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SÁB, 19 SEPT 2026
Vida

La huerta se muda al jardín: cómo armar un solo espacio donde convivan tomates, aromáticas y flores sin pisarse la sombra

Septiembre abre la ventana para sembrar y plantar, pero antes de meter la pala conviene pensar el diseño: qué le dará el sol, cuánto crecerá cada especie y dónde quedarán los espacios libres para que la huerta y el resto del verde se lleven bien.

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Yanina BenítezSociedad y vida · 18 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Son las nueve de la mañana y la cuadra todavía está en silencio. En una casa de la zona centro, una vecina a la que llamaremos Cristina —que vive en el barrio desde hace más de veinte años— abre la puerta trasera y mira el patio como si fuera un rompecabezas: en un costado sobrevive un romero heredado de la suegra, en el otro quedó el cantero de los malvones y al fondo, contra el alambrado, hay un tendedero que ella quisiera esconder. "Yo quiero una huerta, pero no quiero dejar de tener flores", me dice mientras señala el tendedero con la barbilla. Esa frase resume el dilema de septiembre: ¿se puede tener de todo en el mismo lugar sin que las plantas terminen a los codazos?

Pensar el espacio antes de meter la semilla

Acá en la zona centro, donde las casas suelen tener patios chicos, la clave es planificar antes de sembrar. Una huerta puede compartir terreno con las plantas ornamentales y formar parte de la vista desde una ventana, pero para que esa convivencia funcione hay que mirar hacia adelante: pensar en la cosecha, sí, pero también en el tamaño que va a tener cada especie cuando crezca y en los sectores que van a quedar libres para conectar las distintas áreas del jardín. No es lo mismo poner un laurel de un metro que uno que en pocos años puede superar los tres y comerse la luz del resto.

  • Plantas perennes que dan continuidad: romero, tomillo, orégano y laurel comestible, que además pueden usarse como cerco vivo para tapar lo que no queremos ver, como el tendedero.
  • Siembra de temporada en septiembre: tomate, albahaca, berenjena, lechuga y pepino, que se pueden arrancar con semillas o plantines según el apuro de cada uno.
  • Cobertura del suelo: compost y humus de lombriz para mejorar la estructura y aportar nutrientes, tanto en tierra directa como en macetas.
  • Protección de los frutos: una red contra los pájaros en el sector de las frutillas, ubicada fuera del primer plano para que no rompa la estética del conjunto.

Las plantas de huerta piden al menos medio día de sol directo, y en la Argentina mirar hacia el norte ayuda a ubicar el sector con mayor asoleamiento. Pero también hay un detalle práctico que muchos recién se acuerdan cuando llega el calor: tener una canilla cerca ahorra dolores de cabeza. Durante la primavera y el verano, la evaporación y la transpiración de las plantas se disparan, y cargar la regadera desde la cocina termina siendo un suplicio. Facilitar el riego, dicen los que saben, es parte de la planificación, no un extra.

Con el sol y el agua resueltos, aparece el juego más lindo: distribuir alturas, formas y colores. Un laurel comestible puede armar ese cerco verde que Cristina quería para tapar el tendedero. Sobre un alambrado o una reja, el taco de reina se cuelga solo y regala flores amarillas, anaranjadas o rojizas que cambian según la variedad. La elección depende de las condiciones de cultivo y del lugar que va a ocupar la planta cuando crezca, porque lo que hoy es un plantín bajo, en dos temporadas puede transformarse en un tapiz que tapa la medianera entera.

Y acá aparece un punto que no es menor y que a veces se olvida: entre la vegetación va a haber alimentos. Entonces los productos fitosanitarios que se usen en todo el sector tienen que estar aprobados para cultivos comestibles, incluso cuando se apliquen sobre las plantas ornamentales cercanas. Es una sola decisión que involucra a todo el jardín y que conviene tomar antes de empezar a pulverizar.

Cristina me mira otra vez el patio y asiente, como quien ya se imagina los tomates colgados del alambrado y el laurel tapándole el tendedero a los vecinos. "Si lo hago bien", me dice, "el verano que viene como ensalada del patio". Es la esperanza más razonable que puede tener una huerta de primavera: que lo sembrado en septiembre termine en la mesa, con la misma tranquilidad con la que se mira un jardín bien resuelto.

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Yanina BenítezSociedad y vida

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