huecos, es decir, les permitió a los animadores meter mano al clip en los ratos libres entre tareas de la producción principal. El material quedó terminado y, para que no le robará pantalla al tráiler verdadero, lo mandaron al peor lugar posible desde el punto de vista estratégico: al final de los créditos de Elio, la película anterior, pensando que nadie llega hasta ahí.

Llega alguien, filma, lo sube y explota

Llegó alguien. Un espectador se quedó sentado hasta el último segundo, sacó el teléfono, grabó el clip, lo subió a la red y se armó lo que todos ya sabemos cómo se arma pero nadie sabe cómo se fabrica. En pocas semanas el video acumuló remixes, versiones en distintos idiomas, gente disfrazada en convenciones y hasta algún/os fan que se tatuaron al personaje en el brazo. La propia Grindle lo reconoció con una mezcla de alivio y sorpresa: "Crear un meme no es algo que se pueda planificar", admitió, y al mismo tiempo señaló que el fenómeno "abrió los ojos al departamento de marketing de Disney y Pixar a nuevas posibilidades de cómo crear una consciencia de marca para películas originales." Traducido al castellano de oficina: aprendimos a no descartar lo que no entendemos.

Lo que me queda dando vueltas, y se lo dejo como pregunta al lector más que como conclusión propia, es si esto se aprende o simplemente se sufre. Pixar encontró en Tom el Lagarto algo que las grandes máquinas de marketing llevan años buscando y muy pocas veces consiguen, que es un punto de ingreso emocional a una historia que no se apoya en nada conocido. Si el estudio logra repetir el hallazgo en su próxima original, vamos a decir que fue visión; si no lo repite, vamos a decir que fue accidente. Mientras tanto, el lagarto sigue mashcando el botón, la voz robótica sigue repitiendo la palabra y el meme sigue laburando gratis para una película que, irónicamente, la dirección de la empresa nunca quiso publicitar.

EZ
Elba ZimmermannCultura y espectáculos

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