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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Histamina: la sustancia que conecta migrañas, panza hinchada y noches sin dormir y el cuerpo empieza a pedir pista

El médico genetista Jorge Dotto explica cómo una molécula que está en el cuerpo y también en la comida puede ser la responsable de síntomas que parecen no tener nada que ver entre sí. Un vaso que se va llenando hasta que rebalsa.

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Yanina BenítezSociedad y vida · · lectura 4 min
Histamina: la sustancia que conecta migrañas, panza hinchada y noches sin dormir y el cuerpo empieza a pedir pista

Acá en la zona centro, en una cocina cualquiera de un departamento de los tantos que tenemos repartidos por el centro, una vecina —digamos Laura, del barrio de Constitución— me cuenta mientras toma un mate que ella vive con migrañas desde los veinte, que el marido tiene la panza hinchada después de cada cena y que a la nena de ocho años le cuesta dormirse casi todas las noches. Tres personas, tres síntomas distintos y, sin embargo, un posible hilo conductor que empieza a ganar terreno entre los profesionales que miran el cuerpo como un sistema y no como compartimentos separados. Nosotros, como pacientes, solemos ir de un especialista a otro —al neurólogo, al gastroenterólogo, al pediatra— y volver a casa con un parche para cada cosa. Pero hay una explicación que une todo eso bajo una misma palabra: histamina.

Jorge Dotto es médico genetista, dirige el programa de Medicina Genómica de Génesis y se dedica hace años a estudiar cómo ciertas sustancias que el propio organismo produce y otras que ingresan con la alimentación pueden terminar generando síntomas que, vistos de a uno, parecen no guardar ningún vínculo. Según explica en diálogo con este portal, la histamina cumple tareas múltiples en el cuerpo: participa en el estado de vigilia, en los mecanismos de apetito y saciedad, en funciones cognitivas, en la producción de ácido estomacal, en la contracción intestinal y en la regulación cardíaca. Y, además, se activa cuando el sistema inmune identifica una amenaza, lo que explica por qué aparece en las reacciones alérgicas clásicas como la picazón, el sarpullido o los estornudos.

El vaso que se va llenando

El problema no es la histamina en sí misma —sin ella no podríamos mantenernos despiertos, digerir bien ni responder ante un intruso— sino la acumulación. Dotto lo describe con una imagen que a mí, personalmente, me terminó de cerrar: 'Acumulo, acumulo, acumulo y exploto, porque no puedo sacar el tapón'. El vaso se llena con lo que se come, con el estrés cotidiano, con el ejercicio intenso y también con las variaciones hormonales. Mientras no rebalsa, no pasa nada. Cuando se llena, aparecen las reacciones, que pueden ir desde una migraña hasta una noche en vela, desde hinchazón abdominal hasta una rinitis que aparece sin causa aparente.

“Acumulo, acumulo, acumulo y exploto, porque no puedo sacar el tapón.”Jorge Dotto, médico genetista
  • Quesos curados
  • Embutidos
  • Vino tinto
  • Chocolate
  • Tomate
  • Palta
  • Pescado

Ahora bien, ojo con hacer listas de proscritos y comérselas como si fueran un evangelio: la dosis y la persona mandan tanto como el alimento en sí. 'No todos reaccionamos de la misma manera a las mismas sustancias químicas', aclara Dotto. Hay quienes toleran el tomate cherry y revientan con un tomate común; quienes bancan un cuadradito de chocolate pero se desbordan con dos; quienes el vino tinto les dispara una migraña en media hora y a otros les pasa inadvertido. Esa variabilidad tiene, además, una raíz genética: cada uno de nosotros hereda información que define cómo procesa ciertas sustancias, y eso explica por qué en una casa aparezca la madre con cefaleas, el padre con problemas digestivos y la hija con dificultades respiratorias de chica. 'Que aparezcan intolerancias en una misma familia es lo esperable, no la excepción', afirma Dotto, que suele poner el ejemplo de dos hermanas gemelas con síntomas distintos a pesar de compartir casi todo el ADN: la diferencia estaba en lo que cada una comía y en los factores del entorno.

Para las mujeres, la cuestión suma una capa más. La relación entre los estrógenos y la histamina puede hacer que ciertos síntomas cambien a lo largo del ciclo, y por eso no es raro que muchas pacientes noten que las migrañas se intensifican en una etapa puntual del mes o que la hinchazón aparezca con más fuerza en ciertos días. En los hombres, en cambio, el cuadro suele ser más estable, pero no por eso menos molesto.

Lo que Dotto plantea —y lo que a mí, como cronista, me parece valioso traer a esta sección— es que aprender a leer las señales que el cuerpo viene dando hace tiempo puede evitar años de consultas sueltas, de estudios que no cierran y de medicaciones que apagan un síntoma mientras encienden otro. No se trata de volverse obsesivo con la comida ni de declararle la guerra al queso o al vino, sino de entender que en muchos casos el cuerpo está avisando que algo se acumuló de más. La persona que hoy reconoce su migraña, su panza hinchada o su mal sueño como parte de un mismo cuadro es, probablemente, alguien que está empezando a sacar el tapón antes de que el vaso explote. Y eso, en materia de salud, es casi siempre la mejor noticia que uno puede llevarse a casa.

YB
Yanina BenítezSociedad y vida

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