"Cuando él se quiera acercar, yo acá estoy": Mariana Nannis habló desde España y dejó la pelota del lado de Alex
La madre de los Caniggia se refirió a la distancia con su hijo, reconoció que todavía no conoce a Venezia, su nieta de tres años, y se mostró activa con Charlotte mientras participa de un reality.
Yo quiero arrancar esta nota como me enseñó mi vieja cada vez que alguien de la familia se quedaba callado en una mesa larga: "Hijo, mientras haya sangre, hay tiempo". Y con esa idea arrimé el mate y me puse a leer con detenimiento las últimas declaraciones de Mariana Nannis, vive hace rato en España y desde allá, en una charla radial que se conoció esta semana, volvió a poner sobre la mesa el vínculo con Alexander, el mayor de los hijos que tuvo con Claudio Caniggia.
Porque la pregunta estaba cantada y ella lo sabía: ¿qué pasa con Alex? Y Nannis fue al hueso, sin ponerse el traje de víctima ni el de heroineja de una película de domingo a la tarde. "Con Alexander, yo qué sé, ahí está, es mi hijo, va a ser mi hijo siempre", dijo, con ese tono de quien tiene claro que la maternidad no se corta por más distancia que haya. Lo que se desprende de sus palabras es algo bastante simple de contar: no hay ruptura declarada ni reconciliación a la vista, sino una postura de espera, casi diría de guardia, del lado de ella.
La pelota, del lado de Alexander
Cuando el cronista le preguntó qué ocurriría si Alex decidiera dar el primer paso, la respuesta fue de esas que entran por la radio y se quedan dando vueltas toda la tarde: "Cuando él se quiera acercar, yo acá estoy, soy su mamá". Y remató con una frase que a mí, particularmente, me sonó a lección de esas que se escuchan en una cocina de barrio: "Siempre voy a ser su mamá". Es decir, el acercamiento, si llega, tiene que nacer del lado de su hijo; ella no piensa ir a buscarlo ni mover pieza.
¿Y si le preguntaban si lo extraña? Ahí tampoco se guardó nada: "Obviamente que lo extraño, es mi hijo". Después agregó algo que me parece clave para entender el tono de toda la entrevista, porque separó muy bien lo sentimental del reproche: "¿Qué madre no extraña a un hijo?". No hay denuncia, no hay denuncia pública contra Alexander, hay una madre que reconoce un vacío y lo nombra sin aspavientos.
Venezia, la nieta que todavía no abrazó
Hay un costado de esta historia que duele especialmente cuando uno se detiene a pensarlo: Mariana Nannis todavía no conoce a Venezia, la hija de tres años que Alex tuvo con la bailarina Melody Luz. Lo dijo sin vueltas: "Sí, obvio, es mi nieta, obviamente quiero conocerla". Hasta ahí, todo claro. Lo que vino después cambia el peso de la frase, porque dejó la puerta condicionada a que alguien del otro lado la abra: la verá "el día que los demás me la quieran presentar". Es una forma delicada de correr el foco de sí misma y dejarlo donde ella considera que está la decisión.
Charlotte, la otra hija, en el reality
Mientras la cuestión con Alexander sigue trabada, el vínculo con Charlotte Caniggia atraviesa un momento completamente distinto, y eso se nota en el aire de cada frase que Mariana le dedicó. Desde Marbella, España, se comunicó con su hija mientras la joven participa de un reality y el mensaje fue tan simple como repetido: "Tenés que ganar, Charlotte". Le tiró además una indicación práctica para aguantar la convivencia dentro de la casa: "Aguantate a todas las locas y ganá, Charlotte, vamos, si vos podés". La respuesta de Charlotte llegó del otro lado con una carga emotiva fuerte: "Siempre ganadora, mamá, como vos me enseñaste".
Sobre el final de la charla, Nannis la invitó con una promesa que suena a plan de madre más que a plan de celebrity: "Venite y hacemos pijamada en el Hotel Palace, en Madrid". Y la cerró con una frase que ya quedó flotando en el aire de esta semana: "Traé la copa a Marbella". La imagen es curiosa, porque mezcla hotel de lujo con pijamada de hermanas, y deja entrever que el vínculo entre las dos sigue siendo estrecho y cotidiano, pese a los kilómetros.
Antes de cerrar, Mariana se permitió una de esas carcajadas que a mí me suenan a defensa genuina cuando una está cansada de los títulos: "Dicen cada barbaridad... ¿Vas a creer todas las barbaridades que dicen? Imposible". Fue su manera de correr de un plumazo los rumores que suelen sobrevolar la familia Caniggia, especialmente en las redes. Lo que queda, después de escucharla, es una madre que extraña a un hijo, que todavía no conoce a una nieta de tres años, que no piensa mover ella la pieza del acercamiento y que, en paralelo, sostiene desde España una charla de madrina motivadora con su hija en un reality. La distancia, en casa, se mide así: con silencios largos del lado de uno y con palabras filosas del otro. Y por ahora, como diría mi abuela, "hasta que no se sienten a la mesa, la comida queda en la olla".
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