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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

Ushuaia se consolida como la puerta de entrada a la Antártida y obliga a planificar cada detalle del viaje

La última ciudad antes del continente blanco exige llegar con días de anticipación, aceptar cambios de último momento y armarse de paciencia para cruzar el Pasaje de Drake. Consejos de un operador que organiza expediciones durante el verano austral.

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva · · lectura 5 min
Ushuaia se consolida como la puerta de entrada a la Antártida y obliga a planificar cada detalle del viaje

Desde el puerto de Ushuaia, en el sur de la Argentina, los barcos que se internan en la Antártida durante el verano austral esperan a los pasajeros con la misma advertencia que repite cada capitán antes de soltar amarras: el itinerario es una hipótesis. El viento, el oleaje y el estado del hielo pueden borrar un desembarco previsto y reemplazarlo por otro a cientos de kilómetros de distancia. Por eso, la preparación empieza mucho antes de subir a la nave y, según los especialistas, empieza en el aeropuerto.

Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions, dialogó con Natalia Krieger, Ambiente y selva, y dejó una primera recomendación que parece menor pero suele ser la diferencia entre embarcarse o quedarse mirando el muelle: llegar a Ushuaia uno o dos días antes de la fecha de zarpe. "Una demora en el vuelo puede dejar al pasajero sin posibilidad de abordar", resumió el directivo, conocedor de los efectos que produce un atraso en los vuelos de cabotaje sobre los vuelos internacionales que conectan con la ciudad fueguina.

La previa: seguro, ropa y un cuerpo dispuesto a subir y bajar de los Zodiac

Antes de subir al barco conviene resolver dos cuestiones que pueden arruinar la experiencia si se descuidan: el seguro de viaje y el equipo personal. Gounaris aconsejó consultar con la empresa qué elementos se incluyen en la tarifa (botas, parkas y demás indumentaria técnica) para no cargar de más en la valija ni quedar corto en cubierta.

El directivo aclaró que no hace falta experiencia como montañista ni un estado físico de excepción para embarcarse en una travesía antártica, aunque sí es imprescindible poder moverse con soltura. "Hace falta movilidad suficiente para entrar y salir de los botes neumáticos Zodiac y desplazarse sobre superficies irregulares", apuntó. Para el abrigo, la clave sigue siendo el viejo sistema de capas: varias prendas livianas que se agregan o se sacan según la temperatura, el viento y la sensación térmica.

La elección del camarote tampoco es un detalle menor. De acuerdo con Gounaris, en los sectores bajos y cercanos al centro del buque el movimiento del mar se percibe con menor intensidad, lo que resulta clave durante el Pasaje de Drake, esa franja de aguas turbulentas que separa Sudamérica de la Península Antártica. En las cabinas superiores las vistas son otras, pero el rol va a oscilar más. La decisión depende de cuánto moleste el mareo y de cuánto se quiera mirar por la ventana.

El cruce del Drake y la vida a bordo

La navegación comienza en el Canal Beagle, recorre las costas del archipiélago fueguino y se interna luego en el Pasaje de Drake. Gounaris explicó que las condiciones del mar varían entre travesías: en algunos cruceros el agua se mantiene relativamente calma y en otros el oleaje se convierte en el gran protagonista. Mientras tanto, el equipo de expedition staffers ofrece charlas sobre los paisajes, la fauna, la historia de la exploración polar y las pautas ambientales que regirán cada visita.

Una vez en aguas antárticas, Antarpply procura organizar hasta dos salidas diarias de unas tres horas cada una, siempre que el clima lo permita. Los Zodiac acercan a los pasajeros a costas, islotes y frentes de glaciares a los que el buque no puede aproximarse. Las actividades contemplan caminatas sobre el hielo y la roca, observación de témpanos, navegación entre icebergs y avistaje de fauna. En el verano austral, la fauna que puede aparecer en el camino incluye pingüinos, focas, aves marinas y cetáceos, aunque los encuentros no están garantizados.

El contrato con el continente blanco es claro: está prohibido tocar o alimentar a los animales y deben respetarse las distancias y los protocolos de bioseguridad que forman parte del Tratado Antártico y de las regulaciones de la IAATO, la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida. Pisadas fuera de las zonas habilitadas, llevarse una piedra como souvenir o acercarse a un cachorro de foca pueden terminar en una sanción inmediata y en la expulsión del programa.

“El recorrido previsto puede modificarse por el viento, el oleaje o la presencia de hielo. Las decisiones finales corresponden al capitán.”Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions

El buque con el que opera Antarpply en estas travesías es el Ushuaia, una nave con capacidad para 90 pasajeros distribuidos en 46 cabinas y suites. La embarcación dispone de comedor, biblioteca, salón de observación y sala de conferencias, donde el equipo de expedición imparte las clases informativas que ayudan a interpretar lo que se ve desde cubierta y lo que se va a pisar en tierra.

Viajar a la Antártida no es una excursión al Caribe. Es una experiencia pensada para gente dispuesta a ceder el control del itinerario al clima y al capitán, a soportar jornadas largas en el mar y a celebrar cada desembarco como un regalo que puede no repetirse al día siguiente. La pregunta que queda flotando sobre cubierta es cuánto están dispuestos los pasajeros argentinos a pagar por ese margen de incertidumbre, y cuántas empresas del sector están dispuestas a aclarárselo antes de que firmen el boleto.

  • Llegar a Ushuaia uno o dos días antes del embarque para evitar perder el barco por demoras aéreas.
  • Contratar un seguro de viaje específico para destinos polares y consultar el equipo que provee cada operador.
  • Vestirse por capas: varias prendas livianas que se sumen o se resten según el clima.
  • Elegir camarote bajo y central si se sufre de mareo; priorizar las cabinas superiores si se privilegia la vista.
  • Aceptar que el itinerario es orientativo y que las decisiones finales dependen del capitán y del estado del hielo.
  • Respetar la fauna y los protocolos de bioseguridad: no tocar ni alimentar a los animales y mantener las distancias indicadas.
NK
Natalia KriegerAmbiente y selva

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