Toledo contra Torrente: cuando el antihéroe se queda con la gloria y nadie le marca la puerta
El actor vuelve a polemizar con Santiago Segura: asegura que Torrente debería haber sido el villano de su propia saga y que el humor, sin autocrítica, deja de ser espejo y pasa a ser altavoz de los peores estereotipos.
Yo siempre digo que hay una frase que mi vieja repetía cada vez que alguien confundía valiente con pendenciero: "El que se banca el marrón, hijo, es el que hace de malo en la película". Viene a cuento porque Guillermo Toledo volvió a cargar contra Torrente, ese engendro cinematográfico que Santiago Segura parió hace un cuarto de siglo y que, en lugar de quedar expuesto como lo que parece ser, terminó convertido en ídolo de multitudes. Para Toledo, el personaje es fascista, racista, homófobo y machista, o sea "todo lo peor de la España más oscura", y sin embargo la saga lo celebra como si fuera un campeón. La contradicción, según el actor, es tan gruesa que duele, y él no se cansa de señalarla en cada entrevista que le hacen.
Lo más jugoso de las declaraciones de Toledo es la parte donde cuenta cómo reacciona Segura: "Se enfada mucho cuando yo le digo que haría de un fascista feliz como Torrente, pero no en una película como Torrente. Tendría que ser el malo de la película, no el héroe". El planteo es de manual: si acumulás en un mismo personaje todos los prejuicios rancios del manual, lo vestís con la bandera de los vencedores y le ponés banda sonora de gaita, el público termina coreando su nombre en lugar de repudiándolo. Para Toledo, ese desplazamiento es el verdadero problema de la saga: el esperpento se convirtió en estandarte.
La escena de la carne, los tres hombres negros y la risa fácil
Toledo eligió una escena concreta para graficar lo que le molesta. En algún tramo de la saga, Torrente tira al suelo un trozo de carne y tres personas negras se trenzan a los golpes para ver quién lo agarra. La platea, claro, se desternillaba. Para el actor, ahí no hay lectura irónica ni crítica ni doble sentido: "La gente se reía con eso, les parecía gracioso. Es peligrosísimo, porque el humor es un arma política muy poderosa". El riesgo, según su mirada, no es reírse del chiste, sino reírse con el chiste y no volver a preguntarse de qué carajo se está riendo. Cuando eso pasa, el humor deja de incomodar y empieza a confirmar.
Animalario y la risa como espejo
El actor contrastó esa lógica con su experiencia en Animalario, la compañía teatral donde se curtió. Ahí, dice, el humor se usa: como incomodidad deliberada. "Tienes que aprovechar esa risa para que el público diga: de qué me estoy riendo. Te pone frente a un espejo", resumió. Para Toledo, esa es la línea que separa al humor que desnuda del humor que consuela. El primero empuja al espectador a revisarse; el segundo lo deja tranquilo en la butaca, con la panza llena y la cabeza vacía.
Una historia en común que se enfrió
Toledo y Segura compartieron cartel en dos oportunidades. La más lejana, El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo (2004), una comedia ácida sobre dos pesados de turno. La más reciente, La reina de España (2016), donde Toledo interpretaba al actor que encarnaba a Macarena Granada, la estrella española que interpretaba la reina católica en Hollywood. Después de eso, cada uno siguió por su lado y las declaraciones del primero empezaron a caer como alpargatas en la sobremesa: críticas públicas, lecturas ideológicas y una pregunta incómoda que el segundo, según cuenta Toledo, prefiere no responder.
A mí, si me permiten la opinión, lo que más me interesa del entripado no es quién tiene razón en el barullo. Lo que me interesa es la pregunta de fondo: ¿puede un personaje repugnante ser el héroe de su propia historia sin que el relato lo pague? Yo creo que Toledo señala una herida real del cine cómico español: cuando la caricatura se vuelve entrañable, lo que se caricaturiza empieza a naturalizarse. Pero también creo que Segura tiene un punto cuando reclama que la farsa es farsa y que el público lo entiende. El problema es que la historia del humor está llena de chistes que parecían inocuos hasta que alguien los miró de cerca y descubrió el fango debajo. El propio Torrente, si uno se pone, podría protagonizar la próxima temporada de esa galería. Mientras tanto, Toledo seguirá sacudiendo el avispero y Segura seguirá enfadándose mucho, que es, según parece, su manera de confirmar que algo le pegó.
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