Burnout: cinco llaves cotidianas para empezar a salir del pozo del cansancio que no se va
El agotamiento laboral va mucho más allá de una mala noche: enciende el cortisol, desordena el sueño y deja la cabeza funcionando a media máquina. Una nutricionista naturópata inglesa propone cinco hábitos que apuntan a la mesa, el descanso y la calma, y desde acá los revisamos con lupa para pensar si nos sirven en la vida de todos los días.
Son las ocho de la noche y Romina, vecina del barrio de Once, termina de apoyar el celular en la mesa ratona después de contestar el último mail de la jornada. Se sirve un vaso de agua, se sienta en el sillón y, antes de que el cuerpo le pida, se queda mirando la pared un rato largo. Hace meses que llega así a su casa. Duerme, sí, pero se levanta con la misma sensación de batería baja con la que se acostó. "Yo duermo, como, hago lo que tengo que hacer, pero hay algo que no me repone", me cuenta mientras acomoda los almohadones del living, como si todavía estuviera ordenando la cabeza. Esa mezcla de cansancio físico y de fastidio emocional tiene nombre: los especialistas lo llaman burnout, y cada vez se escucha más en las consultas, en las oficinas y en las mesas familiares de acá en la zona centro.
Nosotros tendemos a traducirlo como "estoy quemado" y, en general, lo tomamos como una exageración o como una queja pasajera. Sin embargo, la nutricionista naturópata Jessica Shand, autora de The Hormone Balance Handbook, lo describe como un cuadro serio en el que el estrés sostenido mantiene al organismo en estado de alerta permanente, con el cortisol elevado como una alarma que nunca se apaga.
Qué pasa cuando el cortisol no baja
Según Shand, cuando el cuerpo vive bajo presión durante semanas o meses deja de lado funciones que parecen básicas pero que son indispensables, como la digestión, el descanso profundo y el equilibrio hormonal. Esa priorización de la supervivencia es la que explica que la persona se levante agotada, le cueste concentrarse, se note más irritable y sienta que ni un fin de semana largo le alcanza para volver a ser la de antes. En otras palabras: no es pereza ni de carácter, es una cuestión fisiológica.
Lo más interesante de la propuesta de Shand es que no hay ni una varita mágica ni una promesa de solución exprés. Lo que ofrece es volver a las fuentes: alimentarse con regularidad, proteger el sueño, tomarse en serio los ritmos del cuerpo y, cuando se recurran a plantas o suplementos, hacerlo con información y con acompañamiento profesional, sobre todo si hay embarazo, lactancia, enfermedades previas o tratamientos farmacológicos en curso. Para Romina, que esta noche prueba con una infusión de manzanilla y el celular lejos de la mesa de luz, la expectativa es chica pero concreta: "Yo no pretendo elegir volver a ser la de antes de la pandemia, pero sí quiero poder terminar un día y no sentir que me arrastré". En esa frase aparece, tal vez, la mejor definición de lo que significa empezar a recuperarse del agotamiento: no esperar un milagro, sino aceitar de nuevo los engranajes más simples de la vida cotidiana.
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