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LUN, 21 SEPT 2026
Vida

Escapadas cerca de casa, frecuentes y breves: la fórmula que también suma bienestar según un estudio australiano

Un trabajo de la Universidad de Sunshine Coast, sobre más de 1.200 turistas australianos, halló que las salidas de ocio cortas y repetidas favorecen la satisfacción con la vida, sobre todo en quienes tienen menos herramientas para atravesar momentos difíciles. Los autores aclaran que los resultados no se pueden extrapolar de manera directa a otros países.

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Yanina BenítezSociedad y vida · 21 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Me abro la puerta de casa, bajo dos escalones y ya estoy en la vereda de siempre, la de acá en la zona centro donde las vecinas conversan apoyadas en las ventanas mientras el colectivo pasa con la radio a todo volumen. Este jueves, en la esquina, Graciela, de la colonia San Cayetano, me cuenta con una sonrisa enorme que el domingo se va tres días a una quinta a pocas horas de la ciudad. No es un viaje de esos que se anuncian en Instagram con valija grande y aeropuerto. Es una escapada chica, casi improvisada. Y, sin embargo, un estudio reciente de la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, le estaría dando la razón a esa decisión que muchos repiten todo el año: no hace falta irse lejos ni gastar de más para sentirse mejor.

La investigación, encabezada por el profesor asociado Rory Mulcahy, reunió información de más de 1.200 turistas australianos en tres relevamientos realizados entre 2020 y 2023. Los autores cruzaron la frecuencia de los viajes recreativos con indicadores de felicidad, de capacidad para sobrellevar situaciones adversas y de satisfacción general con la vida. El hallazgo central fue que las salidas de ocio breves y cercanas al hogar, cuando se repiten con regularidad, también aportan bienestar, y ese efecto se prolonga más allá de los días en que uno está efectivamente afuera.

A mayor vulnerabilidad, mayor beneficio

El dato que más me llamó la atención es que las mejoras no se repartieron de manera pareja. Quienes se percibían como más vulnerables, o disponían de menos recursos personales para enfrentar problemas cotidianos, fueron los más favorecidos por estas escapadas frecuentes. En cambio, en personas con herramientas de afrontamiento moderadas o altas, los cambios fueron menores. Eso coincide con una línea de la psicología positiva que sostiene que las emociones agradables sirven para ampliar la manera de pensar y de actuar y, con el tiempo, ayudan a construir recursos personales duraderos.

“Conocer lugares, acercarse a otras culturas y participar en actividades placenteras ofrece oportunidades para ese proceso de ampliación emocional que después queda como una especie de caja de herramientas internas.”Rory Mulcahy, profesor asociado de la Universidad de Sunshine Coast

Senderismo, kayak y otras puertas de entrada

  • Senderismo en circuitos cortos y señalizados, ideal para principiantes.
  • Kayak en lagunas o ríos calmos, con instructores que guían la primera salida.
  • Escalada de nivel básico en muros indoor o rocosos con equipo provisto.
  • Visitas guiadas a sitios históricos o naturales del entorno cercano.
  • Actividades al aire libre con traslados organizados, para reducir el esfuerzo logístico.

El equipo plantea una idea concreta y bastante terrenal: si las escapadas frecuentes benefician sobre todo a quienes tienen menos recursos internos, vale la pena pensar experiencias que les faciliten participar. De ahí la insistencia en propuestas con apoyo, con acompañamiento, con logística resuelta. Para nosotros, que muchas veces organizamos todo a último momento, eso se traduce en algo simple: no subestimar la salida corta, no guardarla como premio sólo para las vacaciones grandes y, sobre todo, repetirla seguido. El estudio deja una pregunta abierta que a mí, como lectora y como vecina, me interesa: cuánto de ese beneficio se sostiene cuando el motivo del viaje es descansar, buscar aventura o visitar a la familia, y cuánto cambia si la escapada dura una noche en lugar de tres.

Antes de cerrar, un dato que los propios autores remarcan y que no conviene pasar por alto: todos los participantes eran turistas australianos y el relevamiento se hizo en plena pandemia, con restricciones que modificaron la manera de viajar. Eso significa que los resultados sirven como pista, pero todavía no como verdad universal aplicable a cualquier país o a cualquier momento histórico. Falta, dicen, replicar el estudio en otros contextos. Mientras tanto, a Graciela la veo preparar la mochila con la tranquilidad de quien ya entendió algo que la investigación empieza a confirmar: lo que hace bien no es sólo la distancia recorrida, sino la frecuencia con la que uno se permite cortar la rutina, aunque sea por un finde largo. Y eso, acá en la zona centro, está al alcance de casi cualquiera que decida tomarse el trabajo de organizar la próxima salida chica antes de que el año se nos escape otra vez.

Lo que uno espera que pase a partir de ahora es que aparezcan nuevos trabajos que afinen la lupa: cuántos días hacen falta, cada cuánto conviene repetir, qué tipo de actividades deja más marca y, sobre todo, si estos hallazgos se replican fuera de Australia. Mientras tanto, la conclusión práctica es bastante amigable con la vida real: escapadas breves, cercanas y frecuentes también suman, y a veces incluso le hacen más bien a quienes más las necesitan.

YB
Yanina BenítezSociedad y vida

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