Zverev pasó la escoba en Shanghai y ya tiene semifinal servida: le toca Davidovich Fokina
El alemán barrió a De Miñaur con un doble 6-4, salvó las cinco chances de quiebre que le aparecieron y quedó a dos victorias de su octavo Masters 1000. Si levanta el trofeo, cierra el año como número uno del mundo.
Digan lo que quieran del calor de octubre en Shanghai, pero al que hay que ponerle un ventilador es a De Miñaur. El australiano se volvió a topar con Zverev como quien se topa con la misma baldosa rota en la vereda: ya sabe que va a tropezar, pero camina igual. Y otra vez cayó, 6-4 y 6-4, en una de esas derrotas que duelen menos porque ya te las esperás.
El saque, una muralla con firma
El alemán hizo del servicio su escudo personal. Le aparecieron cinco chances de quiebre en contra a lo largo del partido y las anuló todas, como un arquero de pueblo que ataja todo en el clásico. Después, en el tramo final de cada set, quebró una vez y listo: set cerrado, manga guardada, pasaporte a semis sin pasar por la guardia del hospital.
- Historial entre Zverev y De Miñaur: 9-4 a favor del alemán.
- Títulos Masters 1000 de Zverev: busca el octavo.
- Ranking de Davidovich Fokina: puesto 26 del mundo.
- Historial entre Zverev y Davidovich Fokina: 6-1 a favor del alemán.
- Tiempo de juego de Davidovich Fokina en cuartos: 22 minutos, por retiro de Arthur Gea.
El rival de semis viene con las piernas frescas
Menos mal que el tenis le da revancha a algunos. Alejandro Davidovich Fokina, un tenista con nombre largo y derecha peligrosa, selló su pase a semis sin sudar la camiseta: su rival, Arthur Gea, se retiró a los 22 minutos por una molestia física. Así, el español llegará al cruce con menos kilómetros en las piernas que un remis un domingo a la mañana, mientras Zverev viene de gastar dos sets completos.
El historial, otra vez, juega a favor del alemán: seis victorias contra una sola derrota. No es un cruce parejo, es un cruce donde Zverev ya sabe dónde queda cada baldosa. Eso en el tenis pesa, y mucho.
El número uno mira desde la tribuna
Hay un premio extra flotando en el aire de Shanghai. Si Zverev avanza hasta la final o directamente levanta el título, termina la temporada como número uno del mundo. No es un dato menor para un jugador que ya sabe lo que es ganar Grand Slams pero sigue mirando el ranking con la misma ansiedad con la que uno mira el resumen de la tarjeta a fin de mes.
Yo, si fuera Davidovich Fokina, miraría este partido como una oportunidad única: enfrente tenés a un gigante que te gana siempre, con el público en contra y la presión del número uno encima. Justo el combo perfecto para liberar el brazo y jugar sin nada que perder. Pero si sos Zverev, también sabés que estas finales no se escapan dos veces. Veremos quién se equivoca menos el sábado.
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