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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Volver a moverse sin romperse en el intento: la advertencia del kinesiólogo que incomoda a más de uno

Emiliano Gallegos sostiene que muchos creen que hacen actividad física cuando en realidad siguen siendo sedentarios el resto del día y por eso, al retomar, la técnica vale más que la carga.

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Yanina BenítezSociedad y vida · · lectura 4 min
Volver a moverse sin romperse en el intento: la advertencia del kinesiólogo que incomoda a más de uno

Son las siete de la tarde, la calle cortada frente al gimnasio de la galería de la calle 9 de Julio ya tiene el ruido de siempre: gente entrando con el bolso al hombro, alguna señora apurada que cruza antes de que cambie el semáforo, y en la vereda de enfrente, Marcela, vecina del barrio Centro, se acomoda el pañuelo y me dice, mientras mira la vidriera, que ella va tres veces por semana pero que después se queda toda la tarde sentada frente a la computadora y siente que el cuerpo no le responde. Esa frase, justamente, es la que tomó el kinesiólogo Emiliano Gallegos para explicar algo que suena incómodo: nos creemos personas activas y, en realidad, muchas veces somos sedentarios que hacen deporte.

Acá en la zona centro el debate se repite cada vez que arranca el calor y aparecen las ganas de volver al gimnasio o de calzarse las zapatillas para correr. El especialista lo sabe y por eso arrancó por ahí, por el corazón del problema: "Nos consideramos no sedentarios, pero muchas veces somos sedentarios que hacen deporte", definió en diálogo con este portal. Lo que el profesional está planteando no es menor: alcanza con pasar ocho horas sentados frente al escritorio para que una rutina de entrenamiento, por buena que sea, no alcance a compensar el resto del día.

Moverse un poco más, aunque parezca poco

Para desarmar esa lógica de "me entreno y listo", Gallegos propuso una idea muy concreta: sumar pausas activas a lo largo de la jornada, ese tipo de movimientos chiquitos que parecen una pavada pero terminan haciendo diferencia. Habló de elegir las escaleras en lugar del ascensor, de aprovechar el rato en que se prepara un café para hacer unas cuantas sentadillas, de buscar cualquier excusa válida para levantarse de la silla. La propuesta apunta a romper las muchas horas sentado sin necesidad de sumar una hora más de actividad al final del día.

Para mí, que paso buena parte de la jornada redactando en la compu, la sugerencia pega de lleno. Y le tengo que dar la derecha al kinesiólogo: una cosa es la hora que uno le dedica al entrenamiento y otra muy distinta son las seis, siete u ocho horas que el cuerpo permanece casi inmóvil. La diferencia, me animo a decir, se siente en la espalda, en las piernas y hasta en el humor.

“Lo fundamental es hacer una evaluación, preguntar por los hábitos y, a partir de eso, planificar.”Emiliano Gallegos, kinesiólogo

Cómo organizar la vuelta, paso a paso

  • Arrancar con una evaluación de los hábitos personales antes de elegir la rutina.
  • Apuntar a una frecuencia cercana a los tres entrenamientos por semana.
  • Empezar con ejercicios básicos y avanzar de a poco en la dificultad.
  • Priorizar siempre la técnica del movimiento por encima del peso que se levanta.
  • Cerrar cada sesión con una vuelta a la calma y estiramientos.

La advertencia del especialista aparece con fuerza cuando aparecen las famosas metas de verano, que muchas veces empujan a entrenar como si no existiera el calendario. "Lo más importante es la técnica del ejercicio, no la carga, para no lesionarse", resumió Gallegos, y esa frase, que parece una obviedad, es la que después se repite en los consultorios cuando llegan los hombros doloridos, las lumbalgias y las rodillas que protestan sin aviso. La búsqueda de resultados express, en general, termina pasando factura.

Lo que yo veo en el barrio, mientras camino para hacer las notas, es esa imagen que se repite: el conocido que vuelve al gimnasio después de meses parado, se pone la misma barra que levantaba el año pasado y termina en la guardia con un desgarro. Por eso rescato la idea central del kinesiólogo, que no es solo una cuestión de voluntad sino de cabeza: adaptar el entrenamiento al cuerpo real que uno tiene hoy, no al que uno recuerda o quisiera tener.

Ahora bien, ¿qué lugar encuentra la actividad física en una rutina pensada así? Para Gallegos, el entrenamiento es una pieza más dentro de un rompecabezas que también incluye moverse durante el resto del día, dormir bien y alimentarse de manera razonable. No es la solución mágica, pero sí una pata importante. Como me decía Marcela antes de despedirse con un gesto de resignación cómplice, ella espera que este año la cosa cambie de verdad: menos horas clavada en la silla y más movimiento, aunque sea en cuotas. Esa, en definitiva, parece ser la mejor síntesis del consejo del especialista.

YB
Yanina BenítezSociedad y vida

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