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VIE, 16 OCT 2026
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Debute tibio y fin de semana en números rojos: la nueva apuesta de Sorkin arranca lejos del del creador de La red social

La película del guionista y director de La red social reunió apenas nueve millones de dólares en su primer fin de semana de cartelera global, con cinco millones y medio en Estados Unidos y un quinto puesto que dejó sabor a poco en la industria. Mikey Madison, la protagonista y flamante ganadora del Oscar por Anora, queda a la espera de que el boca a boca revierta la tendencia.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos · · lectura 5 min
Debute tibio y fin de semana en números rojos: la nueva apuesta de Sorkin arranca lejos del del creador de La red social

Les cuento de entrada, porque a mí me gusta arrancar las notas como si estuviéramos tomando un café en la mesa de la cocina, que un viejo profesor de guion que tuve hace años decía algo que se me quedó tatuado: el primer fin de semana de una película no te cuenta toda la historia, pero te dice en qué página del libro estás parado. Y a mí, después de leer los números de El precio de la red, la nueva escrita y dirigida por Aaron Sorkin, me da la sensación de que el libro arrancó en una página bastante incómoda para Sony, la distribuidora, y para el propio director, que venía cargando expectativas enormes desde que se anunció este proyecto como una suerte de heredera espiritual de La red social, aquella película del 2010 que funcionó como un fenómeno generacional.

“El primer fin de semana no te cuenta toda la historia, pero te dice en qué página del libro estás parado.”viejo profesor de guion

La cifra concreta, por si alguien quiere ir directo al hueso, es de nueve millones de dólares globales en el debut. De ese total, cinco millones y medio provienen del mercado norteamericano y tres millones y medio del resto del mundo, lo que le alcanzó apenas para colarse en el quinto puesto de la taquilla estadounidense del viernes al domingo. Para dimensionar el dato con un par de coordenadas familiares, La red social había abierto en el 2010 con veintidós millones cuarenta y cuatro mil dólares solo en Estados Unidos y se había plantado directamente en el número uno, así que la comparación, guste o no, estaba cantada desde el vamos y le juega en contra al propio Sorkin.

El peso del presupuesto y la mochila de La red social

Acá viene el segundo dato que a mí, como espectadora y cronista, me preocupa más que el ranking en sí, y es el del presupuesto. Según distintas fuentes de la industria que se vienen manejando en los despachos de Hollywood, El precio de la red costó entre treinta y cuarenta y dos millones de dólares, una cifra respetable pero no descomunal para un estreno con pedigree de Oscar y detrás de un director con currículul de buen recaudador. Con esos números en la mano, y siendo muy generosos con la cuenta, el debut global cubre apenas una tercera parte del costo más bajo estimado, y deja a Sony mirando el calendario con la calculadora en la mano y el teléfono a medio camino entre el optimismo y la preocupación, mientras espera ver qué pasa en las próximas semanas para entender si la película encuentra su público o si consolida la caída.

Mientras tanto, la protagonista absoluta de El precio de la red, Mikey Madison, sigue siendo una de las noticias más atractivas del momento. Ella ganó el Oscar a mejor actriz en 2025 por Anora, después de casi dos años sin estrenar otra película, y carga con esa mezcla tan particular que tienen los ganadores recientes del premio de la academia: una mochila enorme de expectativas, una agenda llena de ofertas y la presión silenciosa de tener que decidir bien cuál va a ser el próximo paso. En el horizonte asoma, justamente, una nueva adaptación de El fantasma de la máscara escarlata, dirigida por Charlie Polinger, un proyecto de género que promete otro registro y que va a servir, en las próximas temporadas, para entender hacia dónde se inclina una carrera que todavía tiene mucho por escribir.

Los tres escenarios posibles para las próximas semanas

  • Que el boca a boca la rescate de a poco, como suele pasar con las películas dialogadas y de nicho, siempre que la crítica acompañe y los comentarios en redes empujen a un público más adulto que suele ir al cine entre semana.
  • Que se quede en la meseta, repitiendo cifras similares en sus siguientes aperturas semanales, lo que le permitiría a Sony aspirar a recuperar parte de la inversión a través del mercado internacional y del acumulado global.
  • Que consolide la caída desde el primer número y termine convertida en un título de paso, pensado más para el streaming y el reconocimiento crítico que para el negocio de la sala, un destino nada extraño para las películas de autor con presupuesto mediano.

Yo, que a esta altura ya peino algunas canas y vi debutar a Sorkin con La red social en una sala de cine de la calle Viejy, donde todavía quedaban esas butacas de pana roja, confío en que las cintas con buen oficio de guion pueden tener una segunda vida cuando encuentran a su público en la conversación de pasillo. Pero también soy honesta, y los números secos me dicen que la película llegó con expectativas muy altas y arrancó en un lugar incómodo. Habrá que mirar las próximas dos semanas para saber si la página incómoda era solo el prólogo de un libro con remontada, o si ya marca el techo de una historia que el cine siempre cuenta sin piedad: la de las películas que debutan en silencio en una cartelera llena de competition.

Dónde se la puede ver hoy, en principio, en las salas de cine commerciales de las principales ciudades de Argentina, en formato subtitulado y con algunas funciones en versión doblada según cada complejo. Cuándo conviene acercarse, recomendación muy de vecina de butacas: durante la semana, en funciones nocturnas, cuando la sala tiende a llenarse con público más conversador. Y, ya que hablamos de completud, qué se come mientras se disfruta una película así, lo confieso con la tranquilidad de las abuelas de la colonia: a mí me gusta entrar al cine con un balde de pochoclos bien caliente en una mano y un té de tilo en un termo en la otra, porque las películas largas con diálogos afilados se disfrutan mejor con algo tibio entre los dedos.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos

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