Un nene de nueve años, un reality y la pregunta que nadie quiere hacerse
Toto se quebró en vivo al leer los hate que le dejaron en Instagram por su debut en MasterChef Junior. Su madre contó cómo lo vivió la familia y volvió a quedar flotando un interrogante incómodo: tiene sentido exponer así a criaturas que recién empiezan a entender qué es la tele.
Yo lo fui a ver a la cocina y lo primero que me llamó la atención fue esa cosa de galpón enorme con luces blancas que tanto usan los realities de cocina, ese escenario pensado para que uno se pierda entre hornallas y mesadas mientras los chicos intentan concentrarse en lo suyo sin entender todavía que hay dieciocho cámaras mirándolos a todos lados. Toto tiene nueve años y esa es la edad en la que uno todavía cree que el mundo es bastante más amable de lo que termina siendo, así que cuando le avisaron que ya estaba al aire y que su equipo entero dependía de él para armar una hamburguesa, se puso a cocinar con todo, como le enseñaron en su casa, y cuando los jurados marcaron errores, salió a defenderse tal cual como se defendería en el patio del colegio, diciendo lo que pensaba sin medir todavía el costo que tiene decir ciertas cosas frente a un país entero.
El video que rompe la pantalla
El nene grabó un mensaje mirando a cámara, con la voz a punto de quebrarse y un gesto con los dedos que decía, sin palabras, que del otro lado de la pantalla hay una persona completa, con miedos y con nombre. Me pareció uno de los momentos más desgarradores que vi en un reality en mucho tiempo, justamente porque no lo armó un equipo de producción sino que lo improvisó un pibe de nueve que entendió tarde que las redes son una trituradora, sobre todo cuando alguien cae mal.
“Me están heateando y la verdad que me está afectando mucho. Yo ya le pedí disculpas a Ámbar, pero si no se hizo público, me gustaría pedirle disculpas ahora. Acá detrás hay una persona.”Toto, en un video publicado en la cuenta familiar
Su mamá tomó el mismo canal para contar la película desde adentro, con una calma que a mí me resultó casi más dolorosa que el llanto del nene. Explicó que los administradores de la cuenta son ellos, que Toto no maneja las redes, pero igual pidió ver la repercusiones de su debut. Lo hizo con una mezcla de curiosidad infantil y de ilusión por encontrar mensajes lindos, y se llevó una paliza digital que nadie de nueve años está en condiciones de procesar. La madre agregó un dato que ayuda a entender el contexto: el chico tiene Altas Capacidades Intelectuales, una condición que muchas veces se cruza con una sensibilidad enorme y con una dificultad extra para filtrar los estímulos, sobre todo cuando esos estímulos son cicatrices.
Lo que no salió en el corte
- La madre aseguró que Toto se acercó a abrazar a Ámbar mientras ella lloraba y le dijo palabras lindas, pero que esa escena no quedó en el episodio.
- Señaló que el nene le pidió disculpas a su compañera en privado antes de que el programa se emitiera.
- Relató que él esperaba ver comentarios positivos después de su primera aparición y la reacción lo dejó shockeado.
- Pidió públicamente que paren con los ataques hacia su hijo y hacia la niña, y dejó abierta la posibilidad de tomar acciones legales si la situación escala.
A mí lo que más me cuesta de todo esto no es la pelea de cocina en sí, que es un quilombo menor entre pibes que están aprendiendo a trabajar en equipo, sino el silencio cómplice de una parte enorme del público que festeja el bullying cuando la víctima tiene nueve años y firma con nombre y apellido. Se puede opinar sobre un formato, sobre la decisión editorial de los cortes, sobre si un nene tiene que estar expuesto a esa presión, lo que no se puede es convertir a un chico en blanco móvil de hates anónimos porque se bancó mal una devolución de un jurado. Lo que queda flotando es una pregunta sin responder: dónde está el límite entre opinar sobre un programa de televisión y atacar a un pibe que todavía no aprendió a leer los comentarios sin que se le rompa algo adentro.
Cuándo y dónde se ve
MasterChef Junior se emite por Telefe y los nuevos episodios se pueden ver también por la plataforma Telefe VOD. El programa se graba en los estudios de Martínez y suele tener sus galpones culinarios abiertos a familiares durante las jornadas largas de producción. Para esta edición en particular, el punto de encuentro gastronómico de cada domingo suelen ser los clásicos sánguches de milanesa con papas fritas que venden los pibes de la barra del estudio, esos que sobreviven a cualquier horario de grabación y que, por lo bajo, comentan lo mismo que comenta todo el país: que a esa edad lo que menos necesita uno es un micrófono cerca de la cara.
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