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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Volver a moverse después de la pausa: por qué el cuerpo no arranca de cero aunque uno lo sienta así

Un estudio de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign detectó que músculos e hígado guardan marcas invisibles del entrenamiento anterior, lo que ayuda a explicar la recuperación más rápida de quienes retoman la actividad tras semanas o meses de inactividad.

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Yanina BenítezSociedad y vida · · lectura 3 min
Volver a moverse después de la pausa: por qué el cuerpo no arranca de cero aunque uno lo sienta así

Acá en la zona centro, en cualquier plaza, se repite la misma escena: alguien que fue corredor del gimnasio, nadadora los domingos o caminante de toda la vida arranca otra vez después de una pausa larga y se frustra porque siente que perdió absolutamente todo. Pero la ciencia viene diciendo hace rato que esa intuición no termina de ser cierta. Lo que pasa es que, mientras uno cree que está volviendo a fojas cero, sus células están haciendo otra cuenta.

Somos muchos los que en algún momento dejamos de movernos por una lesión, un embarazo, una enfermedad o una temporada de trabajo que se lleva la energía por delante. Y somos muchos también los que al retomar tenemos la sensación de que la rueda vuelve a girar desde el primer paso. Lo que un equipo de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign viene a mostrarnos es que, a nivel celular, el punto de partida nunca es exactamente el mismo que el de alguien que nunca se entrenó.

Lo que midieron los investigadores

Diego Hernandez-Saavedra y Yi-Heng Huang analizaron qué pasa en músculos e hígado antes, durante y después de una pausa en la actividad física. En uno de los trabajos, publicado en 2025 en American Journal of Physiology-Cell Physiology, entrenaron ratones durante cuatro a ocho semanas, los dejaron inactivos un rato y después los reentrenaron. Al comparar la respuesta con la de animales que nunca habían hecho ejercicio, aparecieron diferencias concretas.

  • Los animales con entrenamiento previo desarrollaron fibras musculares más grandes al retomar la actividad.
  • Sus músculos aprovecharon mejor la energía disponible frente al esfuerzo.
  • Esa ventaja metabólica se sostuvo incluso durante los períodos sin ejercicio.
  • En el hígado detectaron mayor presencia de carboxilesterasas, enzimas que descomponen grasas en sangre para que el músculo las use como combustible.
  • Esa mayor cantidad de enzimas mejoró la coordinación energética entre hígado y músculo al volver a moverse.

El segundo estudio, publicado en 2026 en Molecular Metabolism, incluyó también a personas que habían retomado la actividad tras una pausa y llegó a conclusiones parecidas. Lo que nos estamos llevando como lectores de 40 a 60 años es bastante tranquilizador. La idea de memoria celular no es nueva en biología: las neuronas almacenan información a través de sus conexiones y el sistema inmunitario reconoce agentes que ya enfrentó. Lo que este equipo viene a sumar es que las células musculares, las hepáticas, las de la piel y las del tejido adiposo también parecen guardar registros de experiencias pasadas.

La verdad es que a mí, mientras leía el paper, me vino a la cabeza la historia de Adriana, del barrio de Caballito, que dejó de ir a la pileta después de una operación de rodilla y volvió pasados casi cinco meses. Ella misma me decía el otro día, mientras esperábamos el colectivo en la esquina, que le daba una bronca enorme sentir las piernas tan duras y el aire tan corto apenas se metía en el agua. Lo que le dije, y lo que estos investigadores vienen a confirmar, es que esa vuelta no es una vuelta a cero, aunque se padezca como si lo fuera.

La pausa sí pasa factura: lo que sí se pierde

Porque tampoco conviene vendernos una ilusión completa. Tras varias semanas sin actividad bajan la capacidad cardiovascular, la fuerza y la respuesta del organismo a la insulina. Eso no se guarda, se gasta. La recomendación clásica de moverse con regularidad sigue absolutamente vigente. Lo que cambia con estos hallazgos es la forma de pensar el regreso: ya no se trata de empezar desde la nada, sino de volver sobre marcas que el cuerpo todavía tiene escritas por dentro, aunque uno no las sienta a simple vista.

Me quedo pensando, y lo que uno espera que pase a partir de ahora es que estas investigaciones sirvan para diseñar mejores programas de regreso a la actividad después de una pausa médica, una internación o un parate obligado. Si el cuerpo guarda memoria del esfuerzo, el trabajo de los entrenadores, los kinesiólogos y los médicos debería poder apoyarse en esa memoria en lugar de tratarnos como si nunca hubiéramos movido una pesa, una zapatilla o una bici en nuestra vida.

YB
Yanina BenítezSociedad y vida

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