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JUE, 10 SEPT 2026
Vida

Cuando el maní deja de ser una molestia y se vuelve una urgencia: las claves que pueden salvar una vida

Una reacción leve en el pasado no asegura que la próxima también lo sea. La alergista Jaclyn Bjelac, de Cleveland Clinic, explica qué señales obligan a actuar sin perder un minuto, qué medicación corresponde aplicar primero y por qué la preparación previa marca la diferencia, sobre todo cuando hay chicos en la casa.

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Yanina BenítezSociedad y vida · 10 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Son las siete de la tarde acá en la zona centro y María Ester, de la colonia San Martín, termina de acomodar la mesa para la merienda. Le alcanza una galletita a su nieto de dos años y, de repente, nota que se le hinchan los labios y le aparece una ronquera que antes no estaba. Ella, que ya pasó por esto con su hija mayor cuando era chica, sabe que no hay tiempo para conjeturas: agarra el autoinyector de epinefrina que el pediatra les dejó indicado, lo aplica y llama al servicio de emergencias mientras el nene se le apoya en el pecho. Esa escena, que parece sacada de un manual, es la que la alergista Jaclyn Bjelac, de Cleveland Clinic, pide que todas las familias tengan incorporada antes de que ocurra, porque cuando aparece una reacción al maní la diferencia entre un susto y una tragedia se mide en minutos.

Por qué una reacción anterior no sirve como garantía

Nosotros, los que convivimos con alergias alimentares o tenemos a alguien cercano en esa situación, solemos tranquilizarnos con la idea de que, si la vez pasada la reacción fue leve, la próxima también lo será. Bjelac es tajante al respecto: no existe forma confiable de predecir la gravedad de un próximo episodio a partir de lo que pasó en los anteriores. Una persona que únicamente tuvo manifestaciones cutáneas puede, ante un nuevo contacto con maní, presentar una respuesta mucho más intensa y comprometer las vías respiratorias o el sistema cardiovascular. La anafilaxia, que es la forma más severa de la alergia, puede arrancar de manera súbita o comenzar con síntomas que parecen moderados y empeorar después, por lo que cualquier cambio en el cuadro obliga a prestar atención, incluso cuando los primeros indicios no parezcan alarmantes.

Las señales que exigen actuar de inmediato

La especialista enumeró un grupo de manifestaciones que no dan margen para la espera: dificultad para respirar, sensación de garganta cerrada, hinchazón marcada, mareos o desmayo. También corresponde intervenir cuando los síntomas aparecen en dos o más zonas del cuerpo al mismo tiempo, aunque cada uno por separado no revista gravedad extrema, porque esa combinación puede estar anunciando un cuadro serio. Ante cualquiera de esos signos, Bjelac indicó que lo primero es administrar la epinefrina recetada por el médico tratante y llamar a los servicios de emergencia sin demora, sin sustituirla por antihistamínicos ni esperar a ver cómo evoluciona el paciente.

  • Dificultad para respirar o sensación de garganta cerrada.
  • Hinchazón marcada, sobre todo en labios, lengua o párpados.
  • Mareos, desmayo o sensación de que la presión cae.
  • Síntomas que aparecen en simultáneo en dos o más zonas del cuerpo, como piel y aparato digestivo, o piel y vías respiratorias.

Bebés y chicos pequeños: cuando los síntomas se disfrazan

En los más chicos, la detección se vuelve todavía más difícil, porque pueden presentar las mismas manifestaciones que los niños más grandes pero también formas algo distintas, como irritabilidad repentina, decaimiento, babeo excesivo o rechazo del alimento. Esa variación vuelve imprescindible que las personas que cuidan al niño -padres, abuelos, maestras, cuidadores- sepan de antemano qué observar y cómo actuar, porque en la mitad de los casos la reacción se produce cuando el pequeño no está con sus padres. Bjelac insistió en que la preparación previa es parte central de la respuesta: tener un plan de acción claro, con la medicación a mano y conociendo el momento exacto para usarla, reduce la duda cuando menos tiempo hay para dudar. Esa organización, además, implica que todos los que forman parte de la vida cotidiana del chico conozcan los pasos a seguir y sepan dónde está guardado el autoinyector.

La prevención cotidiana sigue siendo un capítulo central. Saber en qué productos puede aparecer el maní -desde golosinas y facturas hasta salsas y platos elaborados- y revisar las etiquetas cada vez que se compra algo nuevo reduce las chances de una exposición accidental. Para las familias que ya tienen un diagnóstico, la recomendación de Bjelac se resume en una frase que María Ester repite cada vez que viene su nieto a merendar: mientras todos en la casa sepan qué hacer, dónde está la medicación y a quién llamar, el miedo se vuelve manejable. Lo que la persona espera que pase, después de un episodio así, es que el nene respire tranquilo, que la ambulancia llegue a tiempo y que, la próxima vez, el plan funcione tan bien como funcionó esta tarde en la cocina.

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Yanina BenítezSociedad y vida

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