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LUN, 21 SEPT 2026
Vida

Levantarse de la silla, aunque sea dos minutos, mejora la cabeza: lo que dice la ciencia

Una revisión de 25 ensayos y más de mil personas detectó que interrumpir las horas sentadas con caminatas, estiramientos o escaleras ayuda a volver a la tarea con más atención y memoria. Las claves de un hallazgo modesto pero consistente.

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Yanina BenítezSociedad y vida · 20 DE SEPT DE 2026 · lectura 2 min

Son las once de la mañana y en la oficina de Laura Pereyra, en la calle Tucumán al 800, el café ya se enfrió. Laura se para, se estira y camina hasta la ventana del pasillo. Dos minutos, reloj mediante. Vuelve a su silla y, dice ella, "se le ordena un poco la cabeza". No es una ocurrencia: una revisión de 25 ensayos clínicos con 1.115 participantes, coordinada por Yongming Li, mostró que esas pausas breves de movimiento aplicadas durante la jornada sedentaria dejan beneficios pequeños pero detectables en la atención y en la memoria cuando se retoman las tareas. Acá en la zona centro, donde abundan los trabajos de oficina, la noticia le encuentra a más de uno mirando el reloj.

La idea es tan simple como suena: cortar las horas sentadas con caminatas, estiramientos, yoga, escaleras, pedaleo en bicicleta fija o ejercicios de resistencia, e incluso rutinas más intensas como correr sin desplazarse o hacer saltos, siempre en bloques cortos. El análisis se concentró en interrupciones de menos de diez minutos, muchas veces de apenas dos minutos, repetidas cada media hora o cada hora. Estas pausas complementan la actividad física habitual, pero no reemplazan las recomendaciones generales de ejercicio que ya conocemos.

Qué midieron y a quiénes

  • Atención sostenida: la capacidad de quedarse enganchado en una tarea sin distraerse.
  • Flexibilidad cognitiva: cambiar de consigna o de tema con agilidad.
  • Control inhibitorio: frenar respuestas impulsivas para decidir mejor.
  • Memoria de trabajo: mantener información a mano mientras se resuelve un problema.
  • Edades cubiertas: participantes de entre 8 y 78 años, reunidos en 25 ensayos clínicos.

En el balance general, la mejora promedio fue modesta: 0,24 en la escala estadística usada por los autores, donde 0,2 ya se considera un efecto pequeño. El resultado cobra fuerza cuando se sostienen las rutinas varias semanas y cuando el ámbito es escolar o laboral, entornos donde las tareas mentales se encadenan una tras otra. Para los que trabajamos frente a una pantalla, el dato trae una conversación pendiente: cuánto tiempo pasamos sentados y qué hacemos con los resquicios que quedan entre una reunión y otra.

“La frecuencia también aportó pistas: las pausas separadas por una hora mostraron una ventaja ligeramente mayor que las realizadas cada treinta minutos, aunque la diferencia fue reducida. En las aulas, Mark Hamer, investigador del University College London, destacó la posibilidad de sumar movimientos sencillos antes de continuar una lección, sin necesidad de equipamiento deportivo.”Mark Hamer, University College London

Mike Trott, de la Universidad de Queensland, planteó la hipótesis más citada para explicar por qué estas pausas funcionarían: el cuerpo en movimiento liberaría dopamina y noradrenalina, dos neurotransmisores asociados al estado de alerta y a la disposición para aprender, a la vez que mejoraría el riego sanguíneo cerebral. No es magia, pero tampoco es un capricho: es biología puesta al servicio del horario de oficina. Y a nosotros, que solemos almorzar sentados y volver sentados, nos deja una tarea concreta para mañana.

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Yanina BenítezSociedad y vida

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