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VIE, 16 OCT 2026
Economía

La sangría silenciosa: casi mil empresas menos en julio y 32.000 fuera del registro en tres años

El padrón de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo cayó a 480.067 firmas activas, el nivel más bajo desde fines de 2023. Comercio, industria y agro concentran la mayor parte de los cierres. Economistas y productores describen un mecanismo de arrastre que empieza por la pérdida de demanda y termina con la persiana baja.

IK
Ingrid KowalczukCampo y yerba · · lectura 3 min
La sangría silenciosa: casi mil empresas menos en julio y 32.000 fuera del registro en tres años

En julio de 2026 quedaban registradas en el país 480.067 empresas con al menos un empleado en blanco, según los datos difundidos por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. Se trata del piso más bajo desde noviembre de 2023, cuando el padrón contabilizaba 512.357 firmas activas, y confirma una tendencia que ya lleva dieciocho meses sin un solo mes positivo: desde febrero de 2025, cada cierre mensual superó a las aperturas, y el promedio de empresas desaparecidas desde el pico de enero de 2024 se ubica en torno de las 1.138 por mes.

Una caída sostenida que se acelera mes a mes

Solo en julio se restaron 948 firmas respecto de junio, cuando el registro marcaba 481.015. Fue la variación mensual más chica del año, pero profundizó un proceso que lleva arrastrados 34.137 unidades productivas desde el techo de enero de 2024, cuando había 514.204. La merma acumulada en los últimos tres años alcanza las 32.290 empresas, equivalentes a una contracción del 6,3 por ciento sobre el padrón formal.

Los registros con apertura sectorial, disponibles hasta junio, ubican a comercio, industria y agro como los tres rubros que explican la mayor parte de la poda. Entre esos segmentos sumaban 15.353 empresas menos en el primer semestre, en un país donde, según describen los propios actores, las gomerolas y los corralones empiezan a sentir la falta de clientes tanto como las Pymefamilies proveedoras de insumos.

Lo que dicen los números y lo que se ve en la chacra

En diálogo con este medio, productores del norte misionero describen una dinámica que replica, a otra escala, lo que muestran los padrones nacionales. En la colonia El Chiripa, el colono Eduardo Kovalchuk, que trabaja unas quince hectáreas con destino a la yerba y al tabaco, repasó el menú de costos que se fue reconfigurando en los últimos meses: “El kilo de hoja verde se sigue pagando arriba de los tres mil pesos en algunos acuerdos, pero los fletes, el gasoil y los repuestos treparon muy por encima de eso. Al final del mes te queda menos que cuando arrancamos la zafra”. Para Kovalchuk, la diferencia entre lo que liquidan los molinos y lo que efectivamente queda en el bolsillo del colono “se la lleva alguien del medio que nadie nombra”.

La mirada técnica: presión importadora, salario real y efecto de arrastre

Hernán Bergstein, economista especializado en pequeñas y medianas empresas y docente de la Universidad Nacional de Lanús, describió un cuadro con tres vectores principales. El primero es el avance de importaciones baratas, que comprime los márgenes de las pymes industriales. El segundo es la caída del salario real, que se traduce en menor consumo y termina vaciando los mostradores de los comercios de barrio. El tercero, menos visible pero decisivo, es la retracción del Estado como demandante de bienes y servicios. “Las empresas bajan su producción hasta cerrar porque no tienen demanda”, resumió el economista.

Bergstein agregó un cuarto mecanismo, al que definió como efecto de arrastre: cuando una firma vende menos, posterga pagos a proveedores, reduce pedidos de insumos y ajusta personal. Esos proveedores, a su vez, pierden facturación y pueden terminar cerrando, en una cadena que termina golpeando a trabajadores y a nuevas unidades productivas. El especialista graficó que la pulseada por el salario real y la presión importadora son efectos concretos, no declamaciones: lo que se ve en las pymes de cada localidad.

La pregunta que nadie termina de responder

Los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo muestran un registro que se contrae sin pausa desde hace casi dos años y medio. Las cifras son públicas, los diagnósticos de los especialistas están disponibles y los testimonios de quienes cierran persianas cada semana se multiplican en los barrios y en las colonias del interior. Lo que falta, como en cada ajuste, es responder quién se queda con la diferencia entre el precio que se paga en una punta de la cadena y el ingreso que efectivamente llega a la otra.

IK
Ingrid KowalczukCampo y yerba

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