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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

Cuatro puentes en Alemania para escapadas cortas con base en Leipzig, Dresde, Frankfurt o Berlín

Desde Erfurt, Kromlau, Bastei y Hunsrück, cuatro estructuras invitan a combinar ciudad, miradores y caminatas: una construcción medieval con viviendas, un arco que solo se admira desde la orilla y una pasarela colgante a 100 metros de altura. Cómo llegar en transporte público y qué tener en cuenta antes de elegir.

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva · · lectura 5 min
Cuatro puentes en Alemania para escapadas cortas con base en Leipzig, Dresde, Frankfurt o Berlín

La imagen de Erfurt se ordena alrededor del río Gera, que atraviesa la ciudad con una calma sospechosa para un curso de agua alemán: casi sin pendiente, casi sin ruido, y con un puente que parece sacado de un cuento de hadas no del todo fantástico. Sobre ese cauce se levanta el Krämerbrücke, también conocido como el puente de los Mercaderes, una estructura de piedra de 125 metros de longitud sostenida por seis arcos que sostiene, literalmente, una calle flanqueada por 32 viviendas habitadas, con sus fachadas pintadas, sus tendederos y sus maceteros asomando a la baranda. La construcción actual data de alrededor de 1325, aunque hubo allí puentes anteriores, de madera, que ardieron más de una vez antes de que la ciudad decidiera resolver el problema de raíz.

Un puente con ciudad adentro

Lo que vuelve al Krämerbrücke una rareza en Europa es que no se trata de un puente decorado: es un puente que es, a la vez, una calle, un mercado y un conjunto de casas. Por eso la visita conviene hacerla a pie, sin apuro, entrando a las tiendas de antigüedades y artesanías que ocupan la planta baja de varias de esas viviendas, y deteniéndose en el puente para mirar el Gera desde las aberturas laterales, donde el agua se ve oscura y lenta y recuerda que, debajo de las flores, este país está hecho de ríos y de una ingeniería que los cruza con la misma obstinación con la que organiza la música.

La ciudad funciona como base ideal para una escapada: desde Leipzig el viaje en tren lleva unos 45 minutos, y desde Berlín alrededor de una hora y 40. Quienes decidan quedarse en Erfurt pueden completar la jornada con la Colina de la Catedral, la Ciudadela de Petersberg y el Monasterio de San Agustín, donde vivió Martín Lutero, tres puntos que concentran buena parte de la historia de Turingia en un radio caminable.

Bastei, donde la piedra cuelga sobre el Elba

A 50 kilómetros de Dresde, en la región de la Suiza Sajona, el paisaje cambia de manera brutal: desaparecen las llanuras y aparecen mesetas de arenisca erosionadas durante millones de años hasta quedar convertidas en columnas, agujas y murallas rocosas de tono rojizo. En uno de esos bordes se construyó el puente de Bastei, de 76,5 metros de longitud y 40 metros de altura, sostenido por siete arcos de piedra que reemplazaron en 1851 a una pasarela de madera instalada en 1824 para que los turistas pudieran asomarse al vacío sin demasiados miramientos con la seguridad.

Desde sus miradores se observan dos íconos del lugar: la meseta de Lilienstein, que se recorta en el lado alemán del Elba, y la fortaleza de Königstein, una de las mayores de Europa, plantada sobre una roca. Para llegar desde Dresde hay que tomar el S-Bahn durante unos 40 minutos hasta Kurort Rathen y cruzar el Elba en un pequeño ferry que enlaza ambas márgenes del parque nacional, un detalle que por sí solo ya justifica la excursión.

Geierlay, colgando a cien metros

El tercer puente de la lista abandona la piedra y se cuelga de cables. Se llama Geierlay y está en la región de Hunsrück, sobre la localidad de Mörsdorf, que no tiene estación de tren, por lo que desde Frankfurt hay que combinar tren y colectivo durante unas tres horas. Una vez allí, la pasarela mide 360 metros de largo y se eleva 100 metros sobre el valle, con tablones de abeto Douglas y un diseño inspirado en los puentes colgantes de Nepal. Fue terminado en 2015 y se convirtió, desde entonces, en una de las atracciones más visitadas del oeste de Alemania.

La zona, boscosa y con poca presencia humana, ofrece senderos señalizados para caminar antes o después de cruzar la pasarela, lo que convierte la visita en una jornada entera y no en una foto rápida. En días de viento, la estructura se balancea de manera perceptible, y los carteles de acceso recomiendan no atravesarla con cochecitos ni con mascotas, un dato menor pero útil para planificar.

Kromlau, el arco que no se cruza

El cuarto puente es, en realidad, un arco. Se llama Rakotz, está en Kromlau, dentro de un parque de unas 200 hectáreas conocido como Azalea and Rhododendron Park, y fue construido en 1860 con bloques de basalto cuidadosamente tallados. La gracia de la estructura, de 20 metros de altura, es que fue diseñada para que, con su reflejo en el lago que tiene delante, forme un círculo perfecto, como un anillo completo cerrado por el agua.

Por la fragilidad de la obra, está prohibido atravesarlo: la visita se hace desde la orilla, buscando el ángulo justo para que el arco y su reflejo encajen sin que sople el viento ni aparezca un pato a desgano en el cuadro. Desde Berlín, el viaje más cómodo lleva unas dos horas de tren hasta Weißwasser, con transbordo en Cottbus, y otros 20 minutos en el ferrocarril de trocha angosta Waldeisenbahn Muskau, una línea histórica que por sí sola ya es parte de la experiencia.

Mientras las autoridades forestales alemanas promueven estos recorridos como ejemplos de turismo sostenible y de valoración del patrimonio, en varios de los sitios la masividad de los últimos años empezó a notarse: colas en Bastei durante los fines de semana, restricciones de acceso en Geierlay cuando hay viento y un cuidado casi obsesivo en Kromlau para que nadie pise el puente, dan la pauta de que la fragilidad de estos lugares es, también, parte de su encanto. La pregunta que queda picando es cuánto tiempo más podrá la infraestructura turística absorber visitantes sin convertir estos paisajes en una postal demasiado vista: ¿llegará el día en que haya que reservar horario, como se hace ya en algunos miradores de los Alpes suizos, para poder asomarse al vacío sin compañía?

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva

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