Una distribuidora de Ezeiza recibió más de diez cuadras de postulantes para apenas cuarenta vacantes
La convocatoria de Cabaña Santa Marta desbordó todas las previsiones y dejó al descubierto la magnitud de la informalidad laboral en el sur del conurbano bonaerense, en un escenario marcado por la falta de empleo registrado.
Vamos a los números: cuarenta puestos de trabajo disponibles en una distribuidora alimenticia del sur del conurbano bonaerense, la firma Cabaña Santa Marta, movilizaron a primera hora de la mañana a más de diez cuadras de personas que esperaban entregar su currículum. La escena, registrada en la localidad de Ezeiza, ilustra con crudeza la situación del mercado laboral argentino en el segundo trimestre del año, cuando las cifras oficiales dan cuenta de que casi la mitad de los puestos del país continúan sin registro formal.
La compañía había publicado a través de sus cuentas de Instagram y Facebook que recibiría postulantes en su sede de Reconquista 654 a partir de las ocho de la mañana, con el requisito de presentar currículum impreso, documento de identidad y un formulario disponible en línea. Ante la posibilidad de que algunos interesados no pudieran completar el trámite digital, la empresa aclaró que entregaría copias en papel durante la jornada, con el propósito de garantizar el acceso en igualdad de condiciones.
Una jornada que arrancó antes del amanecer
Varios de los presentes relataron que la cola comenzó a formarse durante la noche anterior. Cuando se abrieron las puertas, la hilera ya superaba las diez cuadras, fenómeno que tomó por sorpresa incluso a la organización. Los asistentes provenían no solo de Ezeiza, sino también de localidades vecinas como Tristán Suárez, El Jagüel, Luis Guillón, Carlos Spegazzini y Esteban Echeverría. La convocatoria se viralizó fundamentalmente a través de redes sociales, donde perfiles y grupos replicaron la información durante los días previos.
- Jóvenes de entre dieciocho y veinte años en busca de su primera inserción laboral formal.
- Trabajadores con experiencia previa en atención al cliente, cocina, construcción, mecánica y comercio.
- Personas con empleo informal o de corta duración que aspiraban a acceder a un puesto registrado.
- Postulantes ya empleados que procuraban mayor estabilidad y cobertura social.
- Una estudiante de enfermería que necesita ingresos para costear la carrera.
- Un hombre de 41 años que pretendía dejar un puesto precario por una ocupación más sólida.
- Una mujer con más de seis años sin registro, con ingresos cercanos a los 600.000 pesos y cobertura médica solventada de su bolsillo.
Entre las declaraciones que recogieron los periodistas en el lugar, se destacó la de un joven de dieciocho años con recorridos previos por la construcción, la cocina y la mecánica, que resumió el ánimo general al señalar que esperaba conseguir «la primera oportunidad en blanco», especialmente en un contexto en el que, según sus propias palabras, «si no tenés el secundario completo o estás cursando», las alternativas tienden a estrecharse.
El arco salarial expuesto fue heterogéneo. Algunos postulantes, ante la consulta, estimaron que requerirían ingresos cercanos a 1.200.000 pesos mensuales para alcanzar cierto grado de autonomía; otros, en cambio, mencionaron como referencia el salario mínimo vital y móvil o montos apenas superiores. La diversidad de pretensiones pone de relieve que la búsqueda apuntaba, en primer término, a la formalización y a los beneficios asociados, más allá de la cifra inicial.
El episodio se produjo en un marco de deterioro sostenido del empleo registrado. Según los datos del INDEC correspondientes al segundo trimestre de 2026, la proporción de asalariados sin descuento jubilatorio se mantiene en torno al cincuenta por ciento, una cifra que revela la profundidad estructural de la informalidad en el mercado de trabajo argentino y que excede las particularidades de cualquier distrito. La convocatoria en Ezeiza se inscribe, por lo tanto, en una dinámica de alcance nacional.
El mes próximo, el indicador que habrá que seguir de cerca es la tasa de informalidad asalariada correspondiente al tercer trimestre, que el INDEC difundirá junto con los habituales reportes de mercado laboral. Esa publicación permitirá dimensionar si el escenario actual persiste, se atenúa o se profundiza, y ofrecerá a los analistas y a los propios actores económicos una referencia clave para anticipar el pulso de la demanda de puestos formales en los próximos meses.
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