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MAR, 08 SEPT 2026
Turismo

Lo que el vino dice en voz baja: cómo leer una etiqueta sin dejarse llevar por la palabra de moda

Añada, blend, estate, tardío, orgánico. La mayoría de los términos que aparecen en una botella tienen un significado concreto, regulado o no, que puede cambiar el precio y la expectativa del consumidor. Una guía para entender qué hay detrás de cada palabra antes de llevar la botella al mostrador.

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Natalia KriegerAmbiente y selva · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

En la góndola de un supermercado porteño, una mujer compara dos botellas de Malbec. Una dice 2022 y cuesta 4.500 pesos; la otra, 2024, sale 6.200. Paga la segunda pensando que es más nueva, más fresca. No lo es: está pagando por una añada más reciente y, probablemente, por una guarda más corta. Esa confusión, que se repite en las vinotecas del país, empieza en una etiqueta que dice mucho más de lo que parece y, a la vez, mucho menos de lo que algunos creen.

Añada: el año de la uva, no el de la góndola

La añada es el año en que se cosecharon las uvas, no el año en que el vino llegó al mercado. Un ejemplar que sale a la venta en 2026 puede ser de cosecha 2023 o 2025, según el tiempo que permaneció en crianza, ya sea en barricas de roble, en tanques de acero, en huevos de concreto o directamente en botella. Ese proceso define parte del carácter final de la bebida, pero además el clima varía de un año a otro y eso hace que ciertas añadas sean más escasas o más buscadas, con precios sensiblemente más altos en la gama alta. En Mendoza, por ejemplo, las vendimias de 2016 y 2021 quedaron en el recuerdo de los enólogos por su equilibrio térmico, mientras que la de 2023 fue una de las más bajas en volumen de las últimas dos décadas por las heladas tardías que golpearon cuñas productivas como el Valle de Uco.

Blend, varietal y los porcentajes que la etiqueta calla

Cuando la botella dice blend o corte, el vino se elaboró con más de una cepa, o con uvas de viñedos distintos, o de cosechas diferentes. Los porcentajes no siempre figuran en el envase y el consumidor rara vez puede saber qué hay dentro de ese 15% restante. Lo que sí aparece obligatoriamente, en el caso de los vinos varietales, es la exigencia del Instituto Nacional de Vitivinicultura: al menos el 85% de la composición debe corresponder a la cepa declarada. El resto puede ser de otras variedades sin que el productor esté obligado a aclararlo. Es decir, ese Malbec que dice Malbec en el frente, en algunos casos es un ensamblaje con un toque de Bonarda o Syrah que el comprador nunca llega a conocer.

Estate y Single Vineyard: la trazabilidad de la uva

Estate indica que las uvas provienen de viñedos propios de la bodega, un dato relevante en un país donde una parte significativa de la producción se elabora con uva comprada a terceros. Cuando la procedencia es propia, muchas bodegas lo destacan como valor agregado y, en los papeles, hay un resguardo de calidad detrás. Single Vineyard, en tanto, señala que todas las uvas vienen de un único viñedo, lo que le da trazabilidad y cierta singularidad al corte final. En zonas como Gualtallary o Altamira, donde dos parcelas separadas por un alambrado pueden dar vinos con perfiles aromáticos distintos, esa precisión cobra un valor que la etiqueta intenta traducir en precio.

Tardío, orgánico y los puntajes que viajan en círculos

  • Tardío: se elabora con uvas cosechadas fuera del período habitual, cuando ya están sobremaduradas y parcialmente deshidratadas. Concentran azúcares, parte de los cuales se convierten en alcohol durante la fermentación y el resto queda como azúcar residual, lo que explica su dulzor. Los blancos tardíos son los más comunes en las góndolas argentinas y se sugieren para acompañar quesos azules o postres, aunque en la práctica se beben en cualquier momento del año.
  • Orgánico: para que un vino lleve ese rótulo en la Argentina debe haber sido elaborado sin agroquímicos, sin pesticidas ni fertilizantes sintéticos, y debe contar con una certificación de una empresa habilitada por el SENASA. No alcanza con que la bodega lo proclame: sin el sello oficial, la palabra no dice lo que parece decir.
  • Círculos con puntajes: las etiquetas circulares con calificaciones entre 90 y 100 reproducen las notas que críticos internacionales le asignaron a esa botella. Son una herramienta de marketing con peso real en la decisión de compra, aunque un mismo vino puede tener un 92 de un crítico y un 88 de otro, y la etiqueta suele mostrar el más alto.

En definitiva, la etiqueta de un vino es una mezcla de información regulada, decisiones de comunicación y promesas que la botella, por sí sola, no siempre puede cumplir. Saber distinguir unas de otras no garantiza un mejor paladar, pero sí ayuda a entender por qué dos botellas de la misma cepa y la misma zona pueden costar el doble sin que el líquido lo justifique. ¿Cuántas veces, al elegir un vino, pagamos por una palabra y no por lo que hay adentro?

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva

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