Zulema Galperín, la actriz que se subió al escenario con los papeles en la mano y la vida entera en la mirada
A los 90 años murió una de las actrices más queridas del varieté televisivo y del teatro under porteño. Repasamos su camino de los talleres barriales a las ficciones de Pollede, producidos por Cris Morena y Pol-ka.
Yo la vi por primera vez en una reposición de la tarde y me quedé mirando el reloj, no porque me aburriera, sino porque no quería que terminara. Esa es la mejor definición que puedo dar de Zulema Galperín, la actriz que acaba de despedirse a los 90 años y a quien la Asociación Argentina de Actores y Actrices confirmó su fallecimiento. La noticia me agarró con el termo servido y las ganas de contar cómo era esa mujer que empezaba a actuar pasados los sesenta, cuando muchos ya piensan en jubilarse, y que igual se daba el lujo de sostener un personaje como el de la Abuela cocainómana en el programa Duro de domar con una comicidad que no se aprende en ningún manual.
De la oficina al escenario: una vocación tardía que fue puro hallazgo
Porque acá lo que me importa contar es de dónde venía Zulema y por qué su camino tiene esa épica callada de la gente laburante. Galperín nació el 18 de abril de 1936 y durante años se ganó el mango en tareas administrativas, esa clase de trabajo gris que nadie recuerda en las biografias, pero que sostiene a las familias de este país desde siempre. Recién en la década del 90 se largó a hacer lo que le gustaba: primero se anotó en el taller de Entrenamiento Teatral del Teatro Regio en 1997, después siguió formándose en otros espacios, se afilió a Actores en el 2000 y se construyó una carrera que recién empezaba cuando muchos ya la daban por terminada.
La galpón de los sketches y la sala que era un colectivo
Hay dos imágenes que a mí me resumen a esta actriz. La primera es el galpón de Duro de domar, ese set donde el humor se cocinaba a la vista del público y donde Zulema, junto a Sebastián Presta, le daba vida al personaje conocido como la Abuela cocainómana dentro del segmento Préstico, un sketches que se hizo popular en el ciclo que conducía Roberto Pettinato. La segunda es más sorprendente todavía: una sala que era un colectivo. Sí, un colectivo de verdad, que circulaba por las calles de Buenos Aires, con los espectadores como pasajeros, donde Zulema actuó en Fango negro, la obra escrita por José Gabriel Núñez y dirigida por César Sambataro, una producción del grupo Clan-Destino que le sacó el teatro del edificio y lo puso a rodar por la ciudad. También pasó por el Teatro Arlequino con Motivos para levantarse por la mañana, de Germán Akis y Raúl Baroni, otro escenario chico donde las actrices grandes se ganan el aplauso.
Chiquititas, Gasoleros y el largo recorrido por las ficciones
Ahora bien, al lector que se pregunta de qué la conoce le digo: la vio en Chiquititas y la vio en Gasoleros, dos ficciones que marcaron a fuego la televisión argentina de los 90 y los 2000, producidas por Cris Morena y por Pol-ka, con todo lo que cada una de esas marcas significa para la audiencia. Su recorrido por la pantalla chica es larguísimo y vale la pena repasarlo porque habla de una actriz que se movía entre la comedia, el drama y el policial sin pedirle permiso a nadie. Estuvo en Poliladron, en Verdad consecuencia, en Primicias, en Epitafios, en Viudas e hijos del rock and roll y en Buenos chicos, y también se dio el gusto de integrar la miniserie En París, ese cruce que pocas veces se permite una actriz de su generación.
En el terreno de las plataformas, donde muchas veces cuesta ver a las actrices grandes, Zulema se las arregló para estar presente: participó de Nada, de Envidiosa, de El tiempo de las moscas y de Gutiérrez is mai neim, cuatro títulos que muestran cómo el streaming le abrió la puerta a un montón de actrices que la televisión tradicional ya no convocaba. En cine, su filmografía incluye Los justos, Eva Perón, Pacto de silencio, Blindado, Los adoptantes y La estrella roja, y en 2021 se sumó a Superhéroes y heroínas urban@s, una miniserie nacida de un taller de la Fundación SAGAI, donde compartió el capítulo La página en blanco con María del Carmen Simari y Mirta Calza Citín.
Películas, plataformas y la despedida de Actores
Quiero detenerme en dos películas que la tuvieron en papeles para mirar con atención: Puan y La extorsión, dos propuestas bien distintas entre sí, donde Zulema demostró que se adapta a cualquier registro. La Asociación, al despedirla, destacó su interés poético y su militancia gremial, y la verdad es que cuando una entidad así habla de una afiliada desde el 2000, está hablando de alguien que se la bancó en asamblea y en escenario, que es la combinación que más me gusta de los actores de este país. Zulema Galperín se fue a los 90 años dejando un recorrido que arrancó tarde pero llegó a todos lados, desde el colectivo-escenario de Clan-Destino hasta el set de Pettinato, y por eso yo me despido de ella como se despide a una amiga: con un aplauso largo y la certeza de que la vamos a seguir viendo cada vez que alguien ponga uno de esos sketches de Duro de domar que ya forman parte del archivo sentimental de los argentinos.
- Dónde falleció: en Buenos Aires, según el comunicado de la Asociación Argentina de Actores y Actrices.
- Cuándo se la recuerda: en los próximos días, a través de redes y de la sede gremial, donde se reciben salutaciones.
- Qué se miraba: las reposiciones de Duro de domar con Préstico, y las ficciones Chiquititas y Gasoleros en plataformas de streaming.
- Qué queda para ver: Nada, Envidiosa, El tiempo de las moscas y Gutiérrez is mai neim, además de las películas Puan y La extorsión.
- Qué se come mientras se la recuerda: unas tostadas con queso crema y un té con yuyos, como tomaba en los intervalos de los talleres.
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