Gripe que pega fuerte: cómo darse cuenta a tiempo de que algo se complicó
La falta de aire, el dolor en el pecho y el empeoramiento después de una mejoría son motivos para consultar sin demora, según un infectólogo de Cleveland Clinic. Los chicos menores de cinco, los mayores de 65, las embarazadas y quienes tienen enfermedades previas encabezan la lista de mayor riesgo.
Son las nueve de la mañana y María Ester, vecina de la colonia San Martín, ya pasó por la farmacia de la esquina para comprar un paracetamol y un jarabe para la tos. Me cuenta que hace cuatro días arrastra una gripe que no la suelta y que anoche, por primera vez en todo el cuadro, se quedó sin aire al subir la escalera del edificio. Acá en la zona centro, este tipo de escenas se repiten cada invierno, y vale la pena prestarle atención: la gripe, que la mayoría vive como un trámite incómodo, puede dar un giro serio cuando uno menos lo espera.
El infectólogo Dhatri Kotekal, consultado por Cleveland Clinic, lo dice sin rodeos: sentirse mejor durante una gripe y empeorar de golpe es un motivo para consultar sin demora. Ese cambio, que parece un paso atrás sin explicación, puede estar marcando la aparición de una infección secundaria, como una neumonía, que se suma al cuadro original y complica todo.
Las señales que no conviene dejar pasar
- Falta de aire o sensación de que falta aire al hacer mínimos esfuerzos.
- Dolor o presión en el pecho.
- Labios o uñas azulados, un signo de que la sangre no está recibiendo suficiente oxígeno.
- Confusión, desmayo o sensación de estar desorientado.
- Vómitos intensos y deshidratación severa.
- En los más chicos: respiración acelerada y llanto que no se logra calmar por más que uno intente consolarlos.
La consulta temprana cobra una importancia especial para quienes conviven con diabetes, enfermedades renales, cardíacas o pulmonares, además de obesidad. Nosotros, los que tenemos alguna de estas condiciones, sabemos que un resfrío puede no ser un simple resfrío. En esos casos, el deterioro puede darse en apenas 24 o 48 horas, un plazo muy corto para reaccionar tarde. También son más vulnerables los menores de cinco años, los mayores de 65 y las embarazadas, aunque nadie está exento: estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, pero no lo borra del mapa.
Aunque la mayoría se recupera en una a tres semanas, el esfuerzo que hace el cuerpo para enfrentar el virus puede abrir la puerta a complicaciones serias. Kotekal señala a la neumonía como la más habitual entre las potencialmente mortales: puede aparecer porque el virus avanza hacia los pulmones o porque, debilitadas las defensas, se cuela una infección bacteriana. También menciona la sepsis, una reacción extrema del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos del propio paciente.
El cuadro no se limita a los pulmones. La gripe puede empeorar el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y empujar a una insuficiencia respiratoria. En pacientes con enfermedades cardíacas previas, un cuadro severo puede alterar el pulso y la presión arterial y, en los casos más graves, desencadenar un infarto o un accidente cerebrovascular.
La mejor herramienta sigue siendo la vacuna
El especialista insiste con la vacunación anual como la herramienta de prevención más sólida. Tanto la influenza A como la B pueden provocar cuadros graves, así que el tipo de virus no descarta el riesgo individual. Y si aparecen señales como las que enumera Kotekal, la indicación es clara: no esperar a ver si pasa, porque el tiempo corre en contra.
María Ester todavía no fue a la guardia. Mientras acomoda los medicamentos en la mesada de la cocina, me dice que va a tomarse el cuadro en serio y que, si esta noche vuelve a quedarse sin aire, no va a dudar: va a llamar a la ambulancia. Es lo que uno espera que haga cualquier vecino que esté pasando por lo mismo.
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