Diez años de un colegio que Shakira levantó en el corazón de La María
La cantante barranquillera puso la parte más grande del dinero para construir la Institución Educativa Lomas del Peyé, en Cartagena: un edificio de 7.780 metros cuadrados donde hoy estudian más de mil chicos de primera infancia, primaria y secundaria, y donde las familias del barrio también tienen la llave abierta.
Yo siempre digo que hay cosas que no se miden en cifras, aunque las cifras sean las que abren la conversación, y esta es una de esas historias que arranca con un número redondo: 3,68 millones de dólares. Ese fue el aporte que Shakira, a través de la Fundación Pies Descalzos, puso sobre la mesa para levantar, ladrillo por ladrillo, un colegio en el barrio La María de Cartagena de Indias, en Colombia, una zona donde antes la escuela era una cuenta pendiente y el futuro de los pibes se escribía entre callejones de tierra. La institución se llama Lomas del Peyé, abrió sus puertas en febrero de 2014 y este 2024 cumplió una década, una efemérides que la fundación celebró como quien sopla velas de un proyecto que todavía tiene mucho por dar.
Para dimensionar lo que significa ese aporte hace falta mirar la foto completa: la obra total costó 8 millones de dólares, de modo que la cantante puso el 46 por ciento del presupuesto, y el resto se completó con plata del Estado y de privados. Es decir, casi la mitad del edificio lleva la firma de una artista barranquillera que, cuando se saca el traje de estrella, se pone el overol de mecenas de la educación pública en su país. Y no se trata de un gesto simbólico: el colegio fue pensado para recibir a 1.700 estudiantes de primera infancia, primaria y secundaria, y hoy, una década después, pasa por sus aulas una matrícula que supera los mil chicos por año.
Un galpón de 7.780 metros cuadrados que también es plaza del barrio
Antes de hablar de lo que se enseña adentro, vale contar cómo es el edificio por fuera y por dentro, porque en estos casos la arquitectura cuenta una historia tanto como las aulas. La sede se levanta sobre un terreno de 7.780 metros cuadrados donde se distribuyen 55 espacios con funciones distintas. Hay aulas comunes, aulas especializadas, una biblioteca que oficia de corazón del proyecto, un comedor para que los chicos coman como corresponde, e instalaciones deportivas para que el cuerpo también sea parte de la formación. Pero hay un detalle que me parece clave y que muchas veces pasa inadvertido: en el mismo predio funciona un centro de uso comunitario, o sea, un lugar donde las familias del barrio La María pueden entrar, encontrarse, hacer talleres, reuniones, actividades. El colegio no se cierra cuando suena el timbre: se queda con las llaves puestas para el barrio.
Y ese es, para mí, uno de los rasgos más bonitos del proyecto, porque la escuela deja de ser una fortaleza con horario y pasa a ser una pieza más del tejido cotidiano de La María, con sus madres, sus abuelos, sus vecinos cruzando la puerta. A la distancia, uno imagina el murmullo de los chicos en los recreos mezclado con el ruido de algún taller de padres, y esa mezcla suena a futuro compartido, no a edificio aislado.
Trescientos cincuenta puestos de trabajo para gente del barrio
Otra cifra que merece ser destacada es la de los empleos que generó la obra durante la etapa de construcción. Según la Fundación Pies Descalzos, se crearon entre 350 y 400 puestos de trabajo directos, y el 60 por ciento de esos puestos fueron ocupados por residentes de barrios vecinos. Esto quiere decir que antes de que el primer alumno cruzara la puerta, el colegio ya había empezado a cambiar la economía cotidiana de familias que trabajaron en la obra, comieron de la obra y, varios meses después, mandaron a sus hijos a la escuela que ellos mismos habían ayudado a construir. Esa circularidad no es un detalle menor: convierte al edificio en algo que la gente siente propio, no ajeno.
Desde la fundación recordaron que el objetivo sigue siendo el mismo que en 2014: ampliar el acceso a la educación y mejorar las condiciones de aprendizaje de los chicos de la zona, una meta que en Colombia, y sobre todo en los barrios populares del Caribe, sigue siendo una deuda abierta. Por eso la propia Shakira suele repetir, cada vez que puede, que la educación es el único ascensor social que de verdad funciona en estos lugares, una frase que en Lomas del Peyé deja de ser eslogan y se vuelve pared, techo, banco y merienda.
Dónde queda, cuándo se hizo y qué se come en la puerta
- Dónde: barrio La María, Cartagena de Indias, Colombia, en la Institución Educativa Lomas del Peyé.
- Cuándo: fue inaugurado en febrero de 2014 y cumplió diez años en 2024, con la sede funcionando a pleno.
- Qué se come: como en cualquier escuela colombiana con comedor, el menú suele girar alrededor del arroz con frijoles, la proteína del día (carne, pollo o huevo), ensalada fresca, jugo de fruta tropical y, en los desayunos, arepa con queso o con chocolate espeso, un clásico que en La María se huele desde la cuadra de enfrente.
A mí, como cronista, estas historias me reconcilian un poco con la idea del famoso con causas, porque en general uno ve mucha foto y poca obra, mucha campaña y poco cimiento, pero acá lo que hay es un edificio que sigue de pie, con las aulas llenas y con la comunidad entrando y saliendo. Por eso, cuando pasen otros diez años y Lomas del Peyé cumpla dos décadas, ojalá la pregunta ya no sea cuánto puso Shakira sino cuántos pibes se recibieron ahí, cuántos se fueron a la universidad y cuántos volvieron al barrio a enseñar. Esa, y no otra, es la verdadera rendición de cuentas.
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